
DÍA 16- 15/09/11 PASAMOS A ESLOVENIA LLEGANDO A LA IMPRONUNCIABLE LJUBLJANA
Salimos de Zagreb cogiendo la A-3, que rodea la ciudad por el sur y continuamos hasta la frontera con Eslovenia, pagando justo antes un peaje de 5 HRK=0,66 €. Hasta Ljubljana teníamos unos 130 km desde Zagreb. En Eslovenia la autopista se llama A-2 y hay que comprar una pegatina que se pone en la ventana para pasar los peajes, que son automáticos, y se pueden adquirir en cualquier gasolinera o estación de servicio. Nada más entrar hay una, y allí lo compramos por 15 € (Eslovenia está en el euro) válido para una semana (no había para menos, pero sí para un mes o un año).
Antes de darnos cuenta y tras ir pasando por un terreno muy verde y varios pueblos llegamos a Ljubljana, capital de Eslovenia, ciudad de 270.000 habitantes y que tiene su origen en un campamento militar romano situado entre dos colinas, una de las cuales alberga hoy en día el castillo. Para llegar al hostal, en la calle IV, nº 34 del barrio Rozna Dolina, mejor llevar GPS o plano, o en su defecto, como nosotros, “currarse” un esquema viendo el google earth y preguntar si es necesario. Lo cierto es que llegamos bien al Hostel Print, que fue una antigua imprenta, con unas instalaciones que están bastante bien, cómodas, limpias, una amplia habitación, baño compartido muy limpio, algunas plazas de parking, cocina común bien equipada e internet, todo por 38 € la habitación doble desde hostelbookers.




Después de acomodarnos y que en la recepción nos informaran de todo y dieran un plano, nos vamos al centro andando, unos 20 minutos, atravesando el parque Tívoli y paseando por el pequeño centro, que está recogido entre dos colinas. La ciudad está impecable y se respira un aire de tranquilidad más propio de una ciudad escandinava que del sur de Europa. En el centro destacan los puentes sobre el río Ljubljanica, como el de los Dragones, el Cobbler o el puente triple, la iglesia franciscana, la plaza del congreso, la universidad, la iglesia de San Juan y por supuesto, el castillo. Todo cerca para ir a pie.
Comimos sencillo, vimos los puestos que estaban junto al puente triple y subimos al castillo pagando 4 € cada uno (6 € si se quiere utilizar el funicular), disfrutando de las vistas de la ciudad, y visitando una interesante exposición que cuenta la historia de la ciudad y del país, con un apartado especial para “la guerra de los diez días” tras la cual Eslovenia se independizó en 1991. De camino al hostal visitamos los restos de la muralla romana. Nos llevamos una grata impresión de la ciudad, de lo cuidada y limpia que está y de la tranquilidad que se respira.
DÍA 17- 16/09/11 ACABAMOS NUESTRO VIAJE EN POSTOGNA
Para acabar este intenso viaje (salíamos para Valencia desde Trieste a las 21 h) teníamos la mañana y un poco de tarde para visitar dos de las principales atracciones del país, el castillo de Predjama y las cuevas de Postogna. Para ello hay que tomar la A-1 hasta Postogna (45 km) y salir en dicho pueblo. Justo al pasarlo está el parking de las cuevas, y de ahí al castillo 8 km, nosotros fuimos primero al castillo, donde compramos una entrada conjunta para las dos cosas por 27,90 € yo, y 22,30 € Charo con un carnet de estudiante (a tener en cuenta esto para los descuentos).
El castillo, metido dentro de una cavidad a 120 m de altura es una pasada. Construido en 1570, tuvo que ser restaurado en 1990 fortaleciendo los cimientos. Justo a sus pies hay una pista de “torneos de caballeros”, y es que con este escenario uno se imagina ya a los caballeros con las lanzas, recreación que se hace alguna vez. El castillo tiene tres plantas y una hora larga se puede echar paseando por sus salas. De ahí fuimos a las cuevas, que son de origen kárstico y miden al menos 20 km, de las más grandes de Europa. Dentro la temperatura es de 8º C, importante tenerlo en cuenta. Uno se hace una idea de su magnitud cuando coge el tren que lleva a la sala principal y recorre túneles durante cinco minutos.



En dicha sala nos unimos al grupo de italiano (que es el que menos gente tenía) en vez de al de inglés (español no hay) y más o menos entendimos lo que iba contando. Las dimensiones de la cueva, estalactitas y estalagmitas son dignas de admirar. Incluso se puede ver una especie única de pez ciego (proteas) que vive en la cueva. Hacer constar que no dejan hacer fotos, así que os ponemos una que hicimos a un cartel. Después de la visita paseamos por los puestos que hay y comimos unos bocatas.
Ya tocaba poner rumbo a Trieste (otros 65 km desde Postogna) por la A-1, luego A-3 a Trieste, cruzar el paso fronterizo y buscar las indicaciones del aeropuerto (A-4) o Monfalcone, que es el pueblo que está al lado. Llegamos con tiempo de sobra, pero teníamos que devolver el coche, y no lo he contado antes, pero sacamos el seguro básico y el segundo día “rozamos” una columna de un parking en Zadar, así que tocaba pagar, fue fallo mío y es lo que había. Nota para la próxima: ver y pensar la opción del seguro completo. Con todo y pese al contratiempo volvíamos a Valencia con Ryanair maravillados por esta región a la que nos gustaría volver algún día y recomendándolo sin dudar.





