
DÍA 5- TRASLADO A THINADHOO EN FERRY
A bordo de un ferry más aireado que el anterior y con posibilidad de ir en el techo, navegamos durante casi 4 horas desde Maafushi a Thinadhoo (recuerdo que costó 53 MVR=3,23 € cada uno), en el corazón del atolón de Vaavu, dando la sensación de que cada vez el agua era más transparente y las islas más salvajes y menos urbanas, con playas vírgenes y zonas de selva y jungla entremezcladas con pequeños pueblos, esa fue la impresión que nos dio la isla de Fulidhoo, parada previa a Thinadhoo, ya en Vaavu.
Comimos en el ferry algo de “comida basura” que compramos en Maafushi, haciendo constar que se pueden adquirir bebidas y alguna cosilla más a bordo. El día era estupendo para pasar la mayor parte del trayecto en el techo, bien pertrechados de crema solar y prenda de cabeza, gozando de las vistas, del mar, del aire…en definitiva de estar en un paraíso, llegando a la isla de Thinadhoo pasadas las 3 de la tarde. A pie de muelle nos recibió Magda, una chica polaca que trabajaba en el Plumeria, nuestro alojamiento en la isla, poniéndonos al día de todo en sólo unos minutos con gran amabilidad. Una vez instalados tanto ella como Jose, un canario que está allí como instructor de buceo, nos dieron una charla referente a las excursiones que organiza el propio centro de buceo del hotel, que a decir verdad sonaban muy bien y a un precio asequible, sobre todo nos llamó la atención el buceo nocturno con tiburones, y es que fue oírlo y tanto mi hermano como yo nos balanceábamos nerviosos ya en nuestras sillas 😀 , eso lo haríamos seguro, y fue al día siguiente.
Tengo que comentar que el trato con el personal del Plumeria fue exquisito desde el minuto uno, con el personal de cocina, de limpieza, los camareros y por supuesto mención especial para Magda y Jose, que nos hicieron sentir como en casa y con los que uno no se aburre. El Plumeria Guest House lo reservamos en booking y fue todo un acierto, de los mejores alojamientos en los que hemos estado, limpieza impecable, hasta dos veces al día la habitación y haciendo figuritas con las toallas, unos artistas vaya, aire acondicionado, nevera con minibar, TV (para quien la quiera una vez más), un pequeño balcón, baño completo, desayuno buffet incluido, wifi…no le falta de nada, además desde el balcón veíamos el mar, pues tienen dos edificios y nos alojaron en el más cercano a la playa, que también cuenta con mesa de billar, futbolín y hasta unas pequeñas bicis para darse una vuelta por la isla, en el otro está el comedor y hay una pequeña piscina que también podíamos usar.
Comentar por último que organiza traslados ida y vuelta al aeropuerto, gestionando nosotros la vuelta con ellos para un mejor aprovechamiento del tiempo. Estoy seguro de que tanto Josué como Monika se subirían también al carro del “affordable luxury”, como reza el lema del hotel, del que Miriam y yo nos declaramos admiradores 😊 . Dicho esto, el precio por noche y habitación doble fue de unos 122 $=116,67 €, impuestos incluidos (12% más el 10% por servicio más la tasa medioambiental de 3 $ por persona y noche), ya que en la factura viene todo desglosado incluyendo las excursiones (las pagamos al irnos y en su momento os hablaré de ellas) y sumando los impuestos al final.
Con todas estas emociones nos fuimos a la bikini beach de la isla, bien señalizada y muy amplia, junto a la zona de selva de la isla, todo un paraíso de aguas totalmente cristalinas con la vegetación llegando casi hasta la orilla, buceando en el cercano y precioso arrecife que rodea la isla y notando, eso sí, una corriente más bien fuerte con la que conviene jugar a favor como Jose nos explicaría bien después. Una tortuga y una raya se dejaron ver aparte de las casi infinitas especies de peces tropicales que abundan por doquier. Con la inolvidable imagen del atardecer desde la misma playa, pues tiene orientación oeste-suroeste, volvimos a asearnos y cenar en el elegante buffet que el hotel tiene en la playa para los días de buen tiempo, con comida de sobra y ¡una mesa entera de postres! 😛 , todo por 15 $=14,34 € ó 243 MVR por persona (pagamos en Rufiyaas 486 MVR por los dos) y como os podéis imaginar la atención del personal inigualable.
Todavía nos quedaba un plato fuerte, acudir al puerto hacia las 22 horas para ver los tiburones que se congregan allí al tirar los restos orgánicos de comida, haciéndonos una idea de lo que viviríamos al día siguiente, pero en otro sitio y en el agua con ellos. La mayoría de los que vimos fueron tiburones nodriza, alguno de ellos de más de 2 metros, apareciendo también algún puntas negras de arrecife más bien pequeño. La impresión que nos formamos de la isla es que iba a calar en todos nosotros, como así fue, asemejándose más a la idea de Maldivas y paraíso que teníamos en la cabeza, con su pequeño pueblo con una amigable población local, su zona de frondosa vegetación y sus aguas y arrecifes ideales para el buceo. En resumen, un lugar para desconectar de nuestras ajetreadas vidas e imitar a los locales en su nivel de relajación, y si encima todo el mundo te trata superbién y hay comida suficiente ¿qué más se puede pedir?
DÍA 6- SNORKEL Y TIBURONES, BUENA COMBINACIÓN
Y llegó el momento esperado 🙂 , a las 17 horas embarcamos en uno de los barcos propios del Plumeria (todos están impecables) en dirección al muelle del resort “Villa Bravo”, a una media hora de navegación hacia el noroeste, para vivir la experiencia del buceo con tiburones, que costó 35 $=33,50 € por persona con equipo e impuestos incluidos. Todavía con algo de luz nos metimos en el agua y en muy poco tiempo se dejaron ver los primeros tiburones nodriza, que bien podían medir 2 metros o más, después puntas negras de metro y medio, rayas, peces casi tan grandes como algunos tiburones, un ejército de langostas bajo el embarcadero y hasta un venenoso pez león.
Felices con el desayuno nos fuimos directamente al agua para bucear en la pared del arrecife siguiendo el recorrido a favor de la corriente que Jose nos había recomendado, entrando por un canal despejado de coral y muy visible desde la playa más cercana al hotel, que no es bikini beach, si bien con una camiseta de agua para ellas fue suficiente, saliendo después por otro canal, no tan claro el primero, cerca de donde empezaba la bikini beach. Entre un punto y otro se va en la dirección de la corriente y en la zona donde el arrecife se pierde de vista en la profundidad, que sin duda es una de las que más vida tiene y donde más posibilidades hay de ver animales grandes, como así fue, pues nada más llegar a la pared nos recibió un águila de mar con su majestuoso vuelo acuático, disfrutando después de los clásicos peces loro, unicornio y muchos más cuyos nombres desconozco (no es que sólo hubiera loros y unicornios. Algún pequeño tiburón de puntas negras se dejó ver también en la segunda pasada que dimos.
En el alojamiento se puede alquilar material para esnórquel, además de la posibilidad de coger toallas para la playa sin cargo extra. Con la mañana bien aprovechada fuimos a comer a un restaurante local que hay en el centro del pueblo, yendo desde el hotel al puerto se debe girar a la izquierda a la altura de la mezquita. Es, prácticamente, el único sitio fuera del hotel donde se puede comer, junto a un pequeño local a la derecha de la mezquita. Me referiré al mismo como el “Green & Black Café” sin saber si era su nombre o un simple anuncio, pidiendo arroz (no hay carta y las opciones son sencillas, arroz o noodles), que estaba muy bueno, aunque picante (si se dice no picante no habrá problema, como ya hicimos al día siguiente) y económico, 6 $=5,74 € por barba con la bebida, un aperitivo que nos pusieron y fruta de postre, además de un excelente servicio una vez más.
Permanecimos allí buceando entre ellos hasta casi tocarlos en algunas ocasiones, durante un buen rato e iluminando los guías con linternas además de los propios focos del muelle cuando llegó la oscuridad, sin duda nosotros vimos un auténtico sueño cumplido, mientras que ellas mostraron su versión más valiente y lo disfrutaron por completo, siendo una experiencia inolvidable para los cuatro, que sólo podemos recomendar encarecidamente. Hacer constar que la corriente fue bastante fuerte si bien los guías estuvieron pendientes en todo momento, portando incluso aros salvavidas para que los más inexpertos no tuvieran que hacer grandes esfuerzos, así pues, la organización estuvo sobresaliente, algo que ya no nos sorprendió a esas alturas.
Todavía maravillados regresamos a Thinadhoo y nos dimos un merecido homenaje en la cena temática maldiva del hotel en la playa, con buen pescado local entre otras cosas, pagando en Rufiyaas en esta ocasión (486 MVR=29,65 € la pareja) y encima con el colofón de un espectáculo de música tradicional en directo, dando los españoles el cayo para variar y saliendo al escenario de los primeros y sin necesidad de alcohol 😀 . La verdad es que fue una jornada para recordar y aprovechada al máximo.
DÍA 7- RELAX EN THINADHOO
Sin grandes planes a la vista y con la única idea de pasar el día tranquilo en la isla marchamos a la bikini beach, en su extremo suroeste, por lo que atravesamos la zona de selva en pocos minutos y nos acomodamos al final de las palmeras y junto a la orilla. El lugar es de postal, con la característica arena que deslumbra y las mencionadas palmeras a escasos metros de un agua que no podía ser más cristalina, como en toda la isla vaya, y por si encima no tuviéramos suficientes alicientes resulta que la playa estaba a tope de tiburones de aleta negra pequeñitos, que nadaban tranquilamente sin apenas fondo. Enseguida nos metimos en el agua y con mucha paciencia y movimientos lentos conseguimos verlos de cerca y fotografiarlos bastante bien, incluso me crucé con uno que superaría el metro de longitud al avanzar un poco.



No nos aventuramos muy lejos por la fuerte corriente que además empujaba hacia fuera, pero con cuidado llegamos al borde del arrecife y a una zona llena de vida con bancos de peces de todos los colores y de lo más bonito. Intercalamos ratos de buceo con descansos en la arena y en la orilla, disfrutando a tope de la mañana y olvidándonos del resto del mundo, una maravilla la verdad. De regreso en el pueblo comimos por segundo día en el restaurante local, esta vez noodles y sin picante, todo muy bueno de nuevo, cobrándonos más que el día anterior (325 MVR=19,82 € por pareja) porque hubo pastel de postre.
Para la tarde continuamos con nuestra política de día tranquilo y simplemente dimos un paseo por el pueblo entrando en las 2 ó 3 tiendas que tiene y por supuesto regresamos a la playa para centrar nuestros sentidos en otra preciosa y espectacular puesta de sol, compartiendo buenos momentos allí 🙂 . El tiempo empeoró por el viento y la cena se sirvió en el comedor del hotel, pagando lo mismo que en anteriores jornadas. Con el objetivo propuesto de descanso y relajación más que cumplido, sólo nos quedaba hablar con Jose sobre las excursiones para el día siguiente, comentándonos que estaban a la espera del tiempo pero que tenían la intención de ir a algún famoso punto de buceo, por lo que Miriam y yo nos uniríamos de ser posible.
DÍA 8- BUCEAMOS EN “GOLDEN WALL”
Ya a primera hora de la mañana fuimos a ver a Jose que nos confirmó que había excursión y que ésta sería al punto de “Golden Wall” finalmente, junto a un grupo de rusos que estaban aprovechando para grabar un anuncio o algo (el precio para esnórquel fue de 25 $=23,95 € por persona e inmersión). Así que tras cargarlo todo en la embarcación del hotel, pusimos proa al sureste unos 30 minutos para llegar al lugar indicado mientras Jose amenizaba el viaje explicando tanto a los rusos, que irían con botella la mayoría, como a nosotros como sería el punto, todo combinando perfectamente diversión y profesionalidad, lo dicho, un genio 😉 .
Como es lógico fuimos a favor de la corriente bordeando “Golden Wall”, hasta llegar a un pasillo entre dos arrecifes, observando durante el recorrido un tiburón de puntas negras mediano, así como el característico coral que le da nombre porque parece dorado, impresionando la caída casi vertical de la pared sin que se llegue a ver el fondo. La corriente era fuerte, pero al ir en su dirección no supuso ningún problema y el guía para el grupo de esnórquel era un chaval de una isla vecina de lo más majo y atento que me rompió todos los esquemas cuando me contó que no todo el mundo sabe nadar en Maldivas.
Tras un buen rato buceando subimos a bordo, donde ya nos tenían preparadas las toallas, agua y hasta un poco de coco para reponer fuerzas, navegando de vuelta a la isla y teniendo la oportunidad de una segunda inmersión en el canal que separa la isla deFelidhoo de otro arrecife (si no me equivoco creo que se trataba del punto “Kuda Kandu”), pasando otro rato entretenido de esnórquel en el borde del arrecife, entre los típicos peces y en esta ocasión alguna morena y langosta pequeñas, con la experiencia del fuerte aguacero que nos pilló durante el trayecto en el agua, con el ruido de la lluvia golpeando la superficie del mar y los peces ganando algo de profundidad, de lo más curioso, agitándose bastante el oleaje en muy poco tiempo por lo hubo que subir a bordo con cuidado. Una vez más y sin que ya nos sorprendiera la organización de toda la excursión fue genial, los guías pendientes en todo momento y con Jose al mando, por lo que aburrirse era imposible, contando a la vuelta anécdotas e historias sobre las ventajas e inconvenientes de vivir en un sitio semejante.
Ya en Thinadhoo nos reunimos con mi hermano y Monika y como no hay dos sin tres acabamos comiendo unos sabrosos noodles en el restaurante local, despidiéndonos de sus simpáticos anfitriones tras ello y pagando lo mismo que el primer día. Era ya nuestra última tarde en la isla, tomándolo con total calma entre paseos, descansos obligados por las lluvias intermitentes, cortas y fuertes, la ya tradicional puesta de sol, aunque estuviera nublado e incluso alguna partidita de billar en el propio hotel. Cenamos en el comedor (por el viento no pudo ser en la playa) al precio habitual de 486 MVR=29,65 € los dos, pagamos la factura total con excursiones y extras incluidos y nos despedimos de Magda y Jose con una animada charla, y es que repito que nos sentimos muy cómodos en todo momento y todo fue muy fácil gracias a todo el personal del Plumeria en general, pero a ellos en particular, ¡todo un placer!
Por último, gestionamos la hora de salida del “speed boat” al aeropuerto y a preparar las maletas más bien tristes, dado que ello significaba abandonar una maravillosa isla en la que pudimos descubrir algunos de los mejores fondos marinos, así como desconectar totalmente, un lugar para volver.
DÍA 9- DESPEDIDAS Y AVIONES
Nuestro primer adiós del día fue en el propio puerto de Thinadhoo, a las 5.30 de la mañana y con parte del personal del hotel, despidiéndonos a pie de muelle, la guinda del pastel vaya, nos llevaron el equipaje e incluso nos dieron desayuno para llevar, todo un lujo. La lancha rápida del hotel está muy bien y en hora y media te lleva al aeropuerto (tardamos un poquito más porque en las zonas sin resguardo el oleaje se hacía notar), siendo los precios de 130 $=124,57 € para la ida y vuelta por persona y 65 $=62,28€ en el caso de necesitar sólo un trayecto, como a nosotros, lo que es un precio más que razonable a tenor de lo que habíamos visto por internet cuando organizamos el viaje.
Así que con una navegación entretenida y el amanecer por estribor nos plantamos en el aeropuerto de Male a las 7.15, con tiempo más que suficiente para que ellos cogieran su vuelo a Colombo y poder despedirnos 😀 . A nosotros nos quedaba un rato todavía, volando de Male a Londres Gatwick y de allí a Madrid, saliendo a las 11.40 y llegando a España a las 23.35, si bien hubo un importante retraso por la niebla en la capital británica y llegamos ya de madrugada y sin maletas, toda una historia que hizo que acabáramos reventados, pero para nada iba a empañar la felicidad que traíamos por dentro y que hace que nos planteemos muy en serio volver a este pequeño paraíso y con la titulación de buceo actualizada para disfrutar más si cabe y para desconectar de nuevo como lo hicimos. Y a los viajeros que tengáis dudas sobre ir o no a Maldivas ¡ni lo penséis!, adelante, espero haber podido ayudaros con este diario, ¡hasta la próxima! 😉









































