
DÍA 13- LA ROCA DORADA
Como breve recordatorio, veníamos en tren desde Kalaw y Thazi en “upper class”, con asientos acolchados, ventiladores en el techo y ventanas abiertas (7.300 MMK=6,26 € el billete). La noche la pasamos en el tren, durmiendo algo a ratos, pues el movimiento del tren era bastante fuerte. Con el amanecer pudimos comprobar que el recorrido era llano, con paisajes más húmedos e incluso arrozales. Hacer constar que en el tren no había coche-cama, sí que tenía baño (básicamente un agujero a la vía), y posibilidad de comprar te o café y tentempiés a algún vendedor que pasaba por los vagones.
Llegamos a Bago sobre las 11 de la mañana, cuando lo previsto era a las 12, toda una sorpresa. Pese a ello, el recorrido de 450 kms desde Thazi llevó 13 horas, lo que da una media de 35 km/h, pero quedó claro con los vaivenes que el estado de las vías birmanas no permitía ir más rápido, de lo contrario, descarrilaría.
Exploramos las opciones para llegar al pueblo de Kinpun o al de Kyaiktiyo, no tan próximo, pero más grande y con más servicios. Los taxistas nos ofrecían transporte directo por 60 $=53,10 €, eligiendo ir en mototaxi a la estación de autobuses (500 MMK=0,43 € cada moto), donde en una taquilla compramos el billete a Kinpun finalmente, pagando 7.000 MMK=6 € por cada plaza. En unas dos horas, dormitando, llegamos al poblado de Kinpun, siendo prácticos y quedándonos en el primer sitio que vimos, junto a la terminal de camiones que subía a la roca dorada. Se trataba del Hotel Sea Sar, el peor con diferencia en el que estuvimos, 15 $=13,27 € la noche en habitación doble, desayuno básico incluido, baño en mal estado, limpieza mejorable y wifi en la zona común.
El día estaba siendo intenso, y ciertamente no paramos para aprovechar el tiempo al máximo y poder visitar la Pagoda de Kyaiktiyo, o como se la conoce coloquialmente, la Roca Dorada. Es un lugar de peregrinación y sagrado en el budismo birmano, cuyo punto principal es una roca de 7 metros en equilibrio con vistas abiertas.
Hay 11 kms desde la base hasta la cima, pudiendo ir andando en varias horas, o montar en los camiones con bancos habilitados para ir de pie en el remolque, como suena. No salen hasta que se llenan, cogiendo un sitio en la cesta de equipajes que lleva detrás, que me resultó menos agobiante, la verdad. Tarda unos 45 minutos en subir entre una frondosa vegetación y una sucesión de curvas, algunas de horquilla. Nos costó 2.500 MMK=2,15 € por trayecto y persona.
El camión te deja a cinco minutos del acceso, en el que los extranjeros deben pagar una entrada de 6.000 MMK=5,15 €. El lugar es precioso y muy especial, hay multitud de pequeños templos, estupas y motivos budistas, las vistas son espectaculares y la roca dorada, como tal, una locura, aguantando un equilibrio que daríamos por imposible. Había mucha gente y la inmensa mayoría eran birmanos, sobre todo visitantes, pero también algún monje en posición meditativa. En sitios así da la sensación de que es más fácil vivir el presente, y eso hicimos, disfrutar de cada rincón, observarlo de todos los ángulos posibles, sonreír y posar para alguna que otra foto que nos pidieron 😊.
Tanto es así, que cuando dijimos de volver ya no había camiones, que por lo visto acababan a las 6 de la tarde. Ya pensábamos que nos tocaba bajar andando, hasta que apareció un camión vacío que bajaba a trabajadores a las aldeas y aceptó llevarnos por el mismo precio, la suerte nos sonrió. Hacer constar que en la visita se debe ir descalzo y que existe un buen hotel en la parte alta, junto al recinto, llamado también Kyaiktiyo. De vuelta a Kinpun, cansados pero contentos, cenamos en un puesto callejero noodles y tofu por 1.000 MMK=0,85 € los dos, y compramos el billete de bus para el día siguiente a Yangón, que costaba 7.000 MMK=6 €. Sin duda, el día mereció la pena.
DÍA 14- EN BUS A YANGÓN
Temprano subimos al bus de la compañía Win Express, antiguo pero decente, con el aire acondicionado a tope como suele pasar por aquí, y prácticamente lleno. Tardaríamos unas 4 horas en llegar a la terminal de autobuses de Aung Mingalar (unos 175 kms), al norte del centro de la ciudad, con una parada para comer algo a mitad de camino.
Yangón, antes conocida como Rangún, es hoy en día la capital económica y cultural del país, si bien no la administrativa, que se movió hace ya años a la ciudad de Nay Pyi Taw. Cuenta con más de 5 millones de habitantes, por lo que es una gran urbe. Nuestra intención era alojarnos por el centro, para lo que negociamos con un taxi hasta dejarlo en 8.000 MMK=6,86 €. Le pedimos que nos dejara en una casa de huéspedes, que unos españoles nos recomendaron en el “slow boat” a Bagan, y de la que habíamos tomado nota.
Una vez nos confirmaron que tenían habitación no lo pensamos y no buscamos más, la Okinawa Guesthouse está muy bien ubicada, la habitación limpia, aire acondicionado, baño propio, mosquiteras en las camas, wifi y buen desayuno incluido, costando 30.000 MMK=25,75 € la doble por noche.
Para la tarde empezamos a recorrer la zona a pie, acercándonos a la Sule Paya, a apenas un par de calles del alojamiento, admirándola desde fuera (está en una rotonda) pero sin entrar. Costaba 3 $=2,65 €. Durante el camino con el taxi y ya al caminar quedó patente el abundante y caótico tráfico de Yangón, si bien, como siempre me da la sensación en el sudeste asiático, existe un orden dentro de ese caos 😊. A continuación, nos acercamos al jardín de Mahabandoola, un agradable espacio abierto con césped, donde se puede descansar mientras se observan los edificios coloniales, de la época francesa, que rodean el mismo, tales como el Ayuntamiento o la Corte penal, así como el Monumento a la Independencia.
El ambiente del parque era fantástico, con mucha gente charlando y jugando, no tardando en acercarse un grupo de jóvenes estudiantes locales para hablar en inglés, fueron de lo más simpáticos y dos de ellos, con los nombres “occidentalizados” de Harina y Stanley, se ofrecieron a acompañarnos a otra pagoda cercana, la Botahtaung Paya, a una media hora andando. Fue una magnífica ocasión para ver de cerca la vida en el centro de la ciudad y además de la mano de dos birmanos, sin que dejaran de contarnos cosas interesantes propias del país.
La entrada costaba también 3 $=2,65 € (para extranjeros) sin que se pudiese pagar en kyats. La Pagoda es dorada tanto por fuera como por dentro, pudiendo recorrer unos pasillos en donde se puede admirar lo que dicen es una reliquia de un pelo del mismísimo Buda, motivo por el que es muy venerada. Regresamos al centro en bus, cosa que de no ir con ellos no hubiera sido fácil, ya que los carteles están en birmano, el billete costaba 200 MMK=0,17 € y ¡no nos dejaron pagar!
Cenamos juntos en el restaurante local Danuphyu (Daw Saw Yi), que ellos conocían, y fue todo un acierto, muy bueno y por 12.500 MMK=10,73 € los 4, hubo que pagar a medias ya que no nos dejaron invitar, yendo al menos a propuesta nuestra a tomar unas cervezas a otro sitio donde por fin pagamos. Quedamos con ellos a las 10 del día siguiente, pues nos enseñarían otros templos importantes y sobre todo la famosa Shwedagon Pagoda. Compartir esa tarde con Harina y Stanley añadió mucho valor a la visita, hablando de multitud de temas, incluida la controvertida situación política del país, de la que aprendimos más que en el resto del viaje junto.
DÍA 15- VISITA A YANGÓN CON AMIGOS
Con nuestros nuevos amigos como guías, iniciamos la jornada con la visita a dos tempos principales de la ciudad, ubicados casi uno enfrente del otro al norte del centro. Para movernos usaríamos los autobuses locales gracias a ellos y no nos dejarían pagar ninguno, como para quejarse. El primero costó 200 MMK=0,17 € y en unos minutos nos dejó en la Ngahtatgyi Paya, del que destaca su gran Buda sentado, impresionante por tamaño, aunque no menos que el Buda tumbado gigante de la Chaukhtatgyi Paya, al otro lado de la carretera. Ambos son gratuitos.
En todo momento Harina llevó la voz cantante explicándonos sobre la cultura y tradiciones budistas, al practicar ella esta religión, mientras que Stanley pertenecía a la minoría cristiana birmana. Volvimos al centro en bus (100 MMK=0,08 €) recorriendo el mercado local de Bogyoke Aung San, muy interesante con puestos de ropa, recuerdos, joyería, un poco de todo, en definitiva. Cuenta con una zona de restaurantes, donde comimos por 1.500 MMK=1,29 € cada uno el clásico arroz frito con vegetales, pollo y cerdo. Al igual que el día anterior, sólo nos dejarían invitarles a tomar algo a última hora.
Muy cerca estaba la Catedral Holy Trinity, el templo cristiano de referencia en Yangón, donde descansamos un rato mientras Stanley nos ponía al día de esta religión en Myanmar. Desde allí y con mucho calor, anduvimos hasta el lago Kandawgyi, quizás sobre media hora. Los extranjeros pagan una entrada de 2 $=1,77 €, siendo un sitio muy agradable, con mucha vegetación y pasarelas de madera desde las que hay muy buenas vistas tanto del propio lago, como de las enormes reproducciones de la barcaza real.
Lo que quedaba de tarde, la puesta de sol e incluso las primeras horas sin luz, las pasaríamos en el lugar más icónico de la ciudad, y puede que del país, la Shwedagon Pagoda. Quedaba muy cerca a pie desde el lago, teniendo que pagar sólo los extranjeros la cantidad de 8.000 MMK=6,86 €. Es una visita totalmente imprescindible. Si bien la pagoda principal domina el complejo, con sus 98 metros de altura, hay otras muchas más pequeñas en los alrededores, todas ellas con un denominador común, se encuentran recubiertas de pan de oro, lo que las hace deslumbrantes.
De nuevo las explicaciones de nuestros amigos, Harina principalmente, sirvieron para construirnos una imagen más real de lo que la pagoda significa para los birmanos, pudiendo sacar mucho más jugo a la visita. Paseamos con mucha relajación, observando el ajetreo de las muchas personas que allí estaban, sobre todo locales, sentándonos a disfrutar de la puesta de sol cerca de unos monjes en meditación y comprobando como al anochecer cambia toda la escena con la iluminación artificial.
Como curiosidades, me llamó mucho la atención los diferentes puestos de los días de la semana, donde la gente puede hacer ofrendas según su día de nacimiento, así como que la Estupa esté coronada por unos diamantes, que, dando con el ángulo adecuado de observación, producen unos reflejos. Como era de esperar, gracias a Harina, pudimos verlos.
Volvimos en taxi (2.000 MMK=1,71 €) al centro, concretamente al barrio de Chinatown, muy animado y con una diversidad de puestos callejeros casi ilimitada. Cenamos allí unos noodles y curris por 4.000 MMK=3,43 € todos, yendo a tomar algo después por la misma zona. Llegó el momento de despedirnos de nuestros amigos, eternamente agradecidos, pues fue todo un lujo contar con ellos durante nuestra estancia en Yangón. Si pudimos aprender y disfrutar tanto de esta ciudad, fue en buena medida, gracias a Harina y Stanley 😊.
DÍAS 16 y 17- REGRESO A ESPAÑA
Con la aventura terminada, pedimos al alojamiento que llamara a un taxi para ir al aeropuerto, al precio fijo de 8.000 MMK=6,86 € a compartir con una suiza que también se marchaba. El aeropuerto está a unos 18 kms del centro, y debido al tráfico lo mejor es salir con tiempo para evitar imprevistos. Lo demás os lo podéis imaginar, avión de Air Asia a Bangkok, unas horas allí y vuelo principal a España vía Moscú de Aeroflot, aterrizando en Madrid a la mañana siguiente.
Myanmar fue sin duda un viaje muy auténtico tanto para mi hermano como para mí, animando a quien se lo piense a visitar esta tierra, donde pese a todo lo que se dice encontramos amabilidad, principalmente. Como es lógico y por la situación política, hay que comprobar que las recomendaciones del Ministerio lo permitan, pudiendo al menos haceros una idea de cómo puede ser mediante este relato. Esa es mi intención 😉.
Pasamos el tiempo en los aviones entre animadas charlas y con mucho que comentar al estar todo “fresco” en nuestras mentes, satisfechos, con nuevos amigos y también, por qué no decirlo, ganas de llegar a casa. ¡Gracias por haber llegado hasta aquí y hasta la próxima!






































