
DÍA 4- EXCURSIÓN A LAS CUEVAS DE WAITOMO
Tras despedirme, ahora sí, de Rubén e Isa agradeciendo una vez más su amabilidad y esperando poder verlos en poco tiempo, puse rumbo al sur, saliendo de Auckland por la carretera 1 en dirección a Hamilton, recorriendo aproximadamente 125 kms de los cuales casi la mitad son autovía. En esta pequeña ciudad entraría para recoger a Paula (una finlandesa que conocí en el avión) y su amiga como ya comenté, si bien sólo pudo venir ella al final. Ya juntos salimos de Hamilton buscando la carretera 3 hasta llegar al desvío de la carretera 37, que lleva hasta las cuevas, unos 70 kms de los cuales los últimos 8 son los de la ctra. 37, apreciando lo verde de los campos que íbamos cruzando y algunas de las poblaciones como Te Awamutu u Otorohanga.
Una vez en el centro de visitantes de las cuevas de Waitomo, nos informamos de las diferentes opciones de entrada, eligiendo la combinada que permitía visitar la Glowworm cave y la Aranui cave (68 NZD=43,44 € por cabeza). Hacer constar que las visitas y actividades son algo caras en general en Nueva Zelanda y que prácticamente todo se puede pagar con tarjeta. La estrella de estas cuevas calizas es la Glowworm cave, o lo que es lo mismo “la cueva de los gusanos brillantes”, ya que cuenta con una peculiaridad que la hace mágica, convirtiendo la visita en inolvidable. Me estoy refiriendo a las larvas de luciérnagas que colman la parte superior de la cueva y que una vez que uno se acostumbra a la oscuridad comienzan a parpadear como si del cielo estrellado se tratara, llegando incluso a reflejarse en el agua, pues parte del recorrido por la misma, de unos 45 minutos con una temperatura constante de 15º C durante todo el año, se realiza en barca.
De vuelta a la superficie, cruzamos un primitivo bosque de musgos y helechos, planta que es símbolo del país, y fuimos a comer al pequeño restaurante del centro de visitantes, donde pagué 18 NZD=11,50 € por un sandwich de atún y un típico carrot cake (pastel de zanahoria) que la verdad estaba muy bueno. Para la tarde quedó la Aranui Cave, a 2,5 kms de la primera, que destaca por sus formaciones calizas de estalactitas y estalagmitas, es decir, una cueva más convencional y que tras la Glowworm cave me supo a poco, eso si el guía fue de lo más majo en los casi ¾ de hora que duró la visita, aquí con una temperatura de 12º C. La tercera cueva que ya no visitamos es la de Ruakuri, existiendo billetes combinados para las tres además de múltiples actividades de aventura (cosa habitual en todo el país) como rafting, os dejo este enlace para más información e imágenes, pues yo no pude obtener ninguna foto aceptable de los glowworms.
Tras descansar un poco e incluso seguir avanzando hacia el oeste por las curvas y paisajes de la carretera 37 hubo que dar media vuelta y dirigirse a Hamilton, pues ella empezaba unas prácticas de enfermería de varios meses al día siguiente y además apenas me tenía que desviar de mi ruta a Rotorua, despidiéndonos una vez allí y deseándole suerte en su nueva aventura tras compartir una jornada muy interesante. Finalmente, y tras parar y abastecerme con algo de comida en uno de los económicos supermercados amarillos de “Pak n`Save”, decidí continuar hacia Rotorua y pasar la noche en el propio coche (ya que no tenía alojamiento reservado), reanudando la marcha por la ctra. 1 y eligiendo una pequeña zona de descanso pasados unos 40 kms más o menos de los 110 que separan Hamilton de Rotorua. Allí monté el campamento en el propio Toyota, cosa que pese a ser un coche bastante amplio y poder descansar decentemente no volví a repetir 😀 .
DÍA 5- ROTORUA, ENTRE LA GEOTERMIA Y LA CULTURA MAORÍ
En pie y con todo recogido desayuné con total tranquilidad y tomé algunas notas antes de continuar mi marcha hacia Rotorua, cambiando de la ctra. 1 a la 5 pasada la localidad de Tirau y recorriendo los 60 ó 70 kms que me faltaban entre verdes campos abiertos y multitud de granjas. Muy poco antes de entrar en Rotorua y junto a la carretera está el teleférico Skyline, donde me detuve y por 25 NZD=15,97 € (ida y vuelta) ascendí en pocos minutos a un mirador de la ladera del Monte Ngongotaha, desde el cual había magníficas vistas tanto de la ciudad como del lago Rotorua. Además, en la estación superior se ofrecen actividades diversas como atracciones o karting en una pequeña pista.
Una vez abajo continué hasta la ciudad, de 70.000 habitantes, entrando por Lake Road y localizando enseguida el albergue de Hostelling International en 1278 Huapapa Street (abreviado el YHA Rotorua), teniendo plaza en una habitación de 6 camas con baño compartido por 23 NZD=14,70 € la noche al ser socio (de lo contrario serían 26 NZD=16,61 €). Como siempre (y más en países como Nueva Zelanda) los albergues del triángulo azul son una garantía, entre las facilidades con las que cuenta está el wifi gratis para los socios, la lavandería y una cocina enorme y muy bien equipada, todo ello impecable y limpio.
Aprovechando que el check-in era más tarde me fui a pasear por el contiguo parque Kuirau (de acceso libre), donde uno de los grandes atractivos de esta localidad, la actividad geotermal, se manifiesta con claridad, pasando junto a charcos humeantes, lagunas de barro en ebullición y cruzando las pasarelas de lagos más grandes entre una niebla fantasmagórica y el olor a huevo podrido tan característico de estos ambientes. Durante la agradable caminata pude charlar con unos viajeros uruguayos y algunos locales, todos ellos muy amables con el turista, que como os dije en la introducción, es una opinión que los que allí trabajaban, como mi hermano, no compartían.
Comí en un “Domino`s pizza” en Lake Road por 5 NZD=3,19 € una hawaiana, me instalé en al albergue y a visitar el parque geotérmico y villa cultural maorí de Te Puia, al sur de la ciudad a unos 3 kms del centro, una de las joyas de Rotorua tanto por los géiseres como por la influencia de la cultura maorí, que aquí alcanza el 35% de la población. Por estar alojado en el YHA me ahorré 5 NZD=3,19 € pagando finalmente 43,70 NZD=27,89 € (lo dicho no hay entrada barata en Nueva Zelanda) llegando a tiempo de unirme a la visita guiada de las 4 de la tarde. El guía fue de lo más simpático en la hora y media que duró la visita, pudiendo seguir bastante bien las explicaciones (voy a ser optimista y decir que me enteré del 60 ó 70% de lo que dijo).
Comenzamos el recorrido por las tallas de los dioses protectores maoríes y la casa de reuniones en la que asistimos a una actuación e incluso se representó una “haka”, el típico baile guerrero maorí, de la que los espectadores (incluido yo) formamos parte, dando lo mejor de nosotros mismos 😀 . Recorrimos más construcciones maoríes como el pueblo de Pikirangi o la casa de los kiwis (sin suerte a la hora de ver al escurridizo pájaro), antes de avanzar a la parte geotérmica, con la impactante laguna de barro en ebullición de Ngamokaiakoko y el famoso géiser Pohutu, que puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura (en mi caso no lo vi llegar tan alto). La tarde estaba de lo más agradable y la visita fue todo un acierto, recorriendo también los senderos fuera de la zona guiada con más lagunas de barro (como Wairewarewa) y lagunas termales como Waiparu o Ngararatuatara, donde es costumbre aprovechar el agua hirviendo para cocinar en ella.
Como veis los nombres maoríes no son nada sencillos, pero si me marqué un buen tanto delante de todos cuando el guía nos pedía pronunciarlos y a mí, a diferencia de los angloparlantes, no me costaba en absoluto dado que las vocales se dicen igual que en castellano. Para más información os dejo el enlace del parque Te Puia, en inglés, para quien quiera echarle un ojo. Ya al salir y algo cansado desistí de acercarme al lago yendo al albergue (previo paso por el “Pak n`Save” de la localidad), para cenar tranquilamente de lo comprado, dar señales de vida a mi familia y gestionar los alojamientos de mis próximos pasos hasta Wellington (iré hablando de ellos cuando toque). Sin la menor duda acabé muy satisfecho con la jornada y con lo vivido, que como me gusta decir, ya no me lo puede quitar nadie 😉 .
DÍA 6- A NATIONAL PARK POR TAUPO
Relativamente temprano me puse en marcha para recorrer la primera etapa de este día, que me llevaría a Taupo, avanzando unos 50 kms por la carretera 5. Al igual que en trayectos anteriores los bosques frondosos se alternaban con grandes extensiones de granjas (ovejas por doquier), dejando también a un lado el parque geotermal de Wai-O-Tapu (el cual no visité ya que creo que debía ser similar a Te Puia). Pasado el pueblo de Wairakei la carretera 5 se une a la 1 pudiendo rodear Taupo si se desea o seguir en dirección a las cascadas de Huka, accediendo a la ciudad por Tongariro Street. Justo antes de entrar me detuve en un pintoresco mirador que permite hacerse una idea de la situación de la pequeña Taupo, que cuenta con unos 22.000 habitantes, a los pies del enorme lago del mismo nombre y que rellena la caldera de un volcán formado hace miles de años.
La lista de actividades a realizar aquí es infinita, ya sea piragüismo, vela o kayak en el lago, deportes de aventura en el río Waikato (hay una zona de rápidos) o paseos y rutas por áreas como Craters of the Moon o las Wairakei Terrace (todo ello de pago), por lo que elegí la opción gratuita de visitar las cascadas de Huka, sabiendo de una zona de baño libre y agua caliente gracias a los manantiales geotérmicos de la zona. Para ello, ya en la ciudad, giré a la izquierda por Spa Road hasta llegar al Spa Thermal Park donde se puede aparcar y empezar una ruta de 2 horas aproximadamente (ida y vuelta) hasta la cascada. Hacer constar que, si no se dispone de tiempo, antes de llegar a Taupo, hay un desvío para ir directamente a las cascadas.
La caminata es preciosa, dejando la zona de baño (Hot Springs) al inicio desde el parque, con subidas y bajadas que siguen el cauce del río Waikato, ofreciendo magníficas vistas cada vez que la frondosa vegetación se abría. Además, la vereda por la que discurre es amplia, bien marcada y no supone una gran exigencia física, mereciendo la pena en general. La cascada tiene una fuerza y un caudal brutal, existiendo un puente que une el parking del acceso directo con esta ruta desde la que se observa a la perfección. Ya en el camino de vuelta me relajé en la zona de baño, intercalando ratos de agua caliente con brazadas en la fría, mientras comentaba la jugada con otros viajeros. De nuevo en la ciudad comí un rico pollo teriyaki de estilo tailandés en el restaurante “Lotus”, situado en el 137 de Tongariro Street, por 11,50 NZD=7,35 €, siguiendo la sobremesa con una vuelta por el lago Taupo (Lake Terrace).
Mi viaje continuaba por la carretera 1, rodeando buena parte de los 193 kms que el lago tiene de perímetro (concretamente hay 50 entre Taupo y la población de Turangi), parando donde me apetecía para acercarme a la orilla y contemplar las vistas del lago desde diferentes ángulos. Desde esta población se toma la carretera 41 apenas 3 kms y se coge la 47 que llega hasta National Park (otros 50 kms este último tramo), trayecto en el que el paisaje cambia por completo, dejando el lago Rotoaira a la izquierda y cruzando el Tongariro National Park con las inconfundibles siluetas de los cráteres volcánicos del Ngauruhoe y el Ruapehu a lo lejos, todo un espectáculo. Durante la última parte estuve acompañado de dos alemanes que hacían autostop y a los que recogí en Turangi, una práctica común y relativamente segura en Nueva Zelanda, que además dio al traste con mi idea original de compartir gastos de combustible con otros viajeros que conociera en los albergues (en una suerte de blablacar improvisado), acabando por hacerlo gratis.
Al atardecer llegamos al asentamiento de National Park, un pequeño pueblo que hace de base para todo tipo de excursiones por la zona con diferentes albergues y hospedajes, si bien apenas cuenta con una tienda de comida en la gasolinera, por lo que llegar aquí con provisiones suficientes es una buena idea 😉 . Tanto mi albergue como el de los alemanes era el de Hostelling International (YHA National Park, 4 Finlay Street), reservando días antes una plaza en una habitación de 8 con baño compartido, cocina común equipada, un pequeño rocódromo, lavandería y wifi de pago (incluso siendo socio), no tan bien como el de Rotorua pero suficiente, pagando 52 NZD=33,21 € por dos noches. Por último, reservé en recepción el autobús que lleva al punto de inicio (y recoge desde el que termina, costando 28 NZD=17,88 €) del trekking de un día más famoso del país, el Tongariro Alpine Crossing, objetivo para la jornada siguiente. Poco a poco y entre charlas con los planes de cada uno de los compañeros de habitación me entró el sueño sin que me resistiera mucho, pues el esfuerzo que requeriría la travesía de mañana merecía el descanso.




























