NZ-3, TONGARIRO Y WELLINGTON

DÍA 7- TONGARIRO ALPINE CROSSING, UN “PASEO” DE 20 KMS

Inicio de la ruta en Mangatepopo

A las 7:15 de la mañana estaba ya el bus preparado para partir (recuerdo que lo reservé en el propio alojamiento la noche anterior por 28 NZD=17,88 €), tardando unos 45 minutos por la ctra. 47 primero y Mangatepopo Road después, hasta llegar a la cabaña del mismo nombre, punto de inicio del recorrido a pie. El Tongariro Alpine Crossing es una de las rutas más populares del país y discurre por la zona volcánica existente entre los montes Ngauruhoe y Tongariro, empezando por el punto de Mangatepopo (al que se llega sobre las 8 de la mañana) y acabando cerca de la ctra. 46 en Ketetahi Road, fijando la hora de regreso del bus a las 16:30, lo que deja algo más de 8 horas para cubrir una distancia de 20 kms. Es pues necesario encontrarse en buena forma física, ya que hay que salvar un importante desnivel.

Salvando los primeros desniveles

Un aspecto a destacar es que hay que llevar provisiones suficientes de comida y agua y que sólo existen aseos en los refugios de Mangatepopo (al poco de empezar) y Ketetahi (hora y media antes de terminar), además de en los puntos de inicio y recogida. Las vistas y los paisajes que pueden disfrutarse en esta excursión son espectaculares, cambiando por completo conforme se gana o pierde altitud, además de pasar por muchos puntos de interés como podéis ver en el folleto. Así pues, con tiempo fresquito pero despejado empecé la ascensión junto a un grupo de cuatro alemanes (los dos a los que llevé en el coche y dos chicas más), siguiendo la ruta principal, bien señalizada en todo momento, entre las rocas volcánicas y pequeños arbustos de la zona de Mangatepopo (a 1.150 metros de altitud).

Enseguida comenzamos a ganar metros por una zona de sombra camino del primer punto intermedio, los Soda Springs (cuenta con un aseo básico), desde donde el camino se empinó aún más hasta llegar al South Crater a 1.660 metros de altitud, ya sin vegetación y con paisaje puramente volcánico. Las vistas al monte Ngauruhoe son magníficas, existiendo la posibilidad de subir a la cima (hasta los 2.291 metros) en unas 3 horas (ida y vuelta), circunstancia para la que habría que plantearse hacer noche en alguno de los refugios. Nosotros continuamos por la ruta principal, uniéndose al grupo una argentina muy simpática que venía de trabajar en Australia, Belén. Hago constar que durante todo el recorrido había bastante gente sin que en ningún momento llegara, desde mi punto de vista, a la masificación.

En menos de 3 horas nos plantamos en el punto intermedio de la ruta, también el más alto a 1.886 metros, sin contar los desvíos opcionales, conocido como Red Crater por el tono rojizo que adquiría el terreno. Desde aquí se puede ascender (hora y media extra ida y vuelta) a la cima del monte Tongariro, a 1.967 metros de altitud, cosa que sí que hicimos, admirando las vistas de 360º desde la parte alta. Se ve que no teníamos muchas ganas de hablar inglés y poco a poco los alemanes, que iban más rápido, se fueron adelantando y nos quedamos yo y Belén a paso más tranquilo y con una animada charla en nuestra lengua materna.  En poco tiempo y ya descendiendo llegamos a la zona de los Emerald Lakes y el Blue Lake, lagos que como su propio nombre indica tienen colores intensos y donde aún se puede observar en sus cercanías áreas humeantes.

Mapa (se puede agrandar)

Comimos allí de los que cada uno llevaba, teniendo por delante según el folleto del recorrido 3 horas y media hasta la zona de llegada, por lo que hubo que acelerar un poco el ritmo para que no nos pillara el toro (son tiempos aproximados y dependen del paso de cada uno). Hacer constar que en el camino de descenso en los lagos hay bastante piedra suelta y puede resbalar, por lo que hay que ir con precaución. Conforme nos acercábamos al refugio de Ketetahi Hub (a 1.454 metros de altitud) iban apareciendo de nuevo los primeros arbustos, teniendo que bajar en zig zag hasta cruzar un bosque de coníferas, poco antes de llegar al punto de recogida en Ketetahi Road (a una altitud de 750 metros).

Encarando el descenso

Al final nos sobró tiempo y todo, estando ya los alemanes allí y despidiéndome de mi nueva amiga Belén que iba hacia el norte, mientras que yo volvería a National Park para seguir viajando al sur. Había allí varios autobuses con diferentes destinos saliendo el mío a la hora estipulada y recorriendo unos 40 kms por las carreteras 46 y 47 hasta el albergue. Sólo quedaba ya cenar los retales que me quedaban por ahí, lo que yo llamo una cena de despojos, poner una lavadora, reservar alojamiento para Wellington, comentar el día con los presentes y caer rendido en la cama. El resumen del día es sencillo: preciosa excursión, paisajes de ensueño y estupenda compañía 🙂 .


DÍA 8- A WELLINGTON POR WHANGANUI

Cascadas de Raukawa

Este sería uno de los trayectos más largos del viaje a realizar en un día, unos 315 kms hasta la capital neozelandesa, eligiendo bajar por la región de Whanganui (carretera 4) para realizar algunas paradas por la zona, comentando que no era la ruta más corta -que se correspondía con la carretera 49 por Ohakune primero y luego la 1-, si bien la diferencia no era significativa. La primera parte resultó ser muy bonita, con la silueta de los volcanes todavía visibles y bosques y laderas de intenso color verde sobre todo a la derecha, pues no en vano en esa dirección se extendía el Whanganui Natural Park. Pasé por la bifurcación de la carretera 49 (yo seguía por la 4) y llegué a la población de Raetihi (hasta aquí 35 kms), desde donde hay un desvío al pueblo de Pipiriki para seguir el curso del río Whanganui, que después vuelve a desembocar a la carretera principal.

Río Whanganui desde el mirador Aramoana

Dado que eran carreteras secundarias decidí continuar por la 4 y ya al final recorrer algo de esta ruta pintoresca junto al río, lo que seguramente fue una mala decisión, pues aunque hubiera tardado más no me habría arrepentido. Al menos pude parar a echar un vistazo a las cascadas de Raukawa, un hermoso salto de agua del río Mangawhero. Tras recorrer 75 kms desde Raetihi (la cascada está a medio camino) me desvié unos 5 kms por la Whanganui River Road hasta el mirador de Aramoana, una perfecta ubicación para divisar los giros del río Whanganui entre la vegetación del parque natural, sin duda recomendable. Como encima iba más justo de gasolina de lo que pensaba no pude adentrarme más por la carretera del río y regresé a la 4 llegando a la ciudad de Whanganui (15 kms desde el mirador) en un santiamén, realizando compras en un supermercado “Countdown” (no encontré el “Pak n`Save”) y repostando en una BP a 2,18 NZD=1,37 € el litro.

Panorámica de Whanganui desde la colina Durie

No tendría tiempo de visitar esta ciudad de 40.000 habitantes a fondo, pero sí de subir al mirador de la colina Durie, para hacerme una idea de la situación y aspecto de la localidad, comentando que si se desea existe un ascensor desde la parte baja que por 2 NZD=1, 27 € que te sube, así como un memorial de guerra en la parte alta. De nuevo en ruta avancé por la ctra. 3 en dirección a Palmerston North -parando para comer en una de las frecuentes áreas recreativas y de descanso de las carreteras “kiwis”- unos 50 kms hasta el asentamiento de Sanson, donde se gira a la carretera 1. El paisaje aquí lo dominaban las granjas y sobre todo el ganado ovino, acercándose progresivamente la ctra. 1 al mar de la costa suroeste de la isla Norte, donde aproveché para detenerme en Paraparaumu Beach primero y en el Queen Elizabeth Park de Paekakariki después (desde Sanson a este último unos 100 kms).

En ambos lugares pude pasear por extensas playas de arena con dunas cubiertas de matorrales bajos y descansar y relajarme tumbado sintiendo el sol y el viento en mi cara, todo ello con la isla Kapiti como telón de fondo. Quedaba un tramo más de 50 kms para arribar a Wellington, que si bien es bastante más pequeña que Auckland –200.000 habitantes-, es la capital del país. Y que mejor para empezar que divisar la ciudad desde lo alto del mirador del Monte Victoria, al sureste de la bahía y de la metrópoli, que goza de amplias panorámicas de 360º que pasan por el puerto, la bahía, las montañas que rodean la zona urbana, el aeropuerto al otro lado e incluso la isla Sur al fondo correspondiente. El día estaba bastante nublado y es que Wellington se caracteriza por el mal tiempo y el fuerte viento, pero yo no perdía la esperanza y como le prometí a mi amigo Rubén le mandaría una foto soleada de la capital de su país de acogida.

Wellington desde Mount Victoria

Logré localizar el The Cambridge Hotel con facilidad, en el nº 28 de Cambridge Terrace, aparcando más bien lejos para evitar la zona de pago (en la ladera del monte Victoria que me pillaba a 15 minutos andando). Este alojamiento lo reservé en Hostelbookers por 23 NZD=14,70 € la noche en una habitación de 8 camas, duchas y baños compartidos y abundantes, cocina común bien preparada, 30 minutos de wifi gratis (luego a pagar) y habitación para equipajes. Lo único negativo a comentar es que me hubiera gustado que mis “jovenzuelos” compañeros de habitación la tuvieran un poco más ordenada, pero bueno para una noche bien.


DÍA 9- LO MEJOR DE WELLINGTON Y FERRY A PICTON

Waterfront de la capital «kiwi»

Y como no podía ser de otra manera amaneció despejado y con un sol imponente 🙂 , la suerte me volvía a sonreír…si es que depende de eso, pues yo tenía clarísimo que me haría buen tiempo 😉 . En primer lugar, paseé por la zona del puerto junto al museo Te Papa (que visitaría después), girando al centro tras cruzar el parque Frank Kitts para localizar la estación de Lambton Quay, punto de inicio del funicular que sube al jardín botánico. Tuve que preguntar para encontrarla, acompañándome un “wellingtoniano” de lo más majo, pagando 4 NZD=2,55 € por un trayecto (bajaría andando), mientras que la ida y vuelta costaba 7 NZD=4,46 €. El Wellington Cable Car (funicular) es una atracción en sí misma que data del año 1902, dejando en unos pocos minutos de agradable recorrido en la estación superior de Kelburn, desde donde hay una perspectiva estupenda del propio funicular con el parque del mismo nombre y la ciudad de fondo, obteniendo aquí las mejores pruebas del magnífico día que estaba disfrutando.

La ciudad desde Kelburn con el funicular en primer plano

Como comentaba en la parte alta se encuentra el gratuito jardín botánico, un lugar ideal para estirar las piernas rodeado de múltiples especies propias del país, fuentes y esculturas, todo perfectamente cuidado, pasando también por el observatorio Carter (al que no entré, costaba 18,50 NZD=11,81 €). Descendí a pie atravesando la animada zona universitaria de Salamanca Road y puse rumbo directo al museo Te Papa, ahora sí, con la intención de visitarlo. A diferencia del museo de Auckland (que costaba 25 NZD=15,97 €) este era gratis, como bien me habían advertido mis amigos de la ciudad del norte, por lo fue perfecto dado que el contenido es similar, centrándose en la cultura maorí, la geología e historia de Nueva Zelanda y la importancia del mar y la naturaleza en estas tierras, además de alguna exposición temporal -había una de China-, como veis un poco de todo repartido a lo largo y ancho de 6 plantas.

Curiosa decoración
Calles de Wellington (Pza. Te Aro)

Tenía tiempo de dar un paseo por las calles más céntricas, impolutas como todo el país vaya, acercándome al YHA Wellington -no pude alojarme en él el día anterior al estar completo- para gestionar reservas en los albergues de Hostelling International de mis próximos destinos (Picton y Motueka). Los pagué allí mismo y sin ningún cargo extra por el trámite. Para comer me decidí por un agradable “kebab kiwi” en un local llamado “Kuopia” (7 NZD=4,46 €) con agua y wifi gratis.

Esperando para embarcar

Me dirigí después a por el equipaje (lo dejé en el hostal) y a la terminal de Interislander, una de las dos compañías que operan los ferries a la isla Sur y que había reservado días atrás en Auckland (recuerdo que el precio con coche incluido fue de 176 NZD=112,43 €). Hacer constar que la otra compañía es Bluebridge y que salen de diferentes terminales, pues la de ésta última se encuentra más hacia el centro de la ciudad, frente a la estación de tren, mientras que la de Interislander está a las afueras, en un muelle cercano al Westpac Stadium. No me resultó difícil encontrarla -con la información adecuada claro- y según se llega con el coche todo es intuitivo y está bien indicado, siendo suficiente con decir el número de reserva en el acceso principal. Con un importante cambio de tiempo y las nubes apoderándose del cielo de nuevo, tuve que esperar hasta las 17 horas, momento previsto para que el buque “Stena Allegra” largara amarras rumbo a la isla Sur a través del estrecho de Cook 🙂 .

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