
Si uno reflexiona sobre cómo debe ser el paraíso, se le vendría a la cabeza una imagen parecida a la que podéis ver justo arriba, aguas transparentes, islas semidesiertas donde la frondosa vegetación tropical llegue casi hasta la misma orilla y una arena de lo más resplandeciente, un lugar donde relajarse y olvidarse de todos nuestros quehaceres diarios no sea tarea difícil…y todo esto es posible encontrarlo en Maldivas 😀 .
Para este viaje además de Miriam y yo mi aventurero hermano Josué, con el que ya he compartido varios viajes, y Mónika se unirían volando desde Londres vía Colombo con Sri Lankan Airlines, dado que vivían en Inglaterra. Maldivas nos sorprendió para bien, todos logramos desconectar totalmente por unos días y disfrutamos de un país que hace ya unos años se ha abierto a los visitantes de presupuestos medios y ajustados, dejando de ser el destino de luna de miel de antaño.
Vamos ya con mi usual batería de datos prácticos para organizar el viaje, observando en primer lugar la cultura musulmana de estas islas, que hace que se deba tener en cuenta que exista “bikini beach” en las islas a visitar para que las chicas puedan sentirse más cómodas, si bien en las playas que no lo eran buceamos igualmente y con que ellas usaran una camiseta de agua fue suficiente. En cuanto al clima de las islas es tropical y diciembre es temporada alta, nos encontramos con algo de lluvia (cortas y fuertes), pero con temperaturas muy agradables.
En lo que se refiere a la comida abundan las frutas tropicales que sí se cultivan en otras partes del país, dependiendo por lo demás de los hoteles sobre todo en las islas más pequeñas.
Requisitos de entrada, moneda y recomendaciones de viaje: con el pasaporte español o de otro país comunitario no es necesario visado para una estancia máxima de 30 días.
La moneda local es la rupia de Maldivas o Rufiyaa (MVR), que viene bien para pequeños gastos (cambiamos algunas en el aeropuerto de Male a 1 €=15,71 MVR), si bien es posible pagarlo casi todo en dólares americanos, que en ese momento estaba a 1 €=1,04 $, cambiando en España antes del viaje (enlace a xe.com).
No existen vacunas obligatorias, si bien un repelente de mosquitos es recomendable y sobre todo protección solar, además nosotros contratamos un seguro de viaje de la compañía Allianz en la propia página de Iberia por 70 € para los dos. La situación del país es tranquila en general, aunque hace un par de años hubo unas revueltas políticas que agitaron un poco la ciudad, lo mejor como siempre es informarse a través de las recomendaciones de viaje del Ministerio de Exteriores.
Itinerario: recorrido de 9 días (vuelos incluidos) que dividimos entre la isla de Maafushi y la de Thinadhoo en lo que resultó ser todo un acierto, pues para empezar ambas islas están comunicadas entre ellas y con la capital, Male, por la misma línea de ferry público, siendo la primera el centro del viajero independiente en el país y ofreciendo más posibilidades de alojamiento y excursiones (es más grande) y la segunda un lugar donde retirarse para disfrutar de sus aguas y sus playas más impolutas y cristalinas.
Transporte: gran oferta comprada con varios meses de antelación de British Airways (pero a través de la página de Iberia) de 388 € ida y vuelta con escala en Londres.
Para movernos entre islas usamos los ferris públicos y un barco rápido del hotel a la vuelta, con estos precios por persona:
- Aeropuerto-Male → 10 MVR=0,60 € (ferry público, 20` de duración).
- Male-Maafushi → 22 MVR=1,34 € (ferry público, 1h 40`).
- Maafushi-Thinadhoo → 53 MVR=3,23 € (ferry público, 3 h 30`).
- Thinadhoo-Aeropuerto → 65 $=62,28 € (lancha rápida, 1h 30`).
Hacer constar también que hay posibilidad de ir en hidroavión entre islas, rápidos y más caros (compañía Transmaldivian).
Alojamiento: dos alojamientos de rango medio, el Maafushi Village (en Maafushi, 105 $=100,48 € la noche la habitación doble) y el Plumeria Guest House (en Thinadhoo, 122 $=116,67 € la noche la habitación doble), ambos reservados en booking y con los que acabamos encantados tanto con el servicio ofrecido como con el personal, me extenderé más sobre ellos en sus respectivos capítulos.
Pues eso es todo, aquí tenéis nuestra experiencia en Maldivas en dos capítulos referidos a cada una de las islas visitadas e incluyendo las pocas horas que pasamos en la capital, que no tiene mucho que ver, al aterrizar, haciendo hincapié en la relajación y desconexión que experimentamos, en la amabilidad que la gente local nos demostró en todo momento y que en ocasiones superó las expectativas, echando en falta, como única nota negativa y siempre en mi opinión, la participación de las mujeres en la vida social de las islas. Y por supuesto los paisajes de playas paradisíacas bañadas de aguas tan claras como uno pueda imaginar, pues no en vano se dice siempre que lo mejor de Maldivas está bajo el agua… ¿nos vamos al paraíso entonces? espero que con este relato lo tengáis un poquito más cerca 😉 .





