NZ-6, ROXBURGH

DÍA 16- REENCUENTRO CON UN NUEVO PUNTO DE VISTA                     

Mi hermano al volante

Madrugando de lo lindo me fui a Alexandra con mi hermano para acompañarle en su trabajo, como conductor en una empresa de distribución de comida por la región de Wanaka. Sin duda es muy especial reencontrarte con tu hermano en las antípodas y compartir un estupendo día que queda en nuestra intimidad, poniéndonos al día de nuestras vidas mientras íbamos repartiendo la comida correspondiente a los locales pertinentes, sobre todo en Wanaka, Albert town y Lake Hawea, lugar donde finalizamos a la hora de comer, pudiendo disfrutar de las preciosas vistas sentados en la orilla del lago con nuestros “tuppers” bajo un sol radiante. Además volver a ver esta región subido en un camión fue toda una experiencia que me proporcionó otro punto de vista, aunque trabajara gratis ese día 😀 .

Con el trabajo hecho

Recuerdo que para quien interese la opción de la Working Holiday Visa mi hermano explica en su blog cómo la obtuvo y los primeros pasos a dar -además de otros muchos viajes por el mundo-, aquí os dejo el enlace a Destino kiwi. El resto del día fue tranquilo, socializando con los compañeros de alojamiento con mayoría de malayos, aunque también representación de Vietnam, Alemania o Polonia entre algún otro, todos ellos trabajando. Lo que también hicimos fue organizar las excursiones de los días siguientes que tenía libre, empezando por el impresionante fiordo de Milford Sound -donde él ya había estado y lo recomendaba rotundamente- así que aunque fuera una auténtica paliza (700 kms ida y vuelta), lo organizamos encontrando en la web Realnz.com una oferta de barco por el fiordo y fish & chips para comer por 60 NZD=38,33 € cada uno.


DÍA 17- EXCURSIÓN A MILFORD SOUND

Lago Te Anau

Para esta excursión se unieron Jimmy (mi compañero de habitación, de Vietnam) y Natalie (malaya, siendo estos sus nombres “occidentalizados” según sus propias palabras), lo que sólo ofrecía ventajas, pues era una agradable compañía y además seríamos 3 para conducir y compartiríamos gastos. Salimos temprano de Roxburgh por la carretera 8 en dirección a Raes Junction, lugar en que se bifurca la carretera 90 que lleva a Gore, teniendo que cambiar a la ruta 94 sentido Te Anau (hasta aquí 96 kms). De momento el paisaje lo dominaban grandes extensiones de granjas y ganado ovino y así siguió siendo prácticamente hasta Te Anau (otros 140 kms desde Gore), donde realizamos la primera parada larga para comprar algo y almorzar en el precioso parque y merendero que hay junto al lago del mismo nombre.

Lo bueno de ir varios es que entre charlar y observar el paisaje -que era nuevo salvo para mi hermano- el tiempo pasó volando y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos ya en Milford Sound. Desde el pueblo de Te Anau la carretera (también la 94) se pone más interesante, bordeando el lago con unas panorámicas que me recordaron a Glenorchy, ayudados nuevamente por un día sin nubes. Este es territorio ya del Fiorland National Park, una abrupta extensión de terreno al suroeste de la isla Sur que alberga varios fiordos que serpentean entre las masas montañosas, siendo el más famoso y mejor preparado para visitarse el de Milford.

Listos para embarcar

El último tramo desde Te Anau son 115 kms, separándose la carretera del lago en Te Anau Downs para transitar de lleno entre impresionantes valles y sitios tan pintorescos como los Mirror Lakes, que como su propio nombre indica hacen de espejo con las montañas cercanas, las cascadas del río Hollyford o el túnel Homer, cuyas vistas una vez atravesado quitan el hipo. Con tiempo de sobra antes de la salida de nuestro barco (15:30 horas), nos presentamos en Milford Sound -existe un pequeño asentamiento de 170 habitantes- comprobando que Realnz, la empresa donde reservamos, nos había traspasado a Jucy por falta de gente, donde nos darían una pita en vez del fish & chips, siendo por lo demás igual y el barco estupendo y con una cubierta superior muy amplia.

El tour por el fiordo duró unas 2 horas y mereció la pena en todos los aspectos, navegando entre altos acantilados que entraban en el mar en vertical -los fiordos se caracterizan también por su profundidad-, pasando junto a cascadas y grupos de focas descansando sobre los salientes de las rocas. Íbamos abrigados por la sensación térmica que provocaba el fuerte viento, pero bien resguardados por las montañas en lo que al estado de la mar se refiere. A la vuelta y antes de pasar por el túnel paramos en el Chasm Walk, una mini ruta de 20 minutos, ir y volver, a las curiosas formaciones rocosas por las que se precipita el río Cleddau.

Los hermanos en las antípodas

El camino de vuelta costaría más pero como éramos tres los conductores nos fuimos turnando, sin que faltara la conversación en ningún momento y parando en miradores o allá donde nos apeteciera, regresando por el mismo camino (cada trayecto sumó un total de 350 kms). Las luces del atardecer dieron un color especial al campo neozelandés que a ninguno se nos pasó por alto, parando a repostar y cenar barato en un restaurante de comida rápida de Gore por 22 NZD=14,04 € los cuatro. Por último, aprovechando que conducíamos ya en noche cerrada, nos detuvimos a observar el cielo del hemisferio sur en algún punto de la carretera 90, experiencia que nos encantó a todos ayudados por la más completa ausencia de contaminación lumínica y pese a no poder reconocer -por no estar familiarizado- las constelaciones que desde aquí se divisan. Arribamos al hotel en Roxburgh pasadas las 23 horas, muy cansados indudablemente pero nada arrepentidos 🙂 .


DÍA 18- EXCURSIÓN A MOERAKI BOULDERS Y DUNEDIN

Leones marinos de Shag Point

Con otro buen puñado de kilómetros por delante, 450 en total, salimos mi hermano y yo a realizar una ruta circular que nos llevaría por el norte a Palmerston y Moeraki, ya en la costa oriental, bajando después a Dunedin -la capital de la región de Otago- y volviendo a nuestra base por el sur. Usamos para ello la carretera 8 hasta Alexandra y desde allí seguiríamos la 85 casi hasta la costa, en la población de Palmerston (los primeros 200 kms de la etapa), comenzando el día con la habitual niebla en la zona, que se fue despejando al avanzar la mañana, mientras cruzábamos el verde valle de Manuherikia y la llanura de Maniototo, paisajes diferentes a la montañosa costa occidental con más granjas y suaves colinas -sin que hiciéramos ninguna parada significativa-.

Leones marinos sobre las rocas
En Shag Point

En Palmertson nos incorporamos a la carretera 1 hacia el norte arribando a Shag Point (sólo a 10 kms, acceso gratutito), para ver la colonia de leones marinos que allí se asienta. Dejamos el coche en una zona segura y pese al fuerte viento reinante pudimos verlos bastante cerca sobre la hierba -importante guardar las distancias, pues si se ven amenazados pueden ser peligrosos- o tumbados más abajo en las rocas de la orilla, siendo posible también observar pingüinos, que es más probable al atardecer, sin que tuviéramos suerte.

14 kms más al norte visitamos la pequeña localidad de Moeraki, que se sitúa al sur de la All Day Bay, lugar donde se asientan las curiosas rocas esféricas conocidas como Moeraki Boulders, a sólo 3 kms del pueblo. Al llegar se pagan 2 NZD=1,27 € por el parking como donación, existiendo también un restaurante y tienda de souvenirs. Sin duda es un paraje muy peculiar, los “balones” de roca, algunos partidos, se extienden por toda la playa tanto solos como en grupos, permitiendo saltar de uno a otro, sinceramente nos lo pasamos muy bien y es un emplazamiento muy peculiar.

Edificio de la estación de ferrocarril de Dunedin

Cambiamos de rumbo y nos dirigimos al sur por la ctra. 1, sin encontrar un sitio de nuestro agrado para comer tanto en Moeraki como en lo poco que vimos de Palmerston, por lo que al final preferimos ir hasta el próximo destino, la ciudad de Dunedin, que con 150.000 habitantes es una de las principales de Nueva Zelanda, recorriendo para ello unos 80 kms desde las piedras de Moeraki. Lo primero fue comprar algo en un supermercado y tumbarnos en el cuidado jardín del bonito e histórico edificio de la estación de trenes a comer, constatando que si bien la historia y las ciudades no son el punto fuerte de este país, en Dunedin sí que es posible encontrar construcciones de interés como la catedral St.Paul o la Primera Iglesia de Otago, además de la propia estación (no dejar de visitarla por dentro también), que es sin duda el icono en este asunto.

Panorámica de Otago Harbour desde la península

No había mucha gente por la calle y al ambiente que se respira era de absoluta tranquilidad, deambulando por la plaza central con forma octogonal antes de partir para una breve incursión a la península de Otago, que se extiende al sureste del núcleo urbano, avanzando por Portobello Road entre subidas y bajadas y espléndidas vistas al Otago Harbour, el canal de entrada a Dunedin. Es un recorrido muy pintoresco, que de seguirse siempre por la carretera costera lleva a una colonia de albatros en Taiaroa Head, con un mirador al océano y posibilidad de ver volar a estas enormes aves -nosotros vimos alguno, pero muy alto, pues el viento era fuerte-, intentando bajar a la vuelta a Pilot Beach, frecuentada por pingüinos, sin poder ya que por lo visto había que pagar algo y estaba cerrada.

Esta escapada supuso 60 kms extra entre ir y volver, pero sarna con gusto no pica, así que tras otra breve parada en el “Pak n`Save” a comprar algo y repostar (el mejor precio que encontré a 2,09 NZD=1,32 € el litro), continuamos ya hacia Roxburgh por la carretera 1 primero y después cambiando a la 8 en Milton, con un último parcial de 150 kilómetros. La verdad es que fueron dos días muy intensos y bien aprovechados, llegando rendidos a tiempo de incorporarnos al buen ambiente de la cocina del hotel, donde más se reunían casi todos los que allí se hospedaban.


DÍAS 19 Y 20- DESCANSO Y DE NUEVO AL CAMIÓN

Jornadas de trabajo y descanso

Como si de una ronda ciclista se tratara tocaba un día de descanso, aprovechando para lavar ropa, ir a correr con mi hermano por Roxburgh o socializar en el hotel con una jornada gastronómica en la que los malayos empezaron a preparar “banana cakes” y nosotros una tortilla de patatas. Además, amplié mi estancia una noche, que los propietarios John y Greg me dejaron a 12 NZD=7,66 €, pues ya era una semana y seis noches de estancia y por lo visto había descuento, sumando todas ellas finalmente 112 NZD=71,54 €.

Al día siguiete volví a trabajar gratis acompañando a mi hermano Josué en el reparto de comida por Wanaka y Hawea, descansando por la tarde y despidiéndome de todos a los que allí conocí, que la verdad eran simpáticos y buena gente. Por supuesto también con Josué, al que todavía vería a primera hora de la mañana siguiente en lo que fue una despedida emotiva, pues a ciencia cierta no sabríamos cuando nos volveríamos a ver, que finalmente tampoco fue mucho 🙂 .

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