NZ-7, MT. COOK Y CHRISTCHURCH

DÍA 21- AORAKI/MT. COOK NATIONAL PARK

Nieblas crepusculares

Antes del amanecer ya estaba en ruta, lo que supuso un punto de vista desconocido hasta el momento, con carreteras muy poco transitadas y nieblas que obligaban a circular con precaución y le daban, sobre todo con las luces crepusculares, un toque mágico e incluso fantasmagórico, dando la sensación de que al cruzar algún banco aislado uno saldría en el pasado o algo similar 😀 . Como siempre fui parando en las zonas que más me gustaron, realizando alguna foto y en general yendo tranquilo, mientras avanzaba por la carretera 8 cruzando las poblaciones de Alexandra, Cromwell y Omarama, así como los parajes del lago Dunstan y el desfiladero de Lindis.

El Monte Cook dominando la imagen

El paisaje era diferente al de la costa oeste, predominando las colinas con poca vegetación, los campos irrigados y las montañas más altas como fondo de imagen. Casi sin darme cuenta y habiendo recorrido 215 kms de los 370 que constaba la etapa, incluyendo ida y vuelta a Mt. Cook Village, llegué al centro de información del lago Pukaki -justo al pasar el desvío de la carretera 80-, cuyas vistas a los Alpes neozelandeses y al propio Monte Cook fueron espectaculares gracias a que la niebla se esfumó por completo.

De allí regresé a la ctra. 80 que transita bordeando todo el largo del lago y el valle del río Tasman hasta Mount Cook Village, un asentamiento ideal como base para explorar la zona y que cuenta con alojamientos y oficina de información. Sin duda este recorrido, de 55 kms desde Pukaki, fue de los más llamativos y atractivos que pude realizar en este viaje como queda patente en las imágenes. De entre las múltiples opciones de rutas de todas las duraciones posibles, la oficina del parque me recomendó el Lake Hooker Walk, un recorrido de unas 3 horas ida y vuelta al mencionado lago, en el que desembocan los hielos de los glaciares y que se sitúa “enfrente” de la montaña más alta de N. Zelanda con 3.724 metros.

Como llevaba comida, la prisa brillaba por su ausencia (tardé más de 4 horas al final), aparcando en el parking de la ruta, un poco más alto que el pueblo, y pasando, en este orden y ya a pie, por el memorial alpino, dos puentes colgantes sobre el caudaloso río Tasman, el lago Mueller y los senderos que discurrían por el valle Hooker hasta llegar en última instancia al lago que le da nombre. La suerte me acompañó y el tiempo era espléndido, lo que sumado al paisaje en sí hizo del día una experiencia magnífica en todos los sentidos, me quedo sin palabras para describirlo… 🙂 .

Preciosa imagen durante el regreso del Lake Hooker Walk

Comí sentado en una roca de la orilla del lago Hooker, con los bloques de hielo en las inmediaciones y el pico del monte Cook al frente, sin duda un marco difícil de superar. Durante el camino de vuelta y al igual que a la ida fui saludando a la gente que me encontraba -entre ellos un par de compatriotas-, sin que estuviera muy frecuentado el itinerario, haciendo más paradas en los miradores y allá donde me apeteció, circunstancia que repetí en el trayecto en coche por la carretera 80 hacia Pukaki (otros 55 kms).

La última parte de la etapa constaba de 45 kms desde la incorporación a la carretera 8 hasta Lake Tekapo, villa en la que buscaría alojamiento, pero no sin antes visitar el observatorio del Monte John, cuya salida (4 kms hasta la parte alta), se ubica antes de la entrada al pueblo y está convenientemente señalizada. La verdad es que llegué justo a tiempo, pues según un cartel la carretera de subida al observatorio cierra a las 18 horas (me quedaban 45 minutos), admirando las magníficas vistas que ofrece la cima junto a los telescopios hacia el propio lago Tekapo y el Alexandrina por un lado, y al paraje conocido como “McKenzie country” por el otro, un sitio recomendable al que se puede llegar andando desde el pueblo en varias horas y que cuenta con una cafetería que ya estaba cerrando.

Orilla del impoluto Lake Tekapo

Ya en Lake Tekapo aposté primero por el YHA Lake Tekapo (estaba completo), un segundo intento en el Lakefront Backpackers (no me convenció) y a la tercera fue la vencida con el Lake Tekapo Scenic Resort, un alojamiento genial bien situado en el pueblo y a 5 minutos andando de la orilla del lago, con sus correspondientes zonas comunes bien cuidadas y limpias (comedor, cocina, baño, sala TV), habitación de 6 y wifi gratis por 25 NZD=15,97 € la noche. Dada la cercanía al lago acudí allí a disfrutar de la puesta de sol en la más absoluta tranquilidad, con aguas transparentes y quietas, regresando después de noche a observar el cielo del hemisferio sur, pues es uno de los puntos fuertes de esta región y el día acompañaba, la guinda perfecta 😉 .


DÍA 22- ÚLTIMA PARADA: CHRISTCHURCH

Restos de la catedral tras el terremoto

Con 230 kms por la proa, me dispuse a afrontar la última etapa hasta Christchurch, ciudad donde finalizaba mi expedición por Nueva Zelanda -que no el viaje ya que volaba a Sidney-. Para ello tomé la carretera 8 hasta la población de Fairlie y allí la salida a Geraldine (se cruza esta población), de la carretera 79 que acaba enlazando con la 1 en Rangitata (hasta aquí 105 kms). El tramo de la carretera 79 es el mejor en lo que a paisajes se refiere, al cruzar el “McKenzie country” por interesantes valles abrazados de suaves colinas.

Desde este punto a Christchurch (los 125 kms restantes) únicamente se van pasando granjas, algunos ríos y poblaciones de tamaño relevante como Ashburton o Rolleston. En la ciudad ajusté el nivel del depósito en la gasolinera del “Pak n`Save” y tardé en localizar la oficina de Omega rental cars (C/Linchfield, 252), sin que me pusieran pega ninguna a la hora de dejar mi antiguo Toyota que tan bien se había portado.

Tranvía en la zona centro

Christchurch es la segunda ciudad del país -con cerca de 400.000 habitantes- y la mayor de la isla sur, así como la capital de la región de Canterbury, sufriendo un devastador terremoto en 2011 que provocó unos 200 muertos y dejó el centro muy tocado. Sin duda las marcas del mismo eran de lo más visible, con multitud de edificios derruidos o abandonados por ello, impactando, ya en el centro, la imagen de la catedral en un deplorable estado (de hecho, ya está aprobada su demolición). En la propia Cathedral Square me encontré con Daniela que también llegaba a la ciudad para pasar sus últimos días de viaje, deambulando por las calles centrales en las que ya funcionaba el tranvía y la improvisada zona comercial con tiendas y restaurantes ubicados en contenedores de barco -todo esto también posterior al terremoto-. Comimos en uno de ellos, sin tomar nota del nombre, un pastel de pollo y champiñones muy bueno a 9,50 NZD=6,07 cada uno.

Construcciones «provisionales» con contenedores

Por la tarde salimos de la zona del centro para dar una vuelta por el agradable y bien cuidado jardín botánico, un parque muy extenso repleto de plantas propias del país e introducidas, así como jardines temáticos por el que merece la pena perderse. Antes de las 19 horas nos estábamos despidiendo y deseando suerte en lo que nos quedaba de aventura a cada uno, pues ella se quedaba y yo me iba al aeropuerto en el autobús nº29 (también vale el nº3) por 8 NZD=5,12 € gestionado por la empresa Red Bus -parada de la ciudad en el intercambiador de Linchfield Street-. El aeropuerto de Christchurch se sitúa unos 10 kms al noroeste del centro y tardé una media hora en llegar, además una vez allí no tiene pérdida y fue fácil situarse, lo único que no me quedó más remedio que cenar en un fast food. No me dejaron pasar allí la noche en unos sofás que había y es obligado ir a una sala (el airport lounge) para ello, que cuesta 5 NZD=3,19 €. Al menos conocí a una pareja de Alcoy que hizo que se pasara más rápido.

Y aquí terminaba mi aventura neozelandesa, un país volcado con la naturaleza en el que los valientes que se atrevan a venir vivirán grandes experiencias y se llevarán recuerdos imborrables. Me encontraba ya en el día 23, pero lo dejo para el siguiente destino de este viaje, Sidney (Australia), con el número de día general 29, pues hay que sumar a las jornadas “kiwis” los 6 días de vuelos y escala previa en Hong Kong. Espero que os haya acercado un poquito a vuestras casas nuestras antípodas, y por qué no decirlo, que os inspire y anime a realizar semejante aventura, para cualquier cosa aquí me tenéis, saludos y ¡felices viajes a todos! 😀      

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