CRO-2, SPLIT E ISLA DE BRAC

DÍA 5- 04/09/11 A SPLIT CON VISITAS A PRIMOSTEN Y TROGIR

Vista general de Primosten

Salimos de Sibenik por la ctra. 8, que recorre toda la costa hasta Dubrovnik, rumbo a Split (unos 80 kms) con la intención de ir despacio y parando en cualquier lugar, además atravesaríamos Primosten y Trogir como puntos destacados. Después de 25 km llegamos al primer punto del día, Primosten, pequeña población que se asienta sobre un saliente unido a tierra, rodeado de playas por sus dos lados. Al cruzar el pueblo hay varios parkings que oscilan entre 7-10 HRK=0,93-1,33 € la hora según su cercanía al centro histórico. Encontrar un aparcamiento fuera del parking no es fácil, al final nos quedamos en uno de 7 la hora. De cualquier forma, el pueblo se ve en un santiamén y el acceso al centro está plagado de puestos con todo tipo de cosas. Hacer constar que las mejores fotos del pueblo (como vista general) se consiguen al salir por la ctra. 8 hacia Split, en unos claros que hay para parar.

Mercado en Trogir

En un par de horas estábamos en marcha con buen tiempo como de costumbre. Paramos en una playa (de piedras, claro) cercana al pueblo de Marina, más o menos a mitad de camino, donde nadamos un rato y comimos lo comprado en Primosten. Continuamos hasta Trogir, población de 11.000 habitantes y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997, que bien merece una visita. El centro histórico, amurallado, está en una isla de 1 km² unida con dos puentes, al continente por un lado y a la isla de Ciovo por el otro. En ese centro hay todo tipo de palacios, torres, iglesias y de diferentes estilos, gótico, renacentista o barroco que reflejan la historia de cambios de la ciudad. Además, encontraréis un mercadillo y tiendas varias. Nosotros aparcamos en la zona residencial (a la izquierda de la ctra. 8) para no pagar parking, y después a pasear por el centro con un helado y disfrutar de las vistas.

Desde aquí teníamos unos 30 km hasta Split, que recorrimos por carreteras pegadas a la costa para ver la zona de Kastela, pequeñas villas con un castillo cada una (son 7) aunque pequeños, pues a veces no se ven claramente. Paramos en una playa, ya por la tarde, donde nadamos con la vista de Split al fondo.

Split desde la playa de Kastela

Ya sólo quedaba entrar en Split y encontrar el “sobe” que habíamos reservado para dos noches en hostelbookers, llamado apartments Nina, por 351 HRK=47 € la noche los dos, eso sí, uno de los mejores sitios donde estuvimos, con parking, wifi, cocina y baño propio, muy amplio y recomendable. El sitio tiene dos apartamentos junto al de los propietarios y está a 20 minutos andando del centro de Split, para encontrarlo abandonamos la ctra. 8 en la salida al puerto, y la calle es la paralela a esta hacia el norte, llamada Matice Hrvatske, nº56. Mejor llevar mapa o GPS, no como nosotros, que dimos unas vueltecillas antes de dar con la dirección. Para acabar este día intenso hicimos la compra en un supermercado próximo y probamos la cocina para cenar en “casa”, después de que los anfitriones nos diesen un plano y explicaran cómo llegar a los mejores sitios.


DÍA 6- 05/09/11 SPLIT EN UN DÍA

Una de las puertas al palacio

Pasamos la mañana en el apartamento esperando a que la intensa lluvia cesara y aprovechando para buscar en internet los alojamientos de los próximos días hasta Dubrovnik. La tormenta pasó y a las 12 salimos hacia el centro de la ciudad, tardando 20 minutos en llegar y el sol apareció de nuevo.

Split (Spalato en italiano) es la segunda ciudad más grande de Croacia tras la capital con 220.000 habitantes, está encajada en una península rodeada de montañas. De su pasado destaca su época romana y los legados que han quedado, como el espectacular palacio de Diocleciano (Patrimonio de la Humanidad), que rodea todo el centro (en un espacio de hasta 215×180 m en su zona más amplia), con palacios, como el de Júpiter, la catedral, ruinas de columnas y un sinfín de pintorescas callejuelas por las que da gusto pasear y perderse.

Centro histórico
Junto al puerto

Nosotros entramos al recinto por la puerta de Oro (la norte), tras frotar el dedo gordo del pie de la estatua del obispo croata Gregorio de Nin, que reluce ya que se dice que si se hace se volverá a Split. Luego vueltas y más vueltas por los callejones, llenos de tiendas, puestos, restaurantes, de todo (y muchas, muchas zapaterías) y disfrutar de un gran ambiente entre ruinas romanas. Entramos a visitar la catedral de San Dominius, de forma octogonal, por 10 HRK=1,33 €. Para comer compramos unos bocadillos y unas bebidas en el paseo marítimo, que está nada más salir del palacio por la puerta sur (la de Bronce). Por la tarde descansamos en lugares con sombra del palacio, vimos los puestos de recuerdos de los sótanos de la puerta sur y escuchamos canciones de “kapla” en directo, grupos masculinos que cantan canciones tradicionales, que suenan bien.

Lateral este del palacio
Puesta de sol en el puerto

Paseamos por las calles que hay fuera del palacio al oeste, que están muy animadas, y nos fuimos al sur hasta la playa de Bacvice, una de las pocas de arena, donde los locales juegan al “picigin”, un deporte suyo que consiste en pasarse una pelota con la mano estando con el agua hasta las rodillas. Regresamos al centro por la estación de tren y el puerto, uno de los más importantes del adriático y punto de partida para visitar las famosas islas dálmatas. En el puerto disfrutamos de la puesta de sol, esperando a que anocheciera para volver a pasear por el palacio iluminado y ver un poco el ambiente nocturno. Split nos dejó una muy grata impresión. Por último, comentar que aunque no llegamos a ir, se puede subir al monte Marjan (de 120 m de altura) para obtener una vista general de la ciudad. Según el plano está a unos 20 minutos andando al oeste del palacio de Diocleciano.


DÍA 7- 06/09/11 Y AL FINAL GANÓ LA ISLA DE BRAC

Hacia la isla de Brac

Dado que hay muchas islas, la mañana anterior, mientras llovía, teníamos que decidir que visitar al día siguiente, quedando como finalistas las dos islas más grandes y famosas, Hvar y Brac. Nos decantamos por la segunda, menos turística que Hvar pero que cuenta a su vez con la playa más conocida, Zlatni rat. El alojamiento lo reservamos en Makarska, en el continente, por lo que la idea era visitar la isla en un día, entrando por el norte, en Supetar, y cogiendo el ferry de Sumartin (al este) a Makarska.

Antes de nada, contar que salimos temprano de Split, cruzamos uno de los típicos barrios de la era yugoslava (los hay en todas las ciudades) con sus característicos edificios iguales tanto prácticos como feos y repostamos a 7,85 HRK=1,05 € el litro de gasolina. A las 08:40 estábamos en la terminal de Jadrolinija para coger el ferry a Supetar que salía a las 9, nos costó 226 HRK=30,20 € por dos personas y el coche. El trayecto duró unos 45 minutos, y la travesía fue agradable, pudiendo ver Split desde el mar.

Pueblo de camino a Milna

La isla de Brac apenas alcanza los 14.000 habitantes en total, aunque en verano aumenta notablemente, y además de por la playa de Zlatni Rat destaca por su piedra blanca, con la que se construyó el palacio de Diocleciano en Split. La isla es escarpada, por lo que la vida en ella no es sencilla, de hecho, por el camino se ven multitud de montoncitos de piedra que los lugareños hacen para tener algo de terreno donde cultivar.

Desembarcamos en Supetar y rodeamos el pueblo por la ctra. 113 y nada más salir tomamos el desvío a Sutivan por la ctra. 6159. Nuestro destino era Milna, un pueblo ubicado en un puerto natural a modo de ría, para tomar un baño por la zona, y fue todo un acierto, pues poca gente se acerca hasta aquí. Para llegar hay que continuar por la 6159 hasta Lozisca y tomar el desvío a Milna pasando por Bobovisca. Todos estos pueblecillos son bonitos y el camino en general. Rodeamos todo el puerto de Milna a paso de tortuga hasta encontrar una “playa”, plataforma más bien, donde poder estar para tomar el sol y tirarnos al agua. Pasamos allí la mañana prácticamente solos, disfrutando del lugar y del tranquilo y cristalino Adriático. Con lo bien que estábamos se nos hizo un poco tarde y nos fuimos a Bol, al sur de la isla, para comer algo allí. Para ello regresamos a Lozisca y cogemos la 114 que pasa por Dracevica antes de unirse a la ctra. 113 casi en el centro de la isla. Se continúa por ahí hasta el desvío a Bol, que resultó ser una carretera que bordea el contorno sur de la isla, muy escarpado (al igual que el centro) y con vistas impresionantes tanto de Bol y Zlatni Rat como de la isla vecina de Hvar.

Llegamos a Bol justo para comer, y lo hicimos en un sitio económico, aunque hay restaurantes de sobra por la zona. Justo después no pudimos resistirnos a bañarnos en las calas que hay junto al embarcadero, y a visitar la playa de Zlatni Rat, que es un saliente con playa de guijarros a ambos lados, donde suele soplar el viento y llenarse de windsurfistas. Posiblemente la más famosa de la costa croata. Hay un parking que cuesta 30 HRK=4 € para todo el día. Paseamos sin bañarnos, aquí sí que había más gente y decidimos poner rumbo a Sumartin, volviendo a la ctra. 113 y siguiéndola hasta el mismo puerto.

Ferry a Makarska

El último ferry a Makarska salía a las 18:30, por lo que estuvimos puntuales, compramos los billetes por 226 HRK=30,20 € (igual que Split-Supetar) y embarcamos en un barco más pequeñito y con sólo una rampa (hay que entrar marcha atrás). En la isla recorrimos unos 80 km entre idas y vueltas. El trayecto a Makarska, al atardecer, con la puesta de sol sobre la isla y las montañas del Biokovo (detrás de Makarska) al otro, espectacular. Antes de buscar el “sobe” nos dimos una vuelta por el paseo de Brela, 14 km al norte de Makarska por la ctra. 8, muy animado, y ya al alojamiento, que si se entra a Makarska viniendo de Split es fácil de encontrar, en las primeras calles que hay a la izquierda (calle Splitska, 65).

Paseo marítimo de Brela

Reservamos a través de hostelbookers por 216 HRK=28,80 € los dos en los “sobe” Radalj. El sitio tiene parking de sobra, wifi, una cocina muy básica, baño propio y buenas vistas a la montaña. El baño muy básico también y le faltaba algo de limpieza al apartamento, aunque aceptable. La propietaria le ponía muchas ganas, pero era muy despistada, tuvo que venir hasta cuatro veces para acabar de darnos la información y tuvimos que molestar a unos vecinos para encontrar el lugar y a ella (amablemente la llamaron por teléfono). En resumen, podríamos decir que en un día se puede ver la isla, dependiendo, lógicamente, del interés de cada uno, días y demás, desde luego carteles de “sobe” no faltan en las poblaciones principales de la isla para quien desee hacer noche.


DÍA 8- 07/09/11 PLAYAS DE MAKARSKA Y TRASLADO A DUBROVNIK

Vista desde la habitación
Playa de Makarska

Nos levantamos sin prisas, desayunamos y a la playa. Para ello sólo tuvimos que bajar 1 km hasta ella, y buscar un sitio donde dejar el coche entre los pinos. Las calas de la rivera de Makarska son de piedra redonda, como casi todas, pero se está bien en ellas, hay diferentes atracciones acuáticas y están animadas. El agua transparente y la presencia de la cordillera del Biokovo a menos de dos km de la playa hacen que el marco sea de postal. Y entre baños y sol pasó la mañana. La ciudad de Makarska no es grande, pero tiene de todo, nosotros paramos en un supermercado a avituallarnos y comenzamos el traslado a Dubrovnik, con unos 150 km de ctra. 8 por delante.

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