
Hacía ya tiempo que teníamos ganas de tener una experiencia en una furgoneta camper, que particularmente siempre me han llamado la atención. Estos vehículos son furgonetas adaptadas en viviendas sencillas que tienen su punto fuerte en que puedes pasar la noche donde te apetezca, y el más negativo en la falta de baño por lo que hay que ir buscándose la vida. Así pues, elegimos la comarca alicantina de la Marina Alta para esta experiencia en un fin de semana de mayo (del 2015), alquilando el vehículo.
Itinerario: descrito en el mapa, en la zona norte de la provincia de Alicante recorriendo Dénia, Jávea, Moraira o Calpe, con calas escondidas como la Granadella o Moraig (donde pasamos las noches).
Transporte: furgoneta camper de alquiler de la empresa valenciana Vanyou, a 90 € al día (sumaban 180 € desde la tarde del viernes a la del domingo), con límite de 250 kilómetros diarios (si se alquila más tiempo desaparece esta restricción) pagando a 0,20 € el kilómetro de exceso. Fue el modelo Mohawk, una Volkswagen Transporter roja de 102 CV que tenía techo elevable (por lo tanto, dos camas), muebles, asientos giratorios, calefacción estática (no haría falta), un hornillo para cocinar y un depósito de agua con ducha exterior, en la propia página podréis ver toda la información y fotos de la furgoneta.
Alojamiento: como es lógico en la propia furgo 😊 .
Pues si queréis acompañarnos a Miriam y a mí en esta escapada sólo habrá que seguir leyendo, la zona lo vale 😉 .
DÍA 1- RECOGEMOS LA FURGO EN VALENCIA Y NOCHE EN CALA MORAIG
Salimos de Castellón por la tarde, presentándonos en el garaje de Vanyou en menos de una hora y conociendo a Paula y Chema, la simpática pareja que lleva el negocio. Para conocimiento general se puede dejar el coche en el propio garaje donde está la furgo, prestando especial atención a las explicaciones de cómo funcionaba todo que Paula nos fue dando, además nos dijo que tendríamos el honor de inaugurar un cuaderno personal de cada furgo, para que los viajeros cuenten lo que más les guste o lo que quieran. Con las ideas claras nos despedimos de ellos que amablemente se ofrecieron para que ante cualquier duda les llamáramos, tomando la AP-7 hasta la salida de Dénia y Jávea con la intención de llegar a la puesta de sol. Son unos 100 kms desde Valencia hasta la salida, recorriendo 25 kms más por carreteras más pequeñas hasta llegar al Cabo de La Nao, que está bien señalizado desde Jávea. La conducción de la furgoneta me pareció muy cómoda, de hecho, estaba como un niño pequeño el día de Reyes, llegando a tiempo de ver la puesta de sol a la espalda del mirador de La Nao.
Habíamos seleccionado dos calas como opciones para pasar la noche, siguiendo el consejo de Paula de que la de Moraig era más tranquila. Para llegar volvimos Jávea y salimos por la CV-747 y la CV-740 hasta Benitachell, desde donde hay un desvío a la cala, si bien para llegar no queda otra que cruzar un mar de urbanizaciones en el que es fácil perderse. Al final la encontramos aparcando justo a la entrada de un pequeño parking, era ya de noche y sólo había otra furgoneta y algo de gente que estaba en los dos bares de la cala, percatándome enseguida que había también un WC portátil. Cenamos allí y disfrutamos de la calma del lugar, teniendo problemas en convertir los asientos en cama, aunque al final no fue necesario llamar a Paula y David.
DÍA 2- DE CALA MORAIG A LA GRANADELLA PASANDO POR CALPE
Si hay una ventaja de la furgo que destaque sobre las demás, es la posibilidad de pasar la noche donde uno quiera, y despertarse a unos 10 metros de la orilla como mucho con el suave sonido del mar, mientras el sol empezaba a levantarse y los primeros rayos de sol se introducían en la furgo fue una buena opción, doy fe de ello. La foto os lo contará mejor, abrimos el portón trasero para que además entrara de lleno la brisa y no tuvimos prisa ninguna por desperezarnos, una experiencia tan agradable como recomendable.
Miriam se animó a bañarse, pero yo encontré el agua un poco fresca. Desayunamos allí y nos fuimos a dar un paseo a Moraira, una pequeña población costera que pertenece al municipio de Teulada y posee unas aguas totalmente transparentes que no tienen nada que envidiar a otras partes del mundo más famosas. Yo ya había estado por la zona y sabía que la carretera de Moraira a Calpe es pintoresca y merece la pena ir despacio, entre curvas, calas y vistas del peñón de Ifach, decidimos no parar hasta la vuelta y llegar lo más próximos posible del parque natural del peñón, es decir a un parking de tierra cercano al centro de visitantes.
Si por algo es conocido Calpe es por esta inmensa roca que sale del mar hasta alcanzar los 332 metros de altitud a la que se puede subir, cosa que teníamos en cuenta hasta que vimos que llevaba más tiempo del esperado y que nos dijeron que los senderos estaban sin señalizar por mantenimiento, en estas condiciones lo más sensato fue dejarlo para otra ocasión, conformándonos con las vistas de la ciudad y la costa hasta Moraira y el cabo de La Nao desde el mirador de Levante (ya dentro del parque natural).
Volvimos por donde vinimos parando a comer en cala Bassetes, donde había unas mesas a modo de merendero, comprobando la versatilidad de la furgo, ya que cocinamos de pie con el techo elevado, nos fuimos a comer a las mesas y nos echamos una siestecita después para relajarnos. La siguiente parada fue en cala L`Andragó, donde si nos pegamos un baño e incluso buceamos por la zona, aprovechando la buena tarde que hacía. De allí fuimos a un supermercado de Moraira para comprar algo de cena y a cala Granadella donde pasaríamos la noche, llegando por Benitachell, Jávea y dirección cabo de La Nao hasta cruzarse con la señalización de la cala que es mucho mejor que para Moraig. En esta cala había más gente, aparcamos y montamos el campamento, cenando y duchándonos allí mismo, pese a que había una señal de prohibido autocaravanas, pero claro estas furgonetas no llegan a esa categoría.
DÍA 3- ALUCINANDO CON LA CUEVA TALLADA
Esta vez no madrugamos debido a que las montañas que flanquean la cala nos taparon el amanecer, pero aunque no nos gustara tanto como el del día anterior seguía siendo diferente. La idea de la jornada era localizar la cueva Tallada, para lo que tras desayunar nos pusimos en marcha cruzando Jávea y buscando la carretera CV-7361 a Dénia, que deja el imponente macizo del Montgó, con sus más de 750 metros de altura, a la izquierda, las vistas son muy llamativas y aunque haya curvas merece la pena recorrerla, desviándonos en la salida a mano derecha a la zona de Les Rotes y siguiendo esa calle hasta que no hay salida. Aproximadamente desde La Granadella hasta los aparcamientos más cercanos a la cueva hay unos 25 kms.
Tuvimos que preguntar para localizar el sendero que lleva hasta la cueva Tallada, subiendo una calle asfaltada y tomando el camino a mano izquierda, al principio es ancho, pero al bajar por unas escaleras se estrecha e incluso hay algunos pasos un poco complicados en los que hay que ayudarse de cordones o cadenas, por lo que no es apto para personas con problemas físicos o movilidad reducida (si bien la buena noticia es que se puede llegar por mar en embarcaciones pequeñas como kayaks). Tardamos algo más de media hora, pero este paraje compensa por completo el esfuerzo, una preciosa gruta donde se puede disfrutar de varios tonos azules del agua según la luz que la enfoque, darse un buen baño o sentarse en alguno de los muchos rincones a recuperar fuerzas.
Había gente, pero no llegaba al agobio ni mucho menos, quizás en julio o agosto sea diferente, recorriendo la cueva tanto en su parte seca como en la que entra el agua (cubre hasta las rodillas más o menos) y saliendo al exterior a la zona donde es posible bañarse, sin duda un lugar para descubrir sin celeridad y simplemente permanecer presente. Decidimos regresar cuando nuestros estómagos se empezaron a quejar, intentando quedarnos a comer en el restaurante de Les Rotes sin éxito (estaba a tope), por lo que nos movimos hasta Dénia dando con “La Taberna del Port”, en el propio paseo frente a la terminal de ferries, y su excelente menú a 12 €.
Quedaba tiempo todavía para un breve paseo por el centro de Dénia, llegando hasta la puerta de su castillo, antes de volver a la furgo e ir acercándonos a Valencia por la N-332, pasando por poblaciones como Gandía o Cullera. Intentamos currarnos un buen comentario para estrenar el cuaderno de opiniones y tras repostar para dejar el depósito lleno, nos despedimos de Paula y Chema, que cordialmente nos esperaban ya en Valencia. Como comentario final quedamos encantados con esta nueva y singular experiencia, ciertamente no se si alguna vez tendré una furgoneta de este tipo, pero de lo contrario siempre podré alquilarla en webs como Vanyou ¡hasta otra!






















