
DÍA 12- FERRY A ZANZÍBAR
Lo primero fue comprar los billetes del ferry en la terminal, que costaba 35 $=29,91 € para no residentes (25.000 TZS=9,48 € para los que sí). En los aledaños de la terminal enseguida se acerca mucha gente a ofrecer tiques y demás, no confiando en ellos y haciéndolo en la taquilla oficial por sentido común. Fuimos con tiempo ya que hay control de salida como tal, comprobando además los pasaportes al ser el billete nominativo. El barco resultó ser un catamarán rápido en muy buen estado, sus asientos en la cubierta interior, posibilidad de salir a proa y un pequeño bar para comprar alguna cosa.
El cómodo trayecto, gracias al buen estado de la mar, hasta Stone Town, que es la capital de la isla, duró sobre dos horas en las que lo más interesante fue observar tanto el perfil de Dar Es Salaam al salir del puerto, como la propia isla a medida que nos acercábamos. Una vez allí se pasa aduana aun siendo el mismo país, llegando a sellar el pasaporte sobre el visado de nuevo. Existen dos opciones principales para moverse por la isla, estando los transportes colectivos conocidos como dala dala, que pueden ir saturados, o los taxis. Como había que cruzar hasta la costa oriental y llevaría un rato, decidimos ir en taxi directamente desde la terminal de ferris, lo que nos costó 40.000 TZS=15,16 € tras una intensa negociación que partió de 35 $=29,91 €. Evidentemente y como podéis imaginar los dala dalas son mucho más baratos, pero también más incómodos y tardones.
Nuestro alojamiento estaba en la costa oriental, en la población de Kiwengwa, zona con preciosas playas y multitud de opciones para hospedarse y la pega de que en marea baja el baño se complica, pues hay muy poca profundidad y quedan a la vista rocas y arrecifes llenos de erizos. Sin embargo, existe la posibilidad, como hicimos, de coger alguna barca local que te acerca al borde del arrecife por dentro, pudiendo allí hacer esnórquel y nadar bien. El recorrido hasta el hotel fue de una hora, en la que cruzamos aldeas y un llamativo paisaje puramente tropical, muy verde, frondoso y dominado por palmeras.



El Simba Beach estaba gestionado por una pareja italiana, Chantal y Marco. Cuenta con habitaciones dobles limpias y ordenadas, con mosquiteras en las camas, ventilador en el techo, electricidad, wifi en la recepción y casi a pie de playa, además de tener una zona de restauración donde se sirve el desayuno y se puede comer y cenar, teniendo los precios y pudiendo pagar en euros. Lo reservamos en booking y costó 410 $=350,43 € por 6 noches en habitación doble con desayuno. Comimos y cenamos en el alojamiento, sirviendo como referencia pasta y pescado del día por 14 € para comer y sándwiches vegetales y patatas por 11,50 € al cenar, bebidas aparte. Se puede pagar al final todo lo consumido como cuenta única.
El resto de la tarde fue para descansar en las hamacas de la playa, bañarse con marea alta y pasear arriba y abajo, entre un animado ambiente donde turistas y locales se mezclan sin problema, con artesanos vendiendo de todo, ganchos intentando atraerte a sus negocios, críos jugando al fútbol en la orilla y turistas entretenidos en sus quehaceres habituales.
DÍA 13- JORNADA TRANQUILA EN KIWENGWA (I)
Mereció la pena madrugar para estar en la playa al amanecer, en la calma más absoluta, siendo además la orientación por la que sale el sol. Dedicamos la mañana a tirarnos en la arena y bañarnos, que al estar la marea baja como comentaba, hubo que buscar una de las típicas embarcaciones de vela y madera locales, llamados dhow. No costará encontrarlas, dejando el precio en 32.000 TZS=12,13 € los dos y estando unas dos horas en total. Compartimos la embarcación con una pareja sudafricana, junto a los que nos acercaron al borde del arrecife, pudiendo bucear en la zona entre peces coloridos, estrellas de mar y las caprichosas formas de los corales en un agua bien transparente.
Para comer dimos, andando un poco hacia el sur, con el restaurante “La Base”, también llevado por italianos, y es que abundan particularmente en Zanzíbar y su costa oriental. No nos complicamos mucho, hamburguesas de pollo y bebidas por 44.000 TZS=16,68 €, buena atención y ubicación frente a la orilla, como casi todo allí. Junto al mismo se encuentra el Kiwengwa Beach Resort, que cuenta con centro de submarinismo propio, el Cool Divers, donde reservamos una excursión de buceo con tubo al atolón Mnemba, al noreste de la isla, por 35 $=29,91 € cada uno.
Ya le habíamos echado el ojo el día anterior, siendo una buena opción de entre las muchas actividades que se pueden hacer en la isla, muchas relacionadas con el medio acuático, como el buceo y la pesca, y también en tierra con las especias, bosques, costa y restos coloniales. En nuestro caso fuimos decidiendo sobre la marcha dejándonos llevar.
El día era caluroso y soleado, sin nada reseñable por la tarde, resumida en agua, arena y paseos, con la particularidad de que los mismos vendedores que te habían preguntado el día anterior ya se sabían tu nombre y te reconocían. Lo mejor, coger confianza con alguno, como hicimos con los que trabajaban al lado del alojamiento, Thomas y Makono, encargándoles a ellos recuerdos en madera y algún cuadro, y diciendo a todos los demás que le habíamos comprado a estos. De esta forma, no nos insistían más y nos dejaban seguir andando tranquilamente 😉.
DÍA 14- ESNÓRQUEL EN MNEMBA ATOLL
A las 8.30 estábamos en el hotel de salida, junto al centro de buceo, donde en un par de furgonetas nos llevaron frente a la pequeña isla en media hora. Embarcamos y en apenas 15 minutos llegamos al primer punto de buceo junto a Mnemba, con aguas cristalinas y una variada fauna marina, avistando todo tipo de peces de arrecife, globo, trompeta, pulpos, morenas, pequeñas rayas, erizos o estrellas de mar entre otros. La organización del tour muy buena, incluyendo acompañamiento a los principiantes, pese a estar en un lugar resguardado del viento y sin corrientes importantes.
Nuevamente a bordo, navegamos hasta un segundo punto en la laguna del atolón, al sureste de la isla, donde los cangrejos que nadaban en superficie fueron la novedad. No obstante, todo cambió con la aparición de un grupo de delfines, de los que incluso pudimos nadar relativamente cerca hasta que decidieron marcharse, todo un lujo. Durante la excursión también nos dieron fruta, agua y un ligero almuerzo, que fue suficiente en nuestro caso.
De regreso y casi durante toda la excursión, hicimos migas con otra pareja sudafricana, Mohamed y Hafusha, que nos propusieron compartir un taxi para hacer la excursión de las especias y la ciudad al día siguiente, cosa que aceptamos. Concretamente, nos costaría 60 $=51,28 € tener a nuestro chófer particular para todo el tour. Hacer constar que prácticamente todos los taxistas ofrecen este tipo de servicios, así como las mismas excursiones, incluyendo básicamente el traslado a los sitios y quedando con guías y contactos adecuados según la salida de la que se trate, que habrá que pagar aparte, al igual que la comida.
El resto del día siguió la tónica general de los anteriores, descubriendo el restaurante “Pesce Birichino”, en la misma zona del Kiwengwa Beach Resort, donde cenamos por 44.000 TZS=16,68 € con platos locales estrella, como pulpo con salsa de coco y arroz basmati o ensalada también de pulpo.
DÍA 15- TOUR DE LAS ESPECIAS Y STONE TOWN
A las 9 nos reunimos con nuestros nuevos amigos y el taxista, llamado Dula, que resultó ser simpático y buen conductor. Generalmente, y en un viaje más bien corto como este, será muy difícil profundizar en detalles con los locales más allá de los negocios, sin embargo, una vez que se supera esta barrera -y esto se consigue “consumando” el negocio en cuestión- las conversaciones ganarán en calidad, pudiendo aprender un poco de la forma de vida autóctona y sus costumbres. Esto fue lo que pasó con Dula, el taxista, o Thomas y Makono, los artistas a los que recurrimos para las compras, como ejemplos.
En cuanto a las distancias en la isla, no son muy grandes, pero los traslados llevarán algo de tiempo igualmente, ya que las carreteras invitan a ir despacio. De la punta norte a la sur en línea recta puede haber unos 75 kms y otros 40 de este a oeste.
Tras un rato llegamos a una “Spice Farm”, situada a medio camino de la ciudad, comentando que por toda la isla son numerosas, pues son una de sus principales atracciones. Allí nos dejó Dula con el guía correspondiente, que nos fue explicando sobre las especias y sus diferentes tipos y usos, desde alimenticio a perfumes o medicinales, sorprendiéndonos en muchos casos dada nuestra ignorancia en el tema. Así fue como paseando agradablemente entre árboles y plantas descubrimos el clavo, la canela, la pimienta, el cardamomo, la vainilla o la nuez moscada, entre otras.
Después llegó el apartado de las frutas, con degustación incluida, destacando el mango, coco, piña o la enorme “Jack fruit”, así como la lógica posibilidad de comprar productos relacionados, como esencias de perfumes o especias. Optamos por lo segundo a 5.000 TZS=1,89 € dos paquetes, de canela uno y pilau masala el otro, que es una mezcla de varias especias usada como condimento para pescados y carnes. En cuanto a propinas, la dejamos encantados al guía, pero no a los varios actores secundarios que entraron en escena de forma oportuna, compartiendo criterio con los sudafricanos.
El día estaba nublado y con lluvia intermitente, avanzando otra media hora para llegar a la capital de la isla, Stone Town, llamada así porque antaño construían las casas con piedras. Se trata de una población de unos 30.000 habitantes, con un centro de pequeñas callejuelas donde es fácil desorientarse y edificios coloniales algo decrépitos, pero con encanto. Entre los pueblos que pasaron por aquí están los árabes, portugueses e ingleses, siendo también, por desgracia, un nudo importante del comercio de esclavos.
Dula nos dejó frente al mercado de frutas, lugar donde iniciamos un recorrido guiado por Tópico (ese fue el nombre que nos dio), al que pagamos 10 $=8,55 € entre todos, ya pactado con el taxista antes. El mercado estaba de lo más animado y con algún que otro olor fuerte, pues también tenía carne y pescado. Continuamos por los estrechos callejones del centro, prestando atención a las puertas de las casas, dado que son patrimonio de la Unesco y lo primero que se construía, ya que simbolizaba el poder adquisitivo del inquilino. Especialmente llamativa fue una que contaba con defensas para elefantes.
Pasamos junto la Catedral anglicana, donde se encontraba el antiguo mercado de esclavos, siguiendo por la mezquita -el islam es la religión mayoritaria de la isla-, y la casa de Freddy Mercury, pues para quien no lo sepa es oriundo de aquí, siendo visita de culto para sus seguidores. Salimos hacia el paseo marítimo por el fuerte, que contaba con puestos de recuerdos, los agradables jardines Forodhani y acabamos en la casa de las Maravillas, antigua propiedad del Sultán y museo de Zanzíbar en la actualidad. Tópico estuvo bien y sus explicaciones apropiadas para llevarse una idea de la historia de la ciudad.
Para comer nos recomendó el restaurante “Lukmaan”, tipo buffet y caótico al pedir, pero muy bueno todo, pagando 13.000 TZS=4,93 € los dos por un arroz con curry de vegetales y pan indio. A las 15 habíamos quedado con Dula en el mismo punto, tardando una hora en recorrer los 40 kms que teníamos hasta Kiwengwa. La excursión estuvo muy bien y nuestro entendimiento con Hafusha y Mohamed fue bueno, tanto como para repetir al día siguiente. Así pues, contratamos de nuevo a Dula para ir, en esta ocasión, al especio protegido de Jozani Forest y al famoso restaurante The Rock, por otros 60 $=51,28 € la excursión entera.
Quedó tarde para relajarse, visitar a nuestro artesano en madera Thomas, que ya nos tenía unos llaveros preparados a 2 $=1,71 € la unidad y cenar de nuevo en el “Pesce Birichino”.
DÍA 16- JOZANI FOREST Y THE ROCK
Siguiendo los pasos de la jornada anterior iniciamos la ruta a las 9, avanzando por la costa hasta la población de Chwaka y el centro de visitantes de Jozani Forest. La entrada costó 20.000 TZS=7,58 € por persona, teniendo que ir en compañía de un guía obligatoriamente. Entre sus atractivos está el mono rojo, que es un animal propio de la isla, y que pudimos ver después de llevar un rato caminando por el denso bosque.
Durante el recorrido dirigido también cruzamos una zona de enormes eucaliptos, helechos, diferentes plantas de uso cosmético y medicinal y las piedras de coral, que en su día estuvieron sumergidas. Como último punto y después de andar un par de kilómetros, llegamos a una zona de manglares con pasarelas de madera habilitadas, aprendiendo sobre el funcionamiento de este ecosistema tan particular gracias a las explicaciones del guía.
La siguiente parada fue en la playa de Paje con su fina arena blanca, y un poco más al norte, frente al restaurante “The Rock” en Pingwe. Se trata de un emplazamiento muy especial, pues está en una roca a la que en marea baja se llega andando casi sin mojarse, todo lo contrario que si está alta, caso en el que se necesitará el apoyo de una barca. Dula ya nos había hecho la reserva, siendo Mohamed el principal impulsor de la idea, a la que finalmente nos sumamos. El sitio, como es lógico, se llena y los precios suben algo, sin ser ninguna locura. Pedimos pasta a la vainilla con langosta y pescado y postres a compartir, pagando 100 $=85,47 € entre los cuatro. La comida estuvo muy bien y el marco, incomparable.
Llegamos en marea baja y salimos en alta, dándonos un baño al volver a la playa, bajo la lluvia que empezó con fuerza a esa hora. Cambiados regresamos a Kiwengwa, de la que nos separaban casi 70 kms del rodeo que había que dar, despidiéndonos de nuestros amigos sudafricanos tomando un té en su hotel, con la opción de volver a coincidir en otra ocasión, nunca se sabe 😊.
En cuanto a Dula quedaríamos con él para el trayecto de vuelta al puerto, a dos días vista. Si bien hay más excursiones interesantes por la isla, como la puesta de sol en Nungwi al noroeste, o el punto de buceo de Safari Blue, al suroeste, dimos por suficiente lo hecho hasta entonces, quedando un día más para relajación total.
DÍA 17- JORNADA TRANQUILA EN KIWENGWA (II)
No faltó mi ya habitual paseo matutino al amanecer en compañía de los perros que vivían por allí, un buen desayuno ya con Miriam y nada que hacer por delante. Por la mañana paseamos por el pueblo de Kiwengwa y dimos una caminata de casi media hora hasta unas cuevas junto a la carretera, siendo, sobre todo esto último, prescindible.
Comimos el pescado del día en el alojamiento y tarde lluviosa con baños en marea alta, aprovechando al escampar para visitar la galería del pintor Makono y elegir alguno de sus cuadros, recoger el último pedido a Thomas y despedirnos de ellos, que además de buenos artistas son amables. Finalmente, volvimos a por el pulpo con salsa de coco para cenar en el ya conocido “Pesce Birichino”.
DÍAS 18 y 19- PASEO POR DAR ES SALAAM Y VUELTA
Seguían tocando más despedidas, como la del personal del Simba Beach, con cuyo servicio no tuvimos ninguna pega. A la hora acordada llegó el taxista Dula para acercarnos al puerto de Stone Town, a un precio cerrado de 40.000 TZS=15,16 €, lo mismo que a la ida tras regatear. Una vez allí, otra despedida más, siendo Dula un buen conductor y una buena opción si se decide contratar un taxi para todo un día, que sobre todo si se comparte será rentable en comparación con las excursiones ya organizadas. Guardo su tarjeta con su teléfono por si alguien me lo pidiera, teniendo claro que con el paso del tiempo puede que haya quedado obsoleto.
En el puerto tuvimos el contratiempo de que la clase turista del ferry estaba completa, comprando nuestros billetes en business por 40 $=34,19 €, con la única diferencia de que son butacas más amplias. Nos quedó una hora para pasear por los alrededores antes de embarcar rumbo a Dar Es Salaam, a la que llegamos en un par de horas, comiendo en el bar de a bordo y disfrutando de la panorámica entrando al puerto.
Dado que el avión de vuelta salía de madrugada no haríamos noche, aprovechando para ver algo de la antigua capital. En primer lugar, ya habíamos gestionado la opción de dejar el equipaje en el Heritage Motel donde nos hospedamos días antes, lo que nos permitieron sin coste, muy bien la verdad. Del paseo del centro cabe destacar que estaba desangelado, con poca gente y tiendas cerradas (era domingo), pasando por la Torre del Reloj que no sólo no decepcionaba, sino que ni siquiera estaba en hora :s . Seguimos por Mosque Street, el monumento al soldado de Al Askari y finalmente el Museo Nacional.




Decidimos entrar al museo, pagando la entrada de 6.500 TZS=2,46 € por cabeza, deteniéndonos en sus diferentes exposiciones sobre el inicio de la humanidad, no tan buena como en Oldupai, las épocas coloniales, la esclavitud y el período de independencia del país. También contaba con una importante referencia al atentado sufrido por la embajada de EEUU en la ciudad en 1998. Las distintas épocas están un tanto desordenadas, pero nos resultó interesante en general, especialmente la parte de la independencia de Tanzania y los esfuerzos del primer presidente para unir a las diversas tribus del país, con un mismo idioma y cultura, evitando así conflictos muy habituales en buena parte del continente.
El resto de la tarde lo pasamos en la terraza de la azotea del hotel Hyatt, con magníficas vistas del puerto y precios de referencia de 12.500 TZS=4,74 € por una cerveza y un refresco. Para cenar, sin dudarlo, repetimos en el libanés “Albasha” y después taxi al aeropuerto por 30.000 TZS=11,37 €, tardando sobre 45 minutos. Los vuelos de Turkish Airlines despegaron puntuales, a Estambul primero y Valencia después, llegando a la capital del Turia a mediodía del día siguiente.
Como conclusión, fue un viaje para no olvidar, con cosas muy concretas que sólo pueden verse en unos pocos países como el safari, paisajes muy distintos y en fin, tampoco quiero repetir aquí la introducción, así que, simplemente, espero que este relato haya podido ser de utilidad para alguien y ¡felices viajes! 😊
































































