
Localidad turolense declarada Monumento Nacional en 1961, Albarracín y su comarca lo tienen todo para una perfecta escapada de fin de semana, más si cabe si la distancia a recorrer desde nuestro lugar de residencia, Castellón, es sólo de 190 kms. Esta ciudad (ostenta dicho título desde el año 1300) de apenas algo más de 1000 habitantes está cargada de historia y muchos de sus bonitos monumentos así lo atestiguan, siendo durante la edad media y bajo dominio árabe primero, y cristiano después, cuando alcanzó su máximo esplendor. Si además sumamos un entorno natural con muchas posibilidades y digno de admiración, incluyendo el propio casco antiguo de Albarracín, que descansa sobre un promontorio abrazado por el río Guadalaviar, el éxito del viaje estaba ya casi garantizado.
Itinerario: Albarracín y excursión a la zona del nacimiento del río Tajo.
Transporte: en coche desde Castellón.
Alojamiento: habitación doble en el Hotel Mesón El Gallo, reservado en booking, a 45 € la noche, muy bien acondicionada, con baño, TV, nevera, calefacción, wifi, un pequeño balcón con vistas al centro histórico y una situación excelente, con un parking público y gratuito justo enfrente. Al precio sumamos los 3 € por persona que costaba el desayuno, pagando una factura final de 102 € por dos noches y cuatro desayunos, lo que tanto en mi opinión como en la de Miriam suponía una excelente relación calidad-precio y una elección acertada.
Comentar que el tiempo nos respetó y fue agradable (durante el mes de abril de 2017), pasando ya y sin más dilación a relataros este intenso fin de semana en tierras aragonesas, ¡sed bienvenidos!
DÍA 1- VIAJE Y PRIMEROS PASOS
Salimos de Castellón por la tarde hacia el sur por la CV-10 hasta enlazar con la autovía Mudéjar (A-23), que desde Sagunto se adentra en Aragón, desviándonos en Teruel por la N-234 primero y finalmente la carretera comarcal A-1512, que tras pasar por el pueblo de Gea de Albarracín llega a la capital de la comarca y el que era nuestro destino, Albarracín, recorriendo en total los 190 kms ya mencionados en lo que definiría como un trayecto cómodo y atractivo, con mucha variedad paisajística.
Acomodados en nuestro alojamiento pudimos obtener algo de información (el personal de recepción fue de lo más amable), quedándonos con la idea de realizar una visita guiada a la ciudad (hay dos operadores y el día 3 hablaré de ellos) y una excursión por los alrededores, que tras una pequeña deliberación nos llevó a elegir la ruta del Alto Tajo (para el día 2), haciendo constar que hay más posibilidades interesantes, como la ruta del Pinar de Ródeno y el Arte Rupestre Levantino o la que lleva al puerto de Orihuela del Tremedal, que seguro nos servirán de excusa para volver 😉 . Sin embargo, dada la excelente situación del hotel junto al casco antiguo si pudimos dar un paseo por las estrechas calles de la localidad al anochecer, cenando muy a gusto en la pizzería “El Portal” por 30 € los dos, y con la sensación de que retrocedíamos en el tiempo, pues todo está perfectamente conservado y se cuidan todos los detalles, como por ejemplo los carteles de los restaurantes y tiendas que deben mantener la estética general y de la época, generalmente de forja.
DÍA 2- RECORRIENDO LA RUTA DEL ALTO TAJO
Con el estómago calmado y las ideas claras salimos de Albarracín por el túnel de la A-1512 dirección a Torres de Albarracín y Tramacastilla, siempre con el río Guadalaviar a nuestra izquierda (unos 14 kms), tomando el desvío a Villar del Cobo en la segunda localidad. Saliendo de Tramacastilla paramos y paseamos por el paraje de la Fuente de El Panderón, cruzando de nuevo el río y disfrutando de la tranquilidad y el silencio de la zona. La carretera que lleva a Villar del Cobo (y cuya numeración no encontré en ningún lado) bordea el barranco hondo con una sucesión de curvas y buenas vistas y continúa hasta unirse a la TE-V-9032, girando a la izquierda hasta llegar a Guadalaviar (20 kms desde Tramacastilla). En este pueblo efectuamos nuestra segunda parada para caminar hasta el nacimiento del río Guadalaviar, dejando el coche en un desvío que hay saliendo del pueblo a la derecha (las indicaciones no abundan y hay que estar atento).
La marcha nos llevó por senderos despejados hasta que entramos en los pinares de una colina cercana, dando con el nacimiento del río casi por intuición y porque otra pareja lo andaba buscando, el lugar está delimitado con unas vallas de madera y si no fuera por ello sería difícil de encontrar. Apenas se observa una pequeña salida de agua de entre las rocas, pero resulta un lugar agradable, donde pudimos descansar y contemplar el paisaje sentados en una de las mesas de madera que hay. Este itinerario nos llevaría una hora aproximadamente, parando después a comer en el único bar que encontramos en el pueblo, sin verle nombre alguno, un menú por 11,50 € cada uno con el que acabamos satisfechos.
Continuamos la ruta subiendo al puerto del Portillo, que con sus 1.790 metros de altitud domina la zona y el paisaje, ofreciendo desde su mirador una panorámica despejada y sin apenas rastros de civilización salvo la propia carretera y alguna que otra torre de observación y vigilancia forestal, un lugar que nos gustó particularmente a los dos, la verdad. Bajando del mismo se llega al límite entre Aragón y Castilla-La Mancha que marca el río Tajo, cuyo nacimiento queda a varios kilómetros de distancia por la ctra. A-1704 (en total hay unos 16 desde Guadalaviar). El nacimiento del río Tajo era el punto fuerte de la excursión, si bien uno adivina la grandeza e importancia del lugar por las esculturas y monumentos que presiden el paraje, pues viendo el pequeño caudal de agua que surge de esta parte de la sierra de Albarracín sería complicado imaginar que es el más largo de la península ibérica 😀 .


Tras verlo todo con calma y sin prisas, continuamos de vuelta a Albarracín deteniéndonos nuevamente justo antes de llegar a la población de Frías de Albarracín (a cuyo término municipal pertenece el nacimiento del Tajo), para dar la vuelta a su peculiar sima, un curioso fenómeno natural que ha dado lugar a un agujero de casi 80 metros de diámetro por 60 de profundidad y que es impresionante, además el sendero que la rodea está vallado y no es difícil dar con fósiles por la zona, como podéis ver en una de las fotos. Todavía nos quedaba una muy interesante parada pasada la población de Calomarde, concretamente en la hermosa cascada Batida que forma el río Blanco, afluente del Guadalaviar. La zona tiene parking y mesas de merendero, estando señalizado y acondicionado el sendero de bajada a la cascada, que fue la guinda perfecta de la excursión, siguiendo un poco el cauce del río y llegando a meter los pies en sus frías aguas.
Hubo que hacer algunos kilómetros más por la A-1704 hasta llegar de nuevo a la A-1512 y cerrar la vuelta circular por el Alto Tajo turolense, aparcando en Albarracín después de unas 8-9 horas de excursión y un total de 85 kms (35 en el último tramo desde el nacimiento del Tajo hasta Albarracín). Con los deberes hechos y muy buenas sensaciones nos quedó tiempo para dar otro agradable paseo por la ciudad y cenar de tapas en el local “La Taberna”, en la plaza Mayor, antes de descansar en nuestra acogedora habitación.
DÍA 3- VISITA AL CASCO HISTÓRICO Y PASEO FLUVIAL
Tocaba por fin profundizar en la abundante y apasionante historia de Albarracín, eligiendo para ello una de las dos visitas guiadas que se ofrecen en los alojamientos, la de la Fundación Santa María de Albarracín, que según nos insistieron dedica la mayoría de sus ingresos al mantenimiento y mejora del patrimonio de la ciudad, además sólo nos costó 3 € por cabeza, con un pequeño descuento por el alojamiento, disponible también para el otro operador. El precio normal sin descuento es de 3,50 €, siendo la otra compañía El Andador, bastante similar por lo que pudimos leer.
Para ello nos presentamos en su centro de información junto al Palacio Episcopal y la Catedral, visionando un vídeo introductorio de la historia y acontecimientos principales de Albarracín, que era un buen punto de partida para ir entendiendo las animadas charlas de nuestro guía. Con un grupo cuantioso, pero no agobiante, recorrimos los principales puntos de la ciudad durante hora y media aproximadamente, con numerosas explicaciones del uso de los edificios durante las épocas sucesivas, la arquitectura local, los personajes que dieron forma a su historia…realmente interesante, a lo que ayudó en gran medida el énfasis y entusiasmo de nuestro guía. Y de esta guisa fuimos pasando y observando puntos de interés como el Portal del Agua (una de las varias que cruza la muralla), la plaza Mayor, la Iglesia de Santiago, la casa de la Comunidad, la de la familia noble de los Navarro de Arzuriaga -que rompe con su llamativo tono azul el conjunto arquitectónico-, o construcciones imposibles para aprovechar al máximo el espacio, como la conocida casa de la Julianeta, en el Portal de Molina, y callejuelas estrechas donde los balcones y los cuerpos de las casas se amplían y casi se tocan, como la del Postigo.
Pero la estrella de esta visita es la Catedral, que la propia Fundación está restaurando y en la que recientemente han descubierto nuevos murales y pinturas debajo de las capas de yeso, por lo tanto, de mayor antigüedad. Es una visita exclusiva de la Fundación y fue muy gratificante, pasando por todos los rincones visibles y los no tanto de este notable edificio. Sin duda un recorrido completo y recomendable, existiendo la posibilidad si se dispone de más tiempo de visitar más cosas como alguno de los museos (Diocesano y de Albarracín), el castillo -hasta cuyos restos llegamos paseando los días anteriores sin llegar a entrar- o las murallas en su parte superior con la torre del Andador. Nosotros ya teníamos claro que después de comer -y muy bien en el mesón “El Gallo” junto al propio hotel- seguiríamos la recomendación del personal de recepción de recorrer el paseo fluvial a la vera del Guadalaviar que rodea todo el promontorio donde se asienta buena parte del centro de la ciudad.
Previo descanso a la sombra del parque municipal contiguo al parking nos pusimos en marcha, atravesando por un puente al lado opuesto y siguiendo la vereda hasta cruzar por otra pasarela que ofrece una preciosa foto, con las aguas transparentes del río por un lado y las rocas que sustentan a Albarracín por otro. El paseo continúa por una plataforma elevada junto a las mencionadas rocas, todo muy pintoresco y agradable, bajando las escaleras que ya sí pone a la vereda al nivel del río, volviendo a entrar en la población por el Portal del Agua. En total es algo más de un kilómetro de distancia que se hace cómodamente, generalmente a la sombra y que ambos creemos que merece la pena 😀 .


Tras dar unas vueltas más por las callejuelas albarracinenses y tomar algo pusimos rumbo a Castellón, parando en el trayecto, 5 kms después de salir, a la altura de una de las partes donde queda al descubierto el antiguo acueducto romano que unía las localidades de Cella, Gea y Albarracín, conocida como la Galería de los Espejos, donde se puede observar y palpar como la misma fue excavada a mano con picos. Aquí poníamos punto y final a este atractivo y bien aprovechado fin de semana, del que volvíamos encantados y con la idea de repetirlo en alguna ocasión para descubrir más de esta bella comarca, espero que os sirva de inspiración y os animéis pues no os decepcionará, ¡hasta la próxima! 🙂




















