
DÍA 13- 17/09/12 PASAMOS A LA ISLA DE SHIKOKU
Tuvimos que madrugar para coger el shinkansen de las 07:20. Para llegar a Matsuyama nos bajamos en Okayama (un poco más de una hora), donde cogíamos el tren Shiokaze, que entra en la isla de Shikoku por el espectacular puente Seto-Ōhashi, llegando a las 11:14 (en total casi 4 horas de viaje). Hacer constar que todos los trenes tienen su nombre, incluidos los shinkansen (nombre genérico de los trenes bala), donde los llamados Nozomi no entran en el JR Pass (viene toda la información en el folleto que os mandan a casa).



Matsuyama es la ciudad principal de Shikoku con una población de medio millón, destacando su castillo (de los mejores del país y no está en obras) y los baños termales (onsen) Dōgo, que son de los más antiguos. Nuestro alojamiento estaba cerca del Dōgo onsen, que queda al otro lado de la ciudad desde la estación JR, por lo que cogimos el pase de un día de los tranvías (la mejor opción para moverse), pues haríamos varios viajes (cuesta 400 ¥=3,94 €; viaje sencillo 150 ¥=1,45 €).
Para llegar a la zona del onsen cogimos el 5 hasta la última parada (Dōgo onsen), necesitando ayuda para encontrar el albergue Sen Guesthouse, en concreto un hombre que apenas sabía inglés nos acompañó a una cercana oficina de información e introdujo el problema en japonés, y ya nos indicaron (otro 10 en amabilidad). Dejamos las cosas en el albergue (chek-in a partir de las 15 h; recomendable ver el plano para llegar en internet, pero está a no más de 10 minutos andando desde la parada de tranvía) y comiendo un okonomiyaki enorme (especie de tortilla) para los dos por 1020 ¥=9,87 € en un local cercano. Ya en el albergue un americano que estaba en la recepción nos dio un mapa y toda la información práctica sobre lo que ver y hacer, otro 10 para él.
Empezamos por el castillo (cerraba a las 17 h), cogiendo el tranvía 5 hasta la parada de NTT (servicio de correos) y andando al camino de subida, que está sobre una colina en el centro de la ciudad. Para ahorrar algo de tiempo utilizamos el teleférico (i/v por 500 ¥=4,92 €), con opción de elegir entre las cabinas normales o unos telesillas individuales (por los que nos decidimos) sin barras de protección que nunca habíamos visto.
El castillo cuesta 500 ¥ pero nos salió a 400 ¥=3,94 € con un cupón de descuento que nos dieron en el albergue, y nos encantó. Tiene varias plantas, pudiendo acceder a la parte superior desde la que hay una magnífica vista de toda la zona y nos pudimos vestir de auténticos samuráis con unas armaduras que hay con sus paneles explicativos de cómo hacerlo, una buena experiencia en la que acabamos posando para todo el que pasaba por allí (no muchos se detenían a vestirse) e imaginando cómo podían luchar con semejante peso encima.
Bajamos y andamos al sur hasta la parada de Okaido, más cercana al centro, paseando por sus galerías con un helado de máquina expendedora y volviendo al tranvía 5 hasta Dōgo onsen. Desde allí pasamos por el baño público de pies que hay (una fuente con el agua a 40ºC), la galería comercial (con mucha gente paseando en una especie de albornoz –llamado yukata– y su cesta con toallita y gel para ir o venir del onsen), el propio edificio Dōgo y comenzamos la ruta hacia el este que nos recomendó el americano y que fue todo un acierto.
Subimos por la calle que hay detrás de los baños hasta unas enormes escaleras que llevan al santuario de Isaniwa (gratuito), desde el que había otra gran vista, siguiendo por una carretera en la que dejamos unas pistas de tenis a la derecha, pasamos por un bosque de bambú y visitamos el Mandala tou, una zona con todo tipo de budas (algunos que no habíamos visto como uno esquelético) y sin apenas gente hasta llegar al templo Ishite-ji (gratuito), que está dentro de la ruta de los 88 templos sagrados de Shikoku, por lo que tenía un aire especial con sus templos secundarios o la pagoda de tres pisos entre otros. En total andaríamos unos 4 ó 5 km tardando hora y media aproximadamente.
Compramos cena y desayuno con la idea de comer e ir a relajarnos al onsen que cierra a las 23 h (últimas admisiones a las 22:30), aunque en el albergue nos recomendaron no ir al agua caliente con el estómago lleno, así que les hicimos caso y primero al onsen. El baño básico nos costó (con descuento del 20%) 300 ¥=2,95 €, existiendo otras modalidades donde puedes ir a una zona de relajación a tomar un té, e incluso otra con otro baño aparte más la zona de relajación, que lógicamente van aumentando el precio, os informarán de todo en el propio onsen o en cualquier oficina de turismo de la ciudad. Lo cierto es que no tiene baño exterior por lo que apenas pudimos aguantar más de media hora (que es el tiempo que suelen ir ellos), pero claro, como para nosotros era algo nuevo pensábamos que nos podíamos tirar allí un par de horas, así que podemos decir que nos gustó más el onsen de Nikkō.
Respecto al alojamiento, el Sen Guesthouse es un sitio recomendable, pues estuvimos en una habitación de 6 personas con camas de futones de estilo japonés, cocina completa, baños y duchas comunes, wifi, supermercado cerca y posibilidad de dejar el equipaje para el día de llegada o salida, costando a través de hostelworld 2965 ¥=28,72 € la cama una noche. Hacer constar que al igual que en todos los alojamientos donde estuvimos había que descalzarse, pudiendo coger alguna de las zapatillas de andar por casa que suelen tener en el acceso. La verdad es que fue una buena decisión visitar Matsuyama, de la que nos llevamos una gran imagen.
DÍA 14- 18/09/12 VISITA A MIYAJIMA
Abandonamos Matsuyama a primera hora cogiendo el tren Shiokaze a Okayama un minuto antes de su salida (tarda 2 h 50`), después de llegar a la estación JR con el tranvía 5 (150 ¥=1,45 €). En Okayama tuvimos la suerte de ver un shikansen amarillo que circula excepcionalmente y es conocido como el doctor yellow (según nos informó nuestro amigo Kenta vía Facebook), cogiendo luego el que teníamos reservado, llamado Sakura, hasta la estación de Hiroshima (unos 40`) donde comimos antes de las 13 h (680 ¥=6,58 € por un plato con arroz, sopa y pescado bastante bueno).
Hay que saber que Matsuyama queda casi enfrente de Hiroshima y hay ferrys rápidos que tardan hora y cuarto (6300 ¥=61 €) pero había que pagarlo, así que a exprimir nuestro JR Pass. Todavía nos quedaba un tren de cercanías de la línea JR Sanyō hasta Miyajima-guchi (casi media hora), pequeño pueblo donde teníamos el albergue y punto de partida de los ferrys a la isla de Miyajima. Al llegar a Miyajima-guchi buscamos el albergue, que está junto a la terminal de ferrys, dejando el equipaje hasta hacer el chek-in (de 15 a 22 h) y yéndonos a visitar Miyajima.
Para ir a la isla hay varias compañías y una de ellas es JR, por lo que es el único ferry que entra en el JR Pass, tardando apenas 10-15`en llegar. La primera imagen desde el barco es la del famoso torii flotante que indica el acceso al santuario de Itsukushima desde el mar, que es una de las imágenes más típicas de Japón. El tiempo era excelente y había mucha gente como era de esperar y también ciervos que como en Nara se mezclaban tranquilamente con los visitantes.
Paseamos por la zona hasta el torii flotante, que al estar la marea baja podíamos ir andando por la playa. Desde ahí veíamos de frente el santuario de Itsukushima, al que no entramos (son 300 ¥=2,95 €), visitamos los templos de Daigan-ji (gratuito) y Senjō-kaku con su pagoda (son 100 ¥=0,98 €) disfrutando de ellos. Decidimos subir al Monte Misen en teleférico (530 metros de altura) donde hay un mirador y algún templo más. Para ello pasado el parque de bomberos (detrás del santuario Itsukushima) se puede coger un autobús gratuito que te lleva a la estación de subida del teleférico (Momijidani) pasando un parque con el mismo nombre. El teleférico son 1800 ¥=17,71 € i/v y 1000 ¥=9,84 € sólo un trayecto, y el último viaje es a las 17:30, por lo que al ser ya más de las 16 h cogimos la ida y bajaríamos andando (que es una ruta de hora y media más o menos).
Primero se sube en una cabina que no caben más de 4 personas hasta la estación intermedia de Kayadani, donde se coge otro más grande y desde el que hay una buena panorámica, hasta llegar a la terminal de Shishiiwa. Desde aquí a la cima hay que andar un poco, pero junto a la estación hay un mirador que permite ver toda la bahía y la ciudad de Hiroshima y donde no nos importó pasar un buen rato. Luego subimos al templo Reikado, a medio camino de la cima, y como estaba anocheciendo y las vistas desde la cima no serían muy diferentes de las de la terminal del teleférico, bajamos por el camino más corto que va al parque Momijidani (hay varias rutas, una de ellas pasa por el templo Daishō-in, aunque no teníamos tiempo) tardando más de una hora en cubrir los casi 2 km, teniendo cuidado pues apenas veíamos y con los sustos que nos dieron una culebra y un ciervo. Fue una aventura pero es mejor organizarlo bien y que no se haga de noche si vais andando y sin el material adecuado.




Hicimos alguna foto nocturna del torii y cogimos el ferry de vuelta (hay hasta pasadas las 23 h), comprando la cena y desayuno en Miyajima-guchi. El albergue Backpackers Miyajima cuenta con wifi y ordenador para uso común, baños y duchas, cocina más bien básica y las habitaciones de la 2ª planta están todas unidas con sus pasillos, pero sin puertas, salvo una que es sólo de mujeres. En nuestro pasillo había 8 camas en 4 literas, lo reservamos en hostelbookers y costó 2400 ¥=23,67 € cada cama por una noche. Los propietarios son encantadores.
DÍA 15- 19/09/12 HIROSHIMA Y SU PASADO
Hiroshima es trágicamente conocida por la bomba atómica que la arrasó el 6 de agosto de 1945, y como es natural la mayoría de las visitas tienen relación con ello, si bien hoy en día es una ciudad vibrante con algo más de un millón de habitantes y está impecable.
Debido a una avería en un tren el servicio estaba cortado, dándonos JR un billete para el tranvía, cuya línea 2 llega a Miyajima-guchi (nos hubiera costado 270 ¥=2,66 € y tardó 50`) entrando en Hiroshima por el suroeste y bajándonos directamente en la parada de Genbaku Dōme-mae (de haber ido en tren, tendríamos que haber cogido un tranvía desde la estación JR, que está al noreste, hasta esta parada. La tarifa urbana es de 150 ¥=1,45 €).


El Genbaku Dōme fue la cúpula del salón de Promoción Industrial y una de las pocas cosas de la que quedó algo en pie tras la bomba, se declaró Patrimonio de la Humanidad en 1996 y también se conoce por A-bomb dome. Pasear por la zona con los paneles explicativos que hay (también en inglés) y poniéndose en situación impresiona. De allí cruzamos el río para entrar al parque Conmemorativo de la Paz, un recinto cuidado al milímetro y con papeleras (y es que en otras partes de Japón es difícil encontrar papeleras y encima el suelo está limpio), donde se van viendo muchos pequeños monumentos a los niños (hay varias urnas con miles de grullas de papel), a los trabajadores de una empresa o a los muertos coreanos, por ejemplo. Alineada con las ruinas de la cúpula está la Llama de la Paz (se apagará si alguna vez no hay armas nucleares en el mundo) y el Cenotafio (que incluye los nombres de las víctimas conocidas). Pasamos junto a los dos museos que hay y que visitaríamos por la tarde.
Salimos del parque por el sur buscando un sitio para comer, y nos costó encontrar alguno, dando con uno cuya especialidad eran fideos con carne y huevo, pasando el puente Heiwa-ohashi por las calles de la derecha. Fue una de las mejores comidas, costando el bol pequeño (me quedé con ganas del mediano) 480 ¥=4,70 € pudiendo elegir el picante en una escala del 0 al 3. Para comer y como luego descubriríamos es mejor la zona de la galería comercial de Hon-dōri, al este del Genbaku.



Después fuimos directamente a visitar el Museo Conmemorativo de la Paz (llamado también de la bomba) que cerraba a las 18 h, costando de forma simbólica 50 ¥=0,49 €, por lo que cogimos una audioguía en español por 300 ¥=2,95 €. El museo cuenta todo lo sucedido con fotos, maquetas, dibujos de supervivientes, exposición de objetos deformados como botellas, uniformes de personas e incluso malformaciones en uñas o la sombra de lo que fue una persona sentada justo en el lugar donde cayó la bomba, desde luego pone los pelos de punta y es sobrecogedor, pero pasó y es importante que esté ahí para que no olvidemos las consecuencias de las armas nucleares.
Luego fuimos al Salón Nacional en memoria de las Víctimas de la Bomba Atómica, que es gratuito y cierra también a las 18 h, donde destacan los testimonios y relatos de supervivientes (se pueden ver en español) además de recordar a víctimas cuyos nombres se conocían. Tras estas impactantes visitas y con la idea de fotografiar la cúpula iluminada, hicimos tiempo paseando por la animada galería comercial Hon-dōri.
Ya de noche hicimos unas fotos muy buenas de las ruinas iluminadas que contrastaban con lo que el lugar simboliza, regresando a la estación JR (donde reservamos los trenes del día siguiente) con el tranvía 2 (150 ¥=1,45 €), y al albergue en Miyajima-guchi con el cercanías de la línea JR Sanyō reflexionando sobre lo que habíamos visto y preguntándonos si alguna vez podrán apagar la Llama de la Paz.



















