
DÍA 1- 31/08/11 VUELO A TRIESTE Y POR CARRETERA A RIJEKA
Para este viaje salimos del aeropuerto de Manises (Valencia) con rumbo a Trieste (Italia). El vuelo de Ryanair (115 € los dos y con una maleta facturada) duró un poquito más de dos horas llegando a las 21:30, algo tarde teniendo en cuenta que teníamos unos 90 km hasta Rijeka. Recogimos en Hertz el que sería nuestro coche para los próximos 17 días, un Lancia Ypsilon, reservado en la web por 316 € con seguro básico, incluido Croacia, aunque no para Bosnia ni Montenegro, como nos daríamos cuenta después.
Salimos tan pronto como pudimos dirección Trieste (el aeropuerto queda 30 kms al oeste, en Monfalcone) por la carretera costera, después buscamos las indicaciones de Eslovenia y Croacia y entramos al primero por Kozina, desde ahí 25 km por la ctra. 7 eslovena hasta la frontera con Croacia, donde nos sellan el pasaporte, requisito necesario hasta la futura entrada de Croacia en la UE, llegando a Rijeka por la ctra. 8 croata a medianoche. Estacionamos en el puerto de dicha ciudad, supuestamente cerca de la plaza (trg. En croata) Zabica, nº5 donde se encuentra el Aston hostel. Tras preguntar en inglés a unos policías y buscar damos con él, cuyo acceso está escondido en uno de los lados de la plaza, la verdad es que el sitio es justito, tipo alberge con baño y habitaciones comunes, pero más que suficiente para una noche. Una de las simpáticas propietarias nos abrió la verja y pudimos ya descansar. El alojamiento lo reservamos en hostelword y nos costó 31 € los dos (pagamos en euros).
DÍA 2- 01/09/11 DESDE RIJEKA HASTA ZADAR POR LA ISLA DE PAG
Tras levantarnos temprano y salir para ver un poco la zona de día, desayunamos y cambiamos algo de dinero en una casa de cambio a 1 €=7,35 Kunas croatas (KN ó HRK). Nos separaban de Zadar unos 240 km, uno de los días que más distancia recorreríamos, pero sin prisas, desde luego. El día era espectacular y las vistas desde la ctra. 8, pegada a la costa, más si cabe. La verdad es que apetecía meterse en el agua en cada rincón. Recorrimos el camino con tranquilidad y parando varias veces. Atravesamos diferentes pueblos hasta Prizna, donde cruzábamos a la isla de Pag en el ferry de Jadrolinija (la web se puede ver en inglés), compañía de la que dependen casi todas las comunicaciones marítimas croatas, que con tantas islas son de vital importancia. Nos costó 108 HRK=14,50 € (coche más dos personas), y en pocos minutos desembarcamos en Zigljen (Pag).
El paisaje cambia radicalmente en esta isla, pues apenas tiene vegetación y todo es piedra y más piedra. Tiene forma alargada y al sur está comunicada con un puente, por lo que no es necesario coger otro barco. La carretera que la cruza es la 106. Al norte pasamos Novalja, que se está haciendo famosa por las fiestas de sus playas, tipo Ibiza. No estuvimos para comprobarlo y seguimos camino hasta Pag, donde comimos por menos de 134 HRK=18 € en el “Bistro Na Tale”, una típica “konoba” croata (restaurantes familiares), lugar que aparece en la guía y donde pudimos probar el famoso queso de Pag, que es fuertecillo. Caminamos por el pueblo para bajar la comida y con un sol de justicia. Desde luego el pueblo es entrañable y bonito, a la vez que tranquilo y pequeño.
Después pusimos rumbo a Kozino, un tranquilo pueblo situado 6 km al norte de Zadar, donde se encontraba nuestro alojamiento. Salimos de la isla por la ctra. 106, desde donde salen caminos secundarios a Zadar (otra opción es seguir hasta cruzarse con la ctra. 8 de la costa). Tras dar varias vueltas (puede ser fácil perderse por estos suburbios) por Kozino encontramos una oficina de turismo, donde nos dan una fotocopia de un mapa hecho a mano, con el que encontramos el Dolac Guesthouse en la calle Eni Belic, nº3.
Teníamos el alojamiento reservado en hostelworld por 209 HRK=28 € los dos. Es una casa grande, cuyos propietarios, muy amables, nos contaron todo sobre la zona y enseñaron nuestra amplia habitación, con baño y cocina propios, por lo que estaba bien, además está en un entorno muy tranquilo y cerca de la costa. Tiene parking y wifi, que no iba muy bien la verdad. Todavía nos quedaba tiempo para ir a ver la puesta de sol a Zadar y visitarlo.
La ciudad de Zadar no es de las más visitadas de la costa croata, pero merece la pena hacerlo. Tiene unos 85.000 habitantes y un pasado agitado, como todo el país, fue romana, veneciana, húngara, austriaca… entre otros. Por desgracia también fue bombardeada y dañada en la II Guerra Mundial y en la de Yugoslavia. Su casco histórico está muy recogido en una pequeña península, es fácil encontrarlo y para aparcar, mejor en los alrededores, donde hay multitud de parkings a una media de 7 HRK=0,93 € la hora. Pasear por el centro es agradable, destacan los restos romanos junto a la iglesia de San Donato, la catedral y dos obras modernas, el saludo al sol (un panel solar que al atardecer se ilumina y va cambiando de color) y el órgano del mar (unos orificios en el muelle que al entrar las olas emiten diferentes sonidos). Ver la puesta de sol desde aquí es una buena opción, pues están situados en un extremo de la península que da al mar y la panorámica es de foto. Tras el atardecer el saludo al sol empieza a iluminarse al igual que los demás monumentos, nosotros paseamos tranquilamente por la zona y cenamos en una hamburguesería antes de regresar a “casa” después de un largo día.
DÍA 3- 02/09/11 PLAYA Y A SIBENIK PASANDO POR LA ISLA DE MURTER
Por la mañana dimos nuestras primeras brazadas en el Adriático en un rincón de playa urbana en Diklo, otro suburbio pegado a Zadar, que nos gustó. El agua es transparente como en pocos sitios y en calma, por lo que invita al baño.
Para aprovisionarnos fuimos al supermercado “Konzum”, que es uno de los más importantes de Croacia y tiene una sección de comidas preparadas que está bastante bien, y ya retomamos la ctra. 8 dirección Sibenik, de la que nos separaban 70 km. En el trayecto nos desviamos por la ctra. 59 a la isla de Murter, pequeña y tranquila, que está unida con un puente, paramos varias veces e incluso tomamos otro baño y una siesta en la animada playa urbana de Betina, haríamos unos 25 km extra por la isla antes de volver a la ctra. 8.
Llegamos pronto a Sibenik, donde teníamos dos noches en el Hostal Indigo, lugar que encontramos en hostelworld a 232 HRK=31 € la noche los dos. Las habitaciones son para cuatro personas (dos literas) y baño común en el piso de arriba, está en la calle Jurja Barakovica, nº3, en pleno centro histórico de Sibenik, entre callejuelas de poco más de dos metros de ancho. No tiene parking pero sí wifi y está bastante limpio, aparte tiene buenas vistas desde la azotea y una mini-nevera en recepción a disposición de los clientes. El personal de recepción es muy amable y dispuesto a ayudar.
Nos acomodamos y salimos a pasear por el puerto y el centro de Sibenik, muy cuidado y con varios edificios de interés como la catedral de Santiago, cenamos de nuestra despensa, volviendo al hostal a descansar tras hablar un poco con las dos belgas que teníamos como compañeras de habitación.
DÍA 4- 03/09/11 EXPLORANDO EL PARQUE NACIONAL DE KRKA
Hoy tocaba un día fuerte y una visita a un parque menos conocido que Plitvice (del que hablaré después) pero imprescindible. Las opciones para visitarlo son múltiples, con varios accesos y diferentes zonas, pues hablamos de una extensión importante (109 km²) siguiendo el curso del río Krka, con una variada fauna y flora y especialmente interesante por la cantidad de cascadas y saltos de agua que hay. Nuestra opción fue ir a Skradin, para coger el barco (incluido en la entrada i/v) hasta las cascadas de Skradinski Buk, donde el baño está permitido.




Para ello salimos de Sibenik por la 8 hacia el norte (dirección Zadar) para coger el desvío de la ctra. 33, cruzar la autopista por debajo y tomar dirección Skradin en el cruce con la ctra. 56, en total unos 20 km. En Skradin veréis varios parkings, nosotros nos metimos en uno de un restaurante, el “Visovac”, que era gratuito, pero te hacían “prometer” que a la vuelta te tomarías algo. En la oficina del parque pagamos la entrada general de 95 HRK=12,70 € con barco incluido hasta las cascadas. Si accedéis por Lozovac (está antes de Skradin en la ctra. 56) cuesta igual con un autobús i/v hasta las cascadas. Yo recomendaría Skradin por el trayecto en barco por el río, que es muy agradable. El resto de los accesos y las excursiones a Visovac (una isla con un monasterio), Roski Slap (cascadas) o Burnum (ruinas de un campamento militar romano) están más alejados y son más caras, a nosotros nos valía con Skradinski Buk, con el incentivo que sólo aquí permiten el baño. Si os interesa lo demás aquí tenéis el enlace de la página oficial en inglés (P.N. Krka).
Después del viaje en barco, que tienen unos horarios determinados y expuestos en Skradin, llegamos a las cascadas, que son simplemente espectaculares. Lo de nadar delante de semejante escenario es difícil de superar, dan ganas de no moverse de allí en días. Había menos gente de la que esperábamos (era domingo) y se podía nadar sin problemas. Comimos allí mismo de picnic con nuestras provisiones, aunque hay un par de sitios para comprar cosas, pero son caros. Luego tocaba una larga y bonita caminata de hora y media rodeando toda la cascada principal por un camino señalizado, atravesando pasarelas de madera sobre el agua y con unas vistas maravillosas, además se ven los restos de una planta hidroeléctrica de 1895 y un molino de agua. Cuando acabamos tuvimos tiempo de irnos otra vez al agua, antes de coger el barco de regreso a Skradin a las 17:30.
Ya de vuelta nos tomamos unos refrescos en el “Visovac” como prometimos y llegamos a Sibenik con tiempo de asearnos en el hostal y dar una vuelta por el animado puerto, que además estaba de celebración local, con puestos y música tradicional en directo, cenando en una pizzería económica del paseo.













