
DÍA 13- RECORRIENDO LA COSTA OESTE DE LA ISLA SUR
La siguiente etapa sería de las más largas, sobre los 490 kms, llegando hasta la población del Franz Josef Glacier, la mayor parte de ello por la carretera 6 que discurre por la costa occidental de la isla. No me hubiera importado pasar más tiempo en Abel Tasman, pero no quería retrasar mucho la llegada al sur de la isla -donde mi hermano estaba trabajando en ese momento- por lo que me tuve que despedir de mis nuevas amigas salvo Daniela, que también iba allí, pero en su coche. Salimos temprano de Motueka por la ctra. 60 enlazando con la 6 en Richmond, cerca de Nelson, donde reposté a 2,16 NZD=1,36 € el litro de gasolina.
Avanzaríamos unos 190 kms por los habituales paisajes neozelandeses, muy coloridos, montañosos y con muchas salidas a áreas de descanso con merenderos -parando un par de veces- antes de llegar a Inangahua, donde existe la posibilidad de ahorrarse unos kilómetros por las carreteras 69 y 7 que enlazan con la costa a la altura de Greymouth, cosa que no pretendíamos ya que en la carretera 6 y antes de la mencionada localidad visitaríamos la mejor atracción del día, las formaciones rocosas de Punakaiki. Comimos de nuestros víveres, dando las últimas curvas para salir de las montañas y llegar al nivel del mar en Charleston, cruzando a partir de ahí las estribaciones del Paparoa National Park en el que se ubica Punakaiki (90 kms desde Inangahua). También conocidas como las “Pancake Rocks”, esta curiosa y particular formación caliza bien merece una parada, existiendo para ello un sendero habilitado que las recorre con vistas a las capas que se han formado en las propias rocas y a los múltiples orificios por donde entra el agua del mar, tardando con calma no más de 1 hora en la visita.


Continuamos la marcha por la carretera 6 bajo un cielo muy cambiante entre sol, nubes e incluso alguna gota, arribando a la localidad de Greymouth después de 45 kms desde las rocas con interesantes tramos pegados a la orilla del Océano Pacífico. Tanto esta población como Hokitika (siguiente pausa, separadas por 39 kms) no llamaron nuestra atención especialmente, al menos en la segunda dimos un breve paseo por su playa además de comprar comida en un supermercado “New World”. Todavía quedaba un extenso tramo de 130 kms por cubrir, en el que la carretera 6 se aleja un poco del mar, para ascender y transcurrir por las faldas occidentales de las montañas del Aoraki/Mt.Cook National Park, zona en la que desembocan las glaciares más famosos y visitables, como al que nos dirigíamos o el de Fox.
Una vez en el diminuto pueblo de Franz Josef localizamos el YHA Franz Josef rápidamente (2-4 Cron Street), reservando al momento plaza en una habitación de 4 con las habituales instalaciones comunes de estos albergues, tales como un inmenso salón y cocina, sala de TV o baños incluso con sauna, además de wifi gratuito durante 24 horas siendo socio de Hostelling International (el precio por noche 27 NZD=17,24 €). Comprobando lo limpio y cuidado de las instalaciones nos dispusimos a cenar tras un largo día en carretera principalmente, pero ya bien situados para nuevas excursiones.
DÍA 14- PASEO POR EL GLACIAR Y A WANAKA
Con la idea de acercarnos al glaciar Franz Josef lo más posible, salimos del pueblo girando a la izquierda nada más cruzar el puente sobre el río Waiho, llegando al parking tras 4 kms. Desde ahí existe una ruta que, tras cruzar una parte con vegetación frondosa, los llamados “rainforest”, se abre al valle y sube a la vera del río hasta el punto de observación de la lengua del glaciar, que como es habitual -y mala noticia- está en retroceso. El paseo puede llevar 2 horas entre ida y vuelta, en las que se pasa por cascadas y se obtienen magníficas vistas tanto del frontal del glaciar como de las montañas que forman el valle del río Waiho.
De vuelta al parking nos fuimos por otro pequeño sendero señalizado en busca de la Peter`s Pool, un lago en el que las montañas se reflejan provocando un efecto de espejo, vista de la que disfrutamos ayudados del buen tiempo que hacía en ese momento (entre ida y vuelta 40 minutos). La mañana resultó de lo más agradable y estuvo bien aprovechada, quedando tiempo para regresar al hostal a hacerme la comida y despedirnos (si bien comprobamos que nuestras rutas volverían a coincidir en Christchurch en una semana), pues Daniela se quedaba en la zona realizando otras actividades -que como en cualquier área natural del país son muy amplias, incluyendo aquí vuelos en helicóptero o paseos por el glaciar-, mientras que yo partía hacia Wanaka teniendo 285 kms por delante.
Nada más salir de la población recogí a un autoestopista alemán llamado Tom, que con diferencia resultó ser el peor hasta entonces, primero porque deduje que hacía unos días que no se duchaba y segundo porque insistía para que fuera a donde él quería ir, un poco incómodo la verdad. La carretera 6 sigue transitando por las laderas de las montañas, pasando el glaciar Fox -donde no me detuve al haber visitado el otro- para después acercarse momentáneamente a la costa en Makawhio Point y volver a alejarse de seguido. Paramos a comer en un bonito paraje junto a una granja de salmones poco antes de llegar a Paringa y no os voy a engañar, cuando se fue al baño pensé en sacar su equipaje del maletero y largarme 😀 , pero bueno hubiera estado bastante mal por lo que decidí aguantar un poco y llegar hasta Haast, pues dudaba entre tomar el desvío o no de Jackson Bay, pero ahora ya lo tenía claro (es aquí donde él presionaba para que fuera a Wanaka directamente).
Antes de llegar a Haast la carretera vuelve a la costa en el mirador de Knights Point, donde me detuve si bien la nubosidad del momento -que amenazaba lluvia- nos impidió divisar las playas con sus pequeños acantilados, dado que es una estribación montañosa. Finalmente arribamos al punto intermedio de la etapa (145 kms desde el glaciar), Haast, una población de 300 habitantes con gasolinera y alguna tienda donde por fin dejé a Tom, al que no le costaría encontrar a alguien que lo llevara a su destino (de hecho, al volver ya no estaba). La ruta que va de aquí a Jackson Bay es pintoresca y agradable, cruzando estuarios y ríos que bajan de los Alpes del Sur, la cadena de montañas que domina la isla, así como bosques y granjas, siendo una zona de lo más aislada y tranquila. En total me supuso 100 kms extra entre ida y vuelta.
El tiempo empeoró, pese a lo que el recorrido -en mi opinión- mereció la pena, cruzando varios puentes entre los que destacaron el del estuario Hapuka y el del río Arawhata, además existe la posibilidad de ver pingüinos (no tuve suerte) y rutas de senderismo por doquier. Jackson Bay es un tranquilísimo, aislado y diminuto pueblo de pescadores, situado en el que está considerado como único refugio natural de la costa oeste, apenas me crucé con gente, pero al menos el único bar restaurante de la zona, la caravana “Cray pot”, estaba abierto, pidiendo allí un chocolate (5 NZD=3,19 €) mientras aprovechaba para tomar notas, sin duda el lugar me gustó y me inspiró pese a la lluvia, que por otra parte le daba un toque especial. De haber hecho mejor tiempo me habría animado a realizar alguna de las rutas cortas (de una media hora) a pie que hay hasta las playas del otro lado de la bahía.
Sin prisas fui regresando hasta Haast primero y después nuevamente a la carretera 6 en dirección a Wanaka, avanzando y cruzando los Alpes neozelandeses por el Mount Aspiring National Park, entre impresionantes valles y vistas, llegando a la población de Makarora y al lago Wanaka. Si las montañas ya te dejan con la boca abierta, bordear los lagos Wanaka y Hawea sólo hacen convencerte aún más de que este es uno de las mejores tramos neozelandeses en cuanto a belleza 😉 . Fueron otros 140 kms desde Haast hasta Wanaka, junto al lago del mismo nombre (al que la carretera vuelve después), buscando el YHA Wanaka (94 Brownston Street) para preguntar si tenían alguna cama libre. Tuve suerte y pude quedarme en una habitación de 8 -ya estaba anocheciendo- bastante limpia, un perfecto y amplio salón-cocina común, baños para compartir, sala de TV y de juegos y wifi gratuito 24 horas para socios entre otros.
DÍA 15- REGIÓN DE QUEENSTOWN
El día amaneció perfecto, empleando las primeras horas en pasear por la orilla del lago Wanaka y brevemente por esta población de 5.000 habitantes, que se encuentra en una ubicación privilegiada. Aproveché la presencia de supermercados para abastecerme y puse rumbo a Queenstown, la capital de la aventura “kiwi”, a través de la carretera secundaria Cardrona Valley Road, que una vez pasada esta localidad pasa a llamarse Crown Range Road (la otra opción es la carretera 6, pero da más vuelta y la distancia es mayor). Son 67 los kms que separan ambas ciudades por esta ruta, cruzando el valle del mismo nombre que la población de Cardrona, siendo un paisaje muy verde con laderas, ovejas campando a sus anchas y llamativo en general, debiendo eso sí ser prudente pese al buen estado de la carretera, sobre todo en las curvas de horquilla que bajan de la Crown Range Road a la 6 en Arrow Junction.
Por la ruta principal se recorre ¼ de la distancia ya mencionada para llegar a Queenstown, ciudad de 15.000 habitantes donde es realmente difícil aburrirse, si bien es cierto que si se opta por las múltiples actividades de aventura disponibles -como puenting, rafting o vuelos escénicos- habrá que preparar un buen puñado de dólares. Los operadores turísticos y puntos de información son abundantes en cuanto se llega al centro, dirigiéndome al teleférico skyline como primera opción (cuesta 27 NZD=17,24 € ida y vuelta, existiendo la posibilidad de subir andando). En pocos minutos se llega a la cima del Bob`s Peak, cuya panorámica es espectacular, con la ciudad a los pies, el lago Wakatipu con su forma de “S” y su color azul intenso dominando la escena, así como montañas de fondo en todas direcciones.
De vuelta al centro pude comprobar lo bueno y vibrante del ambiente -con viajeros de todas partes del mundo- comiendo en un “KFC” por 10,50 NZD=6,71 €. Es entonces cuando tomé una de las mejores decisiones del viaje, que fue dirigirme a Glenorchy por la carretera que bordea el lago Wakatipu, un trayecto de 46 kms para enmarcar en su totalidad. Las vistas panorámicas son brutales, mejoradas por lo brillante y despejado del día, parando a cada momento (destacando el mirador Bennetts Bluff) para hacer alguna foto y lo que es mejor aún, disfrutar del momento y grabarlo en mi mente.
Glenorchy no se quedó atrás, pues pude realizar una estupenda ruta a pie de unas 2 horas por el frontal del pueblo -con una soberbia vista desde el muelle- y las zonas norte y sur de los humedales del Glenorchy Lagoon, casi todo en solitario entre pasarelas y rincones encantadores donde pararse a “escuchar el silencio”, sólo roto por el canto de algún pájaro, que abundan, o alguna ligera brisa. En definitiva que este lugar me cautivó y espero que las fotos puedan mostraros al menos una pequeña parte de la tranquilidad y relajación que allí pude experimentar 🙂 .
Llegaba ya el esperado momento de poner proa a Roxburgh para reencontrarme con mi hermano, deshaciendo para ello los 46 kms hasta Queenstown y de allí por la conocida carretera 6 y luego la 8 (desvío a la altura de Cromwell) recorrer otros 130 kilómetros. Ya en la 8 se cruza la población de Alexandra y hacia las 20 horas me presenté en Roxburgh, concretamente en The Commercial Hotel (en la calle principal, pero cerró ya 😦 ), el alojamiento donde estaba mi hermano y que ya me había gestionado a 20 NZD=12,77 € cada una de las 5 noches que pasaría.
Allí por fin nos pudimos saludar en un emocionante momento tras unos meses sin vernos, instalándome en mi amplia habitación de 6 camas (compartida únicamente con un vietnamita), baños comunes, wifi gratis, lavadora incluida en el precio y una enorme cocina muy animada con un montón de gente a la que tuve tiempo de conocer, pues no eran mochileros, sino que estaban trabajando por la zona recogiendo manzanas con la Working Holiday Visa (la mayoría malayos). Pese a que el edificio parece viejo yo me sentí como en casa -sobre todo estando allí mi hermano – charlando con todo el mundo mientras preparábamos la cena, buen recuerdo sin duda y un día de muchas emociones.




























