CL-2, SAN PEDRO DE ATACAMA

DÍA 5- SAN PEDRO Y EL VALLECITO

Por si llegáis directamente a este capítulo, recuerdo que llegamos el día antes al hotel Altiplánico, donde habíamos reservado 4 noches en booking por 480 €. El sitio fue una maravilla, zona común con sofás para leer y relajarte, comedor para el desayuno y restaurante propio, piscina, bungalows impecables con baño propio, wifi, patio, jardines del entorno cuidados y personal de lo más amable.

Nuestro bungalow en el hotel
Piscina del Altiplánico

Dedicamos la mañana a pasear por el centro de San Pedro, con buen ambiente de visitantes, sin llegar a ser excesivo (la pandemia influía en ello), muchas tiendas, agencias de turismo para excursiones organizadas, casas bajas de adobe y muchas calles sin asfaltar. En definitiva, un sitio con encanto. De entre los sitios por los que pasamos, nos fijamos mucho en la sencilla y cuidada Iglesia de adobe, en la plaza central, donde se encontraba la sede de la municipalidad y la casa de Pedro de Valdivia, y sobre todo en el peculiar museo del Meteorito, que visitaríamos por la tarde-noche.  

Estuvimos curioseando por algunas tiendas y entramos a preguntar en varias agencias por excursiones. La idea era sacar provecho del coche de alquiler, pero no descartamos algún tour guiado. Dimos con Terra Extreme y con Jacqueline, que nos puso al día de todo y fue muy amable. Allí nos enteramos de que tanto el valle de la Luna como el de Marte, dos de las principales atracciones paisajísticas, estaban cerradas por la pandemia, recomendándonos ir al Vallecito, donde sí se podía llegar y la experiencia podría ser similar. Finalmente, contratamos a dos días vista la excursión para subir a los géiseres El Tatio, costando 30.000 CLP=31,91 € por cabeza (más la entrada), que como luego contaré, fue satisfactoria. 

Vistas desde el mirador Likan-Antay

Los restaurantes son abundantes en el casco urbano, comiendo un menú en el “café Rural” por 6.000 CLP=6,38 €, que no estuvo mal. Tras ello y siguiendo el consejo que nos dieron, nos pusimos en marcha hacia el Vallecito, que básicamente es la carretera B-241 que discurre hasta las lagunas de Baltinache, que también estaban cerradas. Lo primero fue parar a echar un vistazo al mirador Likan-Antay, desde donde se puede apreciar la cordillera de la Sal. La vista es maravillosa y decidimos volver al atardecer. Se llega por la ruta 23, estando apenas a 6 kilómetros del pueblo.

Llano de la Paciencia, como podéis ver

Siguiendo por la ruta 23 se entra en el Llano de la Paciencia y se coge el desvío a la B-241, avanzando hasta el segundo camino de tierra a la izquierda, que lleva hasta el famoso y fotogénico autobús abandonado en mitad de la nada. La zona es pleno desierto, no hay rastros de vida, pero tiene su encanto. Realmente se podría decir que acabamos entrando al Valle de la Luna por detrás, o cerca nos quedaríamos, siendo el mismo paisaje lunar. Los caminos están en buen estado y con un coche alto, como llevábamos, no hubo problema. Con el sol cayendo volvimos al mirador a disfrutar del momento y casi en soledad, que era otro efecto pandémico más.

En total recorreríamos unos 60 kms ida y vuelta, dejando una última visita ya casi sin luz, el museo del Meteorito. Contratamos un tour de observación astronómica combinado con la entrada al museo, pagando 25.000 CLP=26,60 € cada uno por todo, cuando la entrada son 4.000 CLP=4,26 €, dejando la observación para el último día. El desierto de Atacama es uno de los mejores lugares del mundo para ello y no son pocos los telescopios de todo tipo que tienen aquí su sede, y encima siendo un tema que nos gusta bastante fue obligado hacerlo 😊.

Tocando los meteoritos

En cuanto al museo es pequeño, pero merece la pena totalmente, cuenta con paneles explicativos de la formación de la Tierra, sobre los meteoritos, como reconocerlos y hay muestras que se pueden tocar. Si el tema interesa será apasionante, en caso contrario se podrán aprender multitud de curiosidades.

Nos íbamos a cenar al alojamiento (26.000 CLP=27,66 € los dos) y relajarnos, encantados con todo lo visitado y con un muy buen sabor de boca en esta primera jornada en Atacama. Hacer constar que la temperatura caía rápido por la noche, existiendo una amplitud térmica del día a la noche enorme, pues San Pedro está ya a 2.450 metros de altitud.


DÍA 6- EXCURSIÓN POR LAS LAGUNAS DEL SALAR Y EL ALTIPLANO

Con la idea de hacer un buen recorrido con el coche, salimos por la ruta 23 hacia Toconao y nos adentramos en el salar de Atacama en el desvío de la primera parada, las lagunas Cejar y Piedra. En media hora recorrimos los aproximadamente 30 kms hasta el acceso a las mismas, siendo la zona del salar caminos sin pavimentar en buen estado. Dado que el mismo está en el territorio indígena atacameño, son estos los que lo gestionan, pagando una entrada de 15.000 CLP=15,96 € por persona.

Miradores de la laguna Cejar
Detalle de los flamencos

La primera que se visita es la laguna Cejar, con pasarelas de madera bien preparadas para la observación de las aves que por aquí pasan, destacando los flamencos, que con prismáticos o un buen zoom se verán muy bien. Después se camina por los senderos marcados hasta la laguna Piedra, acondicionada para el baño con bancos para dejar las cosas. Es una experiencia que no hay que perderse, las vistas a la cordillera andina y su sucesión de volcanes son espectaculares, y respecto al baño, debido a la concentración de sal, se flotará sin esfuerzo. Además, hay duchas a la salida, siendo imprescindible hacerlo por ese mismo exceso salino.

Preciosas vistas desde la laguna Piedra
En la laguna Tebinquinche

Seguimos avanzando por el camino parando en los Ojos del Salar, que son dos pequeñas lagunas contiguas de agua dulce, y llegando hasta el acceso a la laguna Tebinquinche. La entrada fueron 5.000 CLP=5,32 € cada uno, siendo un lugar muy particular, pues sus condiciones extremas hacen que en la misma se desarrollen los llamados organismos extremófilos, dándole un deslumbrante color blanco. Fue como viajar en el tiempo para ver cómo la vida se iniciaba en una Tierra temprana aún con climatología adversa. Hay paneles explicativos y un sendero señalizado que rodea parte de la laguna, que tiene también vistas generales para admirar.

Regresamos a la ruta 23 por el mismo camino, llegando a la población de Toconao para comer, cruzando un par de tramos de bosque muy localizados al haber ríos, así como la famosa quebrada de Jere a la entrada del pueblo. No hay que perderse tampoco el Campanario de San Lucas en la plaza, del siglo XVIII. El menú del restaurante “Chaxa”, de 6.000 CLP=6,38 €, solucionó bien el tema del hambre.

¡Cuidado con los ñandúes!
El ñandú

A partir de aquí ganamos altitud y entramos de lleno en el altiplano, entre 3.500 y 4.000 metros, sobre todo al pasar el pueblo de Socaire. El paisaje cambió bastante, con matorrales bajos que le daban un buen toque y la silueta de los volcanes de la cordillera andina a nuestra izquierda, como el Láscar, el Chiliques o el Miñiques. La observación de fauna no se quedó atrás, y enseguida empezamos a ver llamas y guanacos a los lados de la carretera, así como algún zorro, más esquivo, y al ñandú, que es como una pequeña avestruz.

Las lagunas más famosas del altiplano, Miscanti y Miñiques, por desgracia también estaban cerradas, teniendo que conformarnos con las vistas desde los miradores al salar de Aguascalientes y como punto más lejano de la excursión, a la laguna Tuyaito. Desde aquí hay 50 kilómetros a la frontera con Argentina, habiendo recorrido unos 210 incluyendo el desvío por el salar de Atacama, por lo que la vuelta sería más corta (sobre 160). Como veis nos metimos bastante caña sumando 370 toda la excursión. Volvimos sin prisas y parando allá donde nos gustaba la vista, llegando a tiempo de cenar en el hotel.

Desde luego se podría dedicar un día entero al salar y otro al altiplano, pero si no se dispone de mucho tiempo es posible hacerlo en una única jornada, como fue nuestro caso. Fueron muchos kilómetros, pero también fue intenso y lo disfrutamos, además, como dicen por ahí, sarna con gusto no pica 😉.


DÍA 7- GÉISERES EL TATIO Y TOUR ASTRONÓMICO

Ni más ni menos que a las 5 de la mañana nos estaban recogiendo en el hotel para la excursión a los géiseres, ya que era temprano, según nos dijeron, el mejor momento para ir. La furgoneta de pasajeros la compartíamos un grupo diverso, costando como comenté 30.000 CLP=31,91 € por persona en la agencia Terra Extreme, a los que había que sumar la entrada al parque de 15.000 CLP=15,96 €. Se incluían los traslados, desayuno y guía en la zona geotermal.

Amanece en la montaña

Tardamos hora y media en llegar, pues aunque son 80 kms, se hacen sobre todo por caminos de tierra y ascendiendo hasta los 4.300 metros. Además, pudimos ver el amanecer durante el trayecto, que como podéis imaginar, fue entre montañas. El campo geotermal El Tatio es uno de los más grandes del planeta y el que está más alto, está muy bien preparado con senderos entre los géiseres y algunas protecciones para no acercarse más de la cuenta, ya que en el pasado se produjo algún accidente por lo que nos contaron. Paseamos por la zona en compañía de un guía que se explicaba a la perfección, aprendiendo sobre la formación y el funcionamiento de este fenómeno.

Estuvimos sobre hora y media visitando el lugar, tras lo cual fuimos a una zona con vistas del complejo, donde organizaron el desayuno con mesas de picnic y fue excelente, teniendo que ir abrigados ya que es una zona fría. También observamos algunas aves y vicuñas, un animal similar a llamas y guanacos para nosotros, si bien explicaron cómo diferenciarlos. 

El Tatio
Zona del río Putana
Antigua explotación de azufre

Durante el camino de regreso hicimos un par de paradas, la primera en el mirador Putana, sobre la zona húmeda y río del mismo nombre, con avistamientos de aves como flamencos, gansos, patos y también vicuñas, así como los restos de una vieja explotación de azufre. Varios kilómetros abajo nos detuvimos de nuevo en otro humedal, junto a la comunidad atacameña de Machuca, con un resultado similar al anterior. Igualmente, al pasar por Guatin pudimos ver sus característicos cactus desde el vehículo, llegando a San Pedro pasado el mediodía. Podríamos haber intentado llegar en coche propio, pero tratándose de rutas más complicadas que las del día anterior, ir con un tour organizado fue una buena elección. 

Flamencos en los humedales
Laguna de los flamencos

En el pueblo comimos en la pizzería “El Charrúa”, que nos gustó, y más todavía los helados artesanales del local “Babalú”, en la céntrica calle Caracoles. La sobremesa fue el momento ideal para curiosear más a fondo por las tiendas, y realizar alguna que otra compra.

Quedó algo de tiempo para relajarnos en el hotel hasta la hora acordada para el tour astronómico. Nuestro guía sería Alex, un boliviano afincado en la zona con muchos y buenos conocimientos en la materia. De primeras, pintaba tan mal la cosa por las nubes que llegó a devolvernos el dinero (recuerdo 25.000 CLP=26,60 € cada uno incluyendo la entrada al museo, que había que descontar), sin embargo, pasada media hora nos llamó y nos dijo que se estaba despejando un poco y que si queríamos íbamos, a lo que por supuesto accedimos.

La Luna a través del telescopio
Con el cielo atacameño

Resultó que al final fuimos solos en su propio coche hasta el punto de observación, situado en una zona de las afueras del pueblo, ya sin luz, llamada Cucuter. Fue un auténtico lujo, buenas explicaciones, cielo despejado el tiempo justo y tres telescopios de buen tamaño e instalación fija con los que pudimos ver estrellas, cúmulos, galaxias y otros cuerpos celestes más próximos y por lo tanto vistosos, como la Luna (cuando salió), Venus, Júpiter o Saturno. La guinda fue el pincho que llevaba preparado e incluye el tour, estando en total desde las 21 a las 24 horas más o menos. Alex se ganó su propina sin duda, siendo conscientes, en sus propias palabras, de que lo normal hubiera sido un grupo de 20 personas, que como es lógico resta mucho tiempo de observación o de la sesión fotográfica que preparan 😀 .


DÍAS 8 y 9- VUELOS DE VUELTA DESDE CALAMA

Rumbo a Calama

Teniendo el vuelo a Santiago a las 15 horas, salimos tranquilamente de San Pedro por la ruta 23 con 100 kilómetros por delante. Fue una nueva ocasión para cruzar los valles y paisajes lunares y desérticos propios de Atacama, que no dejan indiferente. Ya en Calama, como había tiempo, buscamos algún mirador o punto desde el que pudiéramos ver la actividad de alguna de las minas abiertas de cobre que hay por los alrededores, dando con el mirador DMH (División Ministro Hales, que es el nombre de la mina). Está a pocos kilómetros en dirección a Chuquicamata, divisando, con ayuda de la cámara y sus aumentos, el ir y venir de los famosos dumpers, que son los enormes camiones que sacan la tierra. Comentar, para quien le interese, que existen visitas guiadas a algunas de estas instalaciones.

Mirador DMH
Los dumper

El resto, y por este orden, fue dejar el coche en el aeropuerto de El Loa (Calama) sin contratiempos, volar puntuales con Latam a la capital chilena (97.200 CLP=103,40 € tarda 2 horas), pasar unas horas en el aeropuerto de Santiago y finalmente poner rumbo a Madrid, con un vuelo de 12:30 horas en esta ocasión, llegando a las 16 horas del día siguiente, con su correspondiente cambio horario.

Como consideraciones finales hay que tener en cuenta que, debido a las restricciones de la pandemia, disfrutamos de la mayoría de los lugares visitados sin apenas gente ni aglomeraciones, que a mí, particularmente, no me gustan y trato de evitar, pero sabiendo que no es lo habitual. Esas mismas restricciones nos impidieron ver algunos puntos de interés, pero pese a ello lo pasamos realmente bien y volvimos encantados con esta preciosa zona de Chile, a la que no descartamos volver por supuesto 😊. ¡Saludos viajeros y hasta la próxima!

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