MM-3, LAGO INLE Y KALAW

DÍA 8- ÚLTIMO AMANECER Y VUELO A HEHO

Aterrizamos en el sencillo aeropuerto de Heho tras el vuelo de 40 minutos de Golden Myanmar ya comentado (50 $=44,24 € el billete), teniendo que coger un taxi como mejor opción para llegar a la población de Nyaungshwe, base de operaciones para las visitas a la zona del lago Inle. El precio se quedó en 25.000 MMK=21,45 €, que compartimos con un americano. El trayecto fue de más de media hora para recorrer unos 32 kms entre las dos poblaciones, con bastantes curvas y entre el característico paisaje seco de la estación, teniendo que pagar 10 $=8,85 € por persona como tasa turística por visitar la región, en una taquilla por la que pasamos a modo de peaje.

Habitación del hotel
Restaurante Aurora

Acompañamos al americano hasta su hotel, preguntando por si había habitación libre, quedándonos por 25 $=22,12 € la doble por noche. Fue, probablemente, el mejor alojamiento en el que estuvimos, el hotel Manawthukha, con baño, wifi y desayuno incluido, muy limpio.

El pueblo es pequeño y no tiene pérdida, encontrando el sencillo restaurante local “Aurora” para comer, en este caso ensalada de aguacate, patatas al curry y limonadas por 5.000 MMK=4,28 €, todo buenísimo. El resto de la tarde deambulamos por el pintoresco mercado de Mingala, con sus coloridos puestos de frutas y verduras, echando el ojo también a las múltiples agencias para ver los precios de excursiones.

Mercado de Mingala

Fue en la agencia “Zodiac”, junto al mercado, donde contratamos la excursión por el lago Inle en barca, pagando 15.000 MMK=12,87 € cada barca, con capacidad de hasta 4 personas (no incluye comida). Asimismo, y para asegurar los siguientes pasos, decidimos optar por la caminata a Kalaw con guía de 42 kms y dos días, comida y alojamiento incluido, que fue toda una experiencia como contaré más adelante. El precio, 50 $=44,24 € cada uno.


DÍA 9- EXCURSIÓN POR EL LAGO INLE

Inicio de la excursión

Sobre las 8 de la mañana y tras el buen desayuno del hotel, nos esperaba nuestro guía para acompañarnos a pie hasta la zona de las barcas. En un rato estábamos frente a un estrecho arroyo, junto al pueblo, atestado de embarcaciones con diferentes productos, listos para desembarcarlos o venderlos allí mismo. Poco a poco nos fuimos abriendo camino entre ellas y saliendo al afluente principal que desemboca en el lago. Nuestro barquero apenas hablaba inglés, destacando de la embarcación lo cómodo que se iba en las sillas con cojines viendo todo, así como que había espacio suficiente, la única pega, lo ruidoso del motor. Un sombrero o gorra es imprescindible aquí.

Foto con propina

Saludando a todo con el que nos cruzábamos navegamos hacia el lago, parando justo a la entrada con el típico pescador, convenientemente ubicado, realizando la postura tradicional de lanzamiento de la red a cambio de propinas. La verdad es que esta excursión fue una excelente manera de conocer la vida en torno al lago Inle, pero también es cierto que casi todas las visitas y paradas tuvieron un componente comercial, sin sentirnos agobiados en ningún momento, quedando a elección del visitante el grado de implicación.

La primera parte del recorrido fue muy pintoresca, con al agua en calma total, vistas de las montañas difuminadas por la bruma y una vida abundante, ya fueran pescadores “reales” D) , traslado de mercancías o pasajeros y bastantes turistas. Nos dirigimos al extremo sur del lago, callejeando por los canales del pueblo de Inn Paw Khon, construido sobre el agua, y parando en unos telares artesanales de seda y algodón llamados Khit Sunn Yin. La visita fue interesante y como era lógico, con su correspondiente tienda, donde si que me llevé un pañuelo, pese a los precios altos.

Continuamos por canales más estrechos hasta el taller de construcción de las embarcaciones locales con madera de teca, donde nos explicaron el proceso e igualmente hay puestos para comprar. De allí nos llevaron al restaurante, en otra pequeña villa, llamado “Blue Sky”, pagando 5.000 MMK=4,28 € por noodles y tortilla. Lo mejor, la anécdota de ser invitados por un grupo de birmanos a probar su comida y a hacernos fotos. 

Típicos paraguas de papel
Canales secundarios

Seguíamos navegando por las calles de esta aldea, conociendo el taller local de plata en primer lugar, y otro donde se confeccionaban unos típicos y bonitos paraguas de papel. En ambos se podía comprar, insistiendo en la idea de que nadie presionaba ni eran pesados. En este segundo también pudimos estar con unas “mujeres jirafa”, como se conoce a las mujeres de una etnia birmana que van sumando aros alrededor del cuello, forzando su alargamiento. Como con el pescador del inicio, se hacían fotos con quien quisiera esperando alguna propina.

Para el final quedaron las visitas a los templos, comenzando por la elegante Pagoda Phaung Daw On, con una muy buena vista exterior y sus embarcaderos alrededor. El interior con menos decoración que en otros sitios y mucha gente realizando ofrendas. Pudimos pasear alrededor, ver la barcaza para los días señalados y tuvimos que pagar una tasa de 500 MMK=0,43 € por la cámara de fotos. La última parada fue en el monasterio de Nga Phe Chaung, al que llegamos navegando de nuevo hacia la salida al lago por estrechos canales, entre plantaciones, islas flotantes y demás, sin diferenciar, muchas veces, donde estaba la orilla. La construcción, de madera, contaba con un buen nivel de detalle, pequeñas estupas, varios Budas y… ¡muchos gatos!

Con la agradable navegación de vuelta terminó esta jornada, sobre las 4 de la tarde, en la que descubrimos la particular forma de vida en torno al lago y no compramos mucho pese a las múltiples oportunidades. Sólo nos quedaba ya relajarnos y cenar de nuevo en el Aurora, que a estas alturas era una apuesta segura 😊.


DÍA 10- SENDERISMO A KALAW, 1ª PARTE  

A primera hora nos presentamos en la agencia “Zodiac”, como punto de encuentro, para conocer a nuestro guía, Aung (o así sonaba pronunciado), un tipo joven, delgado y de típicos rasgos birmanos, muy simpático y con un buen nivel de inglés que hizo muy fácil la comunicación. Enseguida hicimos piña e iniciamos la marcha.

Saliendo de Nyaungshwe

Esta ruta a pie es muy popular entre los visitantes de esta región, con la particularidad de que la haríamos al revés que la mayoría debido a la altitud, pues nosotros subiríamos en vez de bajar, sobre todo en la primera etapa, de unos 15 kms de los 42 que hay en total hasta la población de Kalaw. Esto deja una segunda etapa más llana de 27 kms para completar el maratón. Recuerdo que pagamos 50 $=44,24 € cada uno, incluyendo la comida y el alojamiento, pero no la bebida, lo que no supuso ningún problema.

La primera parte la hicimos navegando por el norte del lago y luego por pequeños canales hasta la aldea de Than Taung, donde desembarcamos. Desde aquí fuimos a pie, cruzando pequeños poblados donde saludábamos a todo el mundo, observando las cabañas locales de juncos o pasando por un bosque de bambú. Paramos a tomar un té en la villa de Taung Kyar Hlet y empezamos a ir ganando altitud. En todo momento mantuvimos una animada conversación, en la que Aung nos explicaba multitud de aspectos de la cultura birmana, que nos sirvieron para aprender mucho de la vida local.

En la zona que se cruza vive la etnia Shan, una de las muchas que conviven en Myanmar, parando en un pequeño poblado a comer en una cabaña tradicional, noodles en sopa y pagando sólo por el agua. Tras ello seguimos por aldeas de los Shan, en las que el birmano ni siquiera es la lengua más utilizada, con bastante calor, pero igualmente animados.

Con el guía Aung

Durante el recorrido disfrutamos del paisaje, si bien dada la estación seca no teníamos la mejor visibilidad por la omnipresente bruma, además del humo provocado por quemar rastrojos, habitual en la estación seca, según nos contó Aung. Más interesante fue el aspecto cultural de los Shan, siendo testigos de su sencilla forma de vida en pequeñas aldeas que no tienen ni agua, como es normal aquí, teniendo que ir a buscarla en cántaros a donde toque. Las miradas hacia nosotros mezclaban curiosidad y asombro, que pasaban rápido a sonrisas. No nos cruzamos con ningún otro grupo de visitantes, ni de bajada ni de subida, encontrando menos vegetación conforme ganábamos metros, con tonos más rojizos y algunos cultivos y grupos de ganado.

Sobre las 5 de la tarde (empezamos a las 8 de la mañana) llegamos al antiguo colegio del pueblo donde nos alojaríamos, Pat Tu Pauk. El sitio era muy simple, con esterillas en varias salas con almohadas y mantas, teniendo una para nosotros solos. El baño común es justo como estáis imaginando 😉, lo más elemental, estando la “ducha” en una estructura de madera sin puerta, donde había un bidón de agua y su correspondiente cazo para echártela por encima, una experiencia.

Cena excelente
Y momento de asueto

La cena fue un espectáculo, con muchos platos pequeños como tofu, arroz, tomates con cachuetes, todo muy bueno. Allí coincidimos con viajeros que conocimos en el barco a Bagan, que venían haciendo e recorrido de bajada, tomamos algunas cervezas de la marca “Myanmar”, alguien apareció con una guitarra y bueno… que se montó así sin más una pequeña juerga D) , pero sin desfasar que al día siguiente había mucho que andar.


DÍA 11- SENDERISMO A KALAW, 2ª PARTE

Alojamiento en Pat Tu Pauk

  A las 7 de la mañana, con un ambiente mucho más fresco al estar más altos y tras un desayuno muy completo, estábamos listos para empezar los 27 kms que teníamos por delante hasta Kalaw. Con un perfil de etapa más accesible, caminamos a buen ritmo por más villas de la etnia Shan, entre campos sembrados y un terreno árido y rojizo y buena conversación con nuestro guía, que nos hizo ir bien atentos a raíz del comentario “las serpientes venenosas y cobras pueden aparecer en esta zona”, verdad o no, los ojos bien abiertos (no apareció ninguna desde luego). Tampoco faltó un par de paradas técnicas para tomar un té y descansar.

Paisaje de la 2ª etapa

Conforme avanzaban las horas la temperatura subió rápido y nos fuimos quitando los cortavientos y chaquetas. Los pueblos por los que pasábamos iban siendo algo más grandes, comiendo en uno de ellos noodles y tofu muy sabrosos. Incluso en varios tramos tuvimos que dejar los senderos y hacerlos por la propia carretera. Como punto destacado paramos a visitar una cueva, de la que no pude saber su localización y nombre, cuya entrada costó 1.000 MMK=0,85 € cada uno teniendo que ir descalzos. Dentro había pasillos con varios Budas, estupas e iconografía budista, estando un buen rato ya que nos gustó bastante, paseando a continuación por una serie de estatuas que había en las cercanías y un grupo de estupas blancas y doradas.

Quedaba un último tramo en el que el paisaje cambió por completo, cruzando un pinar con el suelo lleno de hojarasca seca, hasta enfilar la bajada por la que entramos a la población de Kalaw, sobre las 3 de la tarde. El alojamiento, reservado en la propia agencia, era el Rail Road Hotel, que como era de esperar se encuentra junto a la estación de ferrocarril, lo que lo hace muy conveniente para continuar el viaje. Costaba 20 $=17,70 € la noche en habitación doble, ordenada y limpia, con nevera, ventilador en el techo, baño propio, wifi que no iba bien y desayuno incluido.

La tarde fue para descansar de la caminata, relajarnos en una zona común del hotel y dar una pequeña vuelta con la intención de informarnos de los trenes a Bago (se compraba el billete al momento el mismo día, por lo que nos dijeron), cambiar dinero en un banco y cenar en un kebab indio que fue un auténtico desastre ☹, por 7.000 MMK=6 € los dos.

Como valoración final, el “trekking” fue un acierto, es una buena oportunidad de acercarse a zonas más rurales y conocer a la etnia Shan, si bien la época seca hace que el paisaje no esté en todo su esplendor. Por supuesto, si además se va con un excelente guía, como Aung, del que nos despedimos a la llegada al hotel, la experiencia ganará muchos puntos.


DÍA 12- LARGO VIAJE EN TREN

Estación de Kalaw
Taquilla manual

Sin prisa, aparecimos por la estación de tren un buen rato antes de la salida prevista, que era a las 11:30 horas. En las taquillas de la estación y a mano, nos hicieron los billetes hasta la estación de Bago, pagando 7.300 MMK=6,26 € cada uno en “upper class”, con asientos acolchados, ventiladores en el techo y ventanas abiertas.

Salida del tren
Interior del tren

Elegimos el ferrocarril combinado con el autobús para llegar a la Roca Dorada, probando así los trenes birmanos, que para sorpresa cumplieron bastante bien los horarios establecidos. En la web The Man in Seat 61, que he usado en muchas ocasiones, se podrá encontrar información más amplia al respecto. El trayecto tendría dos etapas, Kalaw-Thazi de 11:30 a 19 horas (llegó incluso antes de lo estipulado), una parada de unas 3 horas en esta población, y la parte nocturna desde Thazi (salía a las 22) hasta la parada de Bago (previsto a las 12 del día siguiente), desde la cual buscaríamos el bus a Kinpun, pueblo más cercano al famoso paraje (otras dos horas).

Puntuales iniciamos el recorrido de forma lenta, pues es zona de montaña, atravesando pequeños pueblos donde se paraba. Comenzaba así una frenética actividad de subir y bajar tanto pasajeros como mercancías, además de poder comprar comida y bebida desde las propias ventanas sin bajarte, y aunque se baje, desde que da la pitada de salida hasta que se pone en marcha, habría que estar más que despistado para perderlo 😊. El tren iba con bastante gente, los cambios de aguja fueron frecuentes y a mano y pudimos disfrutar de buenas vistas desde zonas elevadas y algún puente, pasando después a una zona más llana que permite acelerar hasta Thazi, donde llegamos con antelación.

Estación de Thazi

Aprovechamos la espera para dar una vuelta por los alrededores de la estación y cenar algo, antes de acomodarnos en el vagón ocupando dos asientos cada uno, pues el tren iba casi vacío e intentaríamos dormir algo, cosa que fue difícil debido al movimiento. Salimos a las 22 horas tal y como figuraba en los carteles de la estación.

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