TZ-1, SAFARI

DÍAS 1 y 2- VUELOS Y A ARUSHA

Con vuelos puntuales de Turkish Airlines desde Valencia a Estambul y de la capital turca a Dar Es Salaam (486 € ida y vuelta), nos presentamos a las 3 de la mañana en el control fronterizo del aeropuerto, rellenando los correspondientes papeles, pagando los 50 $=42,73 € del visado “on arrival” y esperando unos minutos a que nos devolvieran el pasaporte ya con el documento. Todavía nos quedaban unas horas de espera hasta despegar de nuevo hacia el aeropuerto del Kilimanjaro, a medio camino de las ciudades de Arusha, punto de inicio de todos los safaris, y Moshi, la más cercana a la famosa montaña. El vuelo, de Precision Air (80 € cada uno), fue en un avión de hélice en muy buen estado y con buena atención, duró algo más de 1 hora y lo mejor fueron las vistas al monte Kilimanjaro sobre las nubes.

Avión de Precision Aire
¡El Kilimanjaro!

Para llegar a Arusha hubo que quitarse de encima a multitud de taxistas que insistían en llevarnos por otros 50 $, dando al final con el bus lanzadera de la propia compañía aérea, que costaba 10 $=8,55 € y duraba 1 hora. Durante el trayecto tuvimos un primer contacto con el paisaje de sabana con las montañas de fondo, pasando al tráfico caótico africano al entrar en la ciudad. Nos dejó junto a la Torre del Reloj, a unos 15 minutos a pie o mucho menos en taxi (5 $=4,27 €) del hotel.

Vista desde el hotel

El Natron Palace Hotel está bien situado junto a la estación de autobuses y muy próximo a la oficina de Sunny Safaris. Es un edificio alto que ofrece buenas vistas de la ciudad, costando la habitación doble con desayuno 36 $=30,77 €, con nevera, wifi, mosquiteras viejas en las ventanas y un baño bastante justo. Hubo que comentar un par de cosas en la recepción que solventaron rápido, relacionadas con la limpieza. En la calle contigua encontré una casa de cambio para hacernos con chelines tanzanos, a 1 €=2.610 TZS, bastante mejor que en el aeropuerto.

Clocktower de Arusha

Lo mejor era aguantar y acostarse pronto, así que pese al cansancio dimos un paseo por la zona y hacia el centro, a unos 15 minutos andando. Recorriendo las calles Makongoro y Boma llegamos a la Torre del Reloj, comimos en el recomendable Africafé unos sándwiches por 35.000 TZS=13,27 € los dos, y regreso por Sokoine Road, atravesando el concurrido mercado central. Como era de esperar los ganchos de todo tipo de comercios intentaron atraer nuestra atención, siendo en esta zona más pesados. Entre nuestras primeras impresiones quedaron los vivos colores de las prendas africanas, ese tráfico organizado dentro del caos, la sensación de que toda la ciudad en sí misma es un mercado y la insistencia en vendernos cosas recién mencionada.

Puestos por doquier

Quedaba pasar por la oficina de Sunny Safaris, el operador con el que reservamos como describí en la introducción, para pagar el 50 % que faltaba en metálico y recibir las últimas instrucciones. El tour incluiría 1 litro de agua por persona al día, con opción a comprar más por el camino y nos recogería nuestro guía en el propio hotel al día siguiente. He de comentar que fue habitual que nos ofrecieran safaris por la calle, lo que quiere decir que casi es posible organizarlo de un día para otro sobre el terreno, si bien, en mi opinión, sería una opción arriesgada. Con el cansancio acumulado entre el tiempo de avión y demás, fue obligado ir a dormir pronto para recuperarse y estar a tope en el inicio de esta aventura.


DÍA 3- EMPIEZA EL SAFARI: LAGO MANYARA

Recorrido del safari (agrandar)

Con un buen desayuno en el restaurante del hotel y el día nublado, iniciábamos nuestra ruta por los parques naturales del norte de Tanzania, rumbo a nuestro primer destino, el lago Manyara, situado a unos 120 kms de Arusha. A las 8.30 horas teníamos a John en la puerta del hotel con el que sería nuestro vehículo para todo el safari, un amplio 4×4 verde en perfecto estado, cuyo techo se podía levantar para una mejor observación y poder ir de pie ya despacio por los caminos, así como buena visibilidad por las ventanas de los costados.

Vehículo del safari
Con el techo elevado

En cuanto a nuestro guía, John Baltazar, enseguida nos cayó bien, y conforme más tiempo compartimos más encantados acabamos con él. Transmitía pasión por su trabajo, demostró tener mucha experiencia para situarse y saber esperar los mejores momentos e infinitos conocimientos de la flora y fauna que avistábamos. Además, le entendíamos muy bien y tuvimos conversaciones muy interesantes, aprendiendo multitud de aspectos de las costumbres y cultura local. En resumen, de diez 😀 . 

En hora y media nos presentamos en el centro de visitantes del Parque Nacional del Lago Manyara, después de ver la vida en las afueras de Arusha, un pequeño atasco, contemplar la sabana africana, atravesar algún pueblo y una breve parada para ver formaciones hechas por termitas. Como curiosidad en Tanzania se conduce por la izquierda y las carreteras hasta allí estaban en buen estado.

En primer plano

En este caso las imágenes hablarán más y mejor de la experiencia que lo que pueda escribir, dejando sólo algunas pinceladas de lo vivido y detalles prácticos. Para empezar, es importante saber que tanto en la recepción como en la zona habilitada para picnic había baños, no pudiendo ir en ningún otro sitio dentro del parque. Estuvimos recorriendo las ajetreadas pistas cercanas al lago desde las 10 hasta las 17 horas aproximadamente, yendo después al hotel. La comida se hace de picnic que John ya llevaba, siendo obligado hacerlo en la mencionada zona habilitada, que consistía en una serie de mesas bajo algunas acacias y con unas excelentes vistas a los humedales y valle del Rift en general. Consistió en un sándwich de pollo, zumo y galletas, además del litro de agua por día.

El paisaje del que pudimos disfrutar es el típico de la sabana, dominado por las omnipresentes acacias y baobabs, alguna zona más densa en vegetación y otras más despejadas y dado que era final de la estación seca, un menor volumen de agua.

John se conocía a la perfección los caminos, de tierra, parando allá donde era necesario y sin prisas. No tardamos en avistar algunos monos (incluso en el pueblo), y ya con sol y por este orden, fueron apareciendo elefantes, ñus, cebras, búfalos, hipopótamos, jirafas, impalas y un sinfín de aves diferentes. Sin duda los más grandes impresionaban mucho, pasando en ocasiones muy cerca de nosotros, pues tienen prioridad al cruzar. También nos llevó a un pequeño mirador sobre los humedales, desde el que observar los hipopótamos, sobre todo, pudiendo bajar del coche en la parte señalizada. Los animales carnívoros no se dejaron ver en Manyara, por lo que hay que tener paciencia.

El alojamiento para esa noche fue el Manyara Wildlife Camp, pegado al lago por el norte, con wifi en la recepción, cabañas con baño propio, mosquitera en la cama e incluso una pequeña piscina común desde la que observar tanto el lago como las montañas de fondo, todo impecable la verdad. La cena, tipo buffet, estuvo genial, teniendo sólo que pagar las bebidas y alguna propina que dejamos al personal del hotel. Ese día John no cenó con nosotros, pero sí que lo haría en otros hoteles. El primer día de safari terminaba con muy buenas sensaciones y ganas de más, como no podía ser de otra manera 😉.


DÍA 4- SERENGETI (I)

Vistas desde la cabaña

Dedicaríamos la mañana al traslado hacia al oeste para llegar al parque más lejano -y también el de más fama- desde Arusha, el Serengeti. El desayuno en Manyara fue fantástico, así como las vistas al valle del Rift, que recuerdo ocupa buena parte de África oriental, recorriendo sobre todo Etiopía, Kenia y la misma Tanzania. No estaremos aquí para verlo, pero con el paso de los siglos y los movimientos de placas tectónicas esta parte se separará del resto del continente.

Ya en ruta, fuimos ganando altitud rápidamente llegando hasta los 2.500 metros en el mirador del cráter de Ngorongoro, otro fascinante parque natural que visitaríamos a la vuelta. Previamente paramos en un par de tiendas, una de ellas una galería para turistas y una segunda más local y, en consecuencia, fueron más insistentes. A partir de la puerta de entrada al área de Ngorongoro la carretera pasaba a pista de tierra, en bastante buen estado. Hacer constar que tanto en las tiendas, como en las entradas a los parques y en el mirador había baños, para tenerlo en cuenta 😉.

Jirafa bajando de Ngorongoro

En el mirador también nos detuvimos, disfrutando de las espectaculares vistas a uno y otro lado, sobre todo del propio cráter. A partir de ahí fuimos bajando algo y cruzando villas y rebaños de ganado de los masai, pues habíamos entrado de lleno en una de sus zonas de influencia. El paisaje parecía una llanura interminable con algunos árboles sueltos, en las que ya había grandes manadas de animales herbívoros, y alguna franja con mayor vegetación, donde John nos enseñó un tipo de acacia cuyo fruto de usa como silbato, como curiosidad. Igualmente, el estado del camino permitía ir entre 60 y 80 km/h, que no está nada mal, demostrando nuestro guía buenas habilidades como conductor.

Vista del cráter desde el mirador

Habiendo recorrido unos 150 kms, llegamos a la puerta de entrada al Serengeti y en pocos minutos más al área de descanso y comidas de Naabi Hill, que es lo que se conoce como un “kopje”. Esto son formaciones rocosas que por la erosión quedan al descubierto y llaman bastante la atención dentro de la planicie. Además, suelen contar con más vegetación. Aquí comimos, pudiendo subir después a la parte alta, con vistas infinitas de la llanura del Serengeti, y muchos lagartos llamativos con tonos azules.

Por la tarde y hasta llegar al alojamiento, hubo multitud de avistamientos de todo tipo de animales, sumando a las grandes manadas de ñus, gacelas y cebras algunas jirafas y elefantes. Por fin vimos el primer grupo de leones a los pies de un árbol, otro grupo de guepardos y, en palabras de John, el esquivo y difícil de encontrar serval, un pequeño felino muy estilizado, así que hubo suerte 😊. Comentar que la afluencia de vehículos era mayor aquí, sin que fuera agobiante ni disparatado, juntándose sobre todo y como es lógico con los animales carnívoros, que son muchos menos en proporción. De nuevo, la experiencia de nuestro guía fue fundamental para saber colocarse y esperar cuando tocaba, con una paciencia que dio muy buenos resultados.

Entre un paisaje más húmedo y una mayor vegetación, tanto de arbustos como árboles, avistamos avestruces, búfalos, monos y más jirafas y elefantes, llegando pasadas las 18 horas al Serengeti Bush Camp. Este alojamiento, a unos 70 kms de la entrada al parque, consiste en unas tiendas bien asentadas y equipadas con su habitación y baño, con mosquitera en la cama y un peculiar sistema de agua caliente, en el que hay que avisar para que un empleado vierta el agua previamente calentada (al fuego) en el barreño correspondiente, que están en alto por fuera de la tienda. Por respeto, la ducha fue lo más corta posible, claro. Sólo dispone de electricidad por energía solar y wifi en la zona común y recepción y la comida, de nuevo, fue excelente, cenando hoy sí en compañía de John. 

Serengeti Bush Camp
Cenando junto a John

Como guinda del día, compartimos una entrañable sobremesa alrededor de una fogata en mitad del Serengeti como quien dice, entre interesantes conversaciones de todo tipo, desde el conflicto en la vecina Ruanda a la importancia de la conservación de los espacios naturales en Tanzania, haciendo gala John de un buen sentido del humor también, en sus imitaciones de hienas y leones 😀 .


DÍA 5- SERENGETI (II)

Durante la noche se dejaron oír los característicos ruidos de las hienas, que no andarían muy lejos, pues las tiendas están en mitad del parque. Además, si se quiere salir de la misma por la noche por algún motivo, se debe avisar con una linterna al vigilante correspondiente, que por seguridad suele ir armado con alguna carabina, o como pasó en otro de los alojamientos, con arco y flechas. Así pues, tras madrugar, ver el amanecer con ñus a lo lejos y desayunar muy bien, nos pusimos en marcha sobre las 8:15 horas con el día nublado y fresco.

Amanece en el Serengeti Bush Camp

No sé cuántos kilómetros haríamos ni por qué zonas exactas, pero por la mañana estuvimos siguiendo el río Seronera, divisando bastantes animales que todavía no habíamos visto, como hienas, facóceros, mangostas o el dik-dik, un tipo de ciervo muy pequeño. Igualmente, hipopótamos en el río, los grupos habituales de herbívoros como gacelas, ñus, búfalos, cebras y antílopes y también varios tipos de aves como buitres, avestruces, marabús o el curiosísimo pájaro secretario. En cuanto a los carnívoros, tuvimos un espectacular avistamiento de un grupo de leones, que gracias a la paciencia y buen hacer de John, acabaron viniendo a tumbarse junto al árbol en el que paramos, observándolos bien de cerca. Un poco más lejos y encaramado en un árbol avistamos un leopardo, siendo fundamental, o al menos recomendable, llevar unos prismáticos y una cámara con un buen zoom, para una mejor experiencia en este tipo de viaje.

Después, una breve parada en el centro de visitantes, con baño, y continuar por recomendación de John hacia las llanuras y zonas de kopjes del este, donde comeríamos el picnic por el camino en vez de hacerlo en el centro. De la comida no hay que preocuparse, pues la preparan en cada alojamiento y los guías la recogen, consistiendo en sándwiches, zumos y galletas normalmente. De lo más destacable de la tarde fueron unos grupos de elefantes y leones, quedando un león aislado en un árbol y rodeado de elefantes, dando lugar a un momento de tensión en el que tuvo que escapar de un brutal salto.

Miriam junto al león

Por otra parte, la zona de “kopjes” fue de especial belleza paisajística, ofreciendo algo diferente a la infinita extensión de la planicie, encontrando multitud de aves en sus alrededores y animales como el pequeño dik-dik. En cuanto a las grandes manadas de herbívoros, podías mirar a tu alrededor 360 grados y no ver dónde acababan. Llegamos a bajar del coche para hacernos alguna foto en las zonas que John lo permitía, regresando hacia el alojamiento con nuevos avistamientos de hienas, búfalos o jirafas entre otros, siendo capaz de localizar un escarabajo pelotero en plena acción, demostrando así que no sólo de animales grandes vive el Serengeti 😊.

Sobre las 16:30 horas estábamos de vuelta, tan encantados como polvorientos, pues al ir con el techo elevado por los caminos te entra todo dentro, nada que no se solucionara con una ducha caliente cortesía del amable personal del alojamiento. El resto de la tarde fue para descansar, escribir notas en la zona común, conversar y reponer fuerzas con una magnífica cena con entrantes tipo buffet y plato principal.

El Serengeti

DÍA 6- SERENGETI (III), OLDUPAI Y A NGORONGORO

Repitiendo los pasos del día anterior, salíamos a las 8:15 tras despedirnos del personal del hospedaje y saldar la cuenta de las bebidas, dejando también algo de propina. Incidir aquí en la importancia de éstas últimas, ya que los sueldos no son muy elevados y de esta forma el personal completa sus ingresos. No sé si mucho o poco, como mera referencia, dejamos en este caso 40.000 TZS=15,16 €.

Migración de ñus

La idea del itinerario matutino era irse acercando a la puerta de Naabi Hill, que es por donde saldríamos hacia la zona de Ngorongoro. Aparte de los herbívoros más habituales, se dejaron ver impalas, elefantes, búfalos y leones hasta en tres ocasiones, obteniendo unas fotos en primer plano muy chulas. Asimismo, ya en la zona abierta de sabana, nos llamó mucho la atención la hilera de ñus que se acercaban al estilo de las migraciones de los documentales y ver cómo los buitres hacían su trabajo con los restos de uno de ellos. Sobre mediodía llegamos a Naabi Hill, comiendo en su zona habilitada, que ya conocíamos de la ida.

Rodeados de terreno más seco y polvoriento, salimos del Serengeti por la misma pista de tierra que entramos, pasando a la amplia zona de conservación de Ngorongoro, que no hay que confundir con el cráter propiamente dicho, que es una pequeña parte de la primera. La siguiente parada fue en el centro de visitantes y museo de la garganta de Oldupai, un lugar que a la ida pasamos por alto y que nos sorprendió absolutamente.

Ayudando en la adversidad

Se trata de un yacimiento arqueológico donde se han hallado lo que parecen ser los restos de los primeros homínidos, o lo que es lo mismo, la cuna de la humanidad, título con el que compiten con algún otro yacimiento en Sudáfrica. Fuera como fuese, lo cierto es que cuenta con una interesantísima exposición sobre el asunto, en el que se refleja la evolución y cómo estos homínidos empezaron a emigrar desde el valle del Rift poblando otros continentes. Igualmente, se puede acceder a un mirador sobre la garganta donde se han localizado los fósiles, contando con una buena explicación de un guía, que se ganó su propinilla.

Continuamos camino con pinchazo incluido, si bien todos aquí llevan al menos una rueda de repuesto, dándonos la opción John de visitar una villa masai sin que estuviera incluido, al precio de 50 $=42,73 €. Tras deliberar un poco decidimos ir, encontrando algunos pros y contras en la experiencia.

Por un lado, nos encontrábamos en el territorio propio de los masai, por lo que abundaban sus poblados, siendo atrayente conocer sobre sus costumbres, forma de vida, ver cómo son sus cabañas por dentro y demás. Por otra parte, no deja de ser algo muy orientado al turismo, existiendo un pequeño mercado de adornos en el poblado, y enseguida te vestían con sus prendas y te animaban a participar de algún baile tradicional. En resumen, no fueron en absoluto insistentes ni pesados a la hora de vender y el guía que nos explicó sobre el poblado fue muy amable, por lo que pesó más la primera parte y nos pareció bien haberlo hecho. Ya cada uno debe valorar, nosotros no compramos nada y sólo dejamos una pequeña propina en la guardería además del precio del extra en sí.

Rhino Lodge
Bonita perspectiva

Sólo quedaba ya llegar a nuestro nuevo hotel, el Rhino Lodge, situado cerca de la bajada al cráter, que exploraríamos al día siguiente. Durante la jornada pudimos hacer unos 180 kms más o menos, llegando al atardecer, sobre las 18:30 horas, al citado alojamiento. Nuevamente sus instalaciones estaban muy bien, teniendo nuestra habitación doble con baño y una pequeña terraza con vistas al bosque, más frondoso en esta zona, y posibilidad de ver animales desde allí. La electricidad funcionaba hasta las 21 (luego sólo las luces) y wifi sólo en la recepción. La cena, tipo buffet, estupenda, así como el comedor y las vistas desde el mismo. 


DÍA 7- CRÁTER DE NGORONGORO Y A TARANGIRE

Vista del cráter

Con un diámetro de 20 kms aproximadamente, el cráter de Ngorongoro cuenta con una densidad altísima de animales, que como si de un zoológico natural se tratara, lo tienen todo para vivir dentro, rodeados de montañas de 500 metros de altitud que hacen de valla y dan forma al cráter de este volcán ya extinguido. En su interior hay lagos y agua suficiente, algunas zonas más frondosas en vegetación y toda lo comida necesaria tanto para herbívoros como carnívoros.

Iniciamos la ruta más pronto que otros días, a las 7, por lo que hubo que madrugar más para desayunar. La pista que entra al cráter ofrece unas vistas impresionantes, que mejoraron más si cabe con las nubes que quedaban paradas en las paredes montañosas. No tardamos mucho en llegar abajo, empezando por la parte oeste del cráter, donde se encuentra la masa principal de agua, el lago Magadi. Enseguida tuvimos los primeros avistamientos de cebras, gacelas, facóceros, hienas, elefantes y leones a lo lejos y un animal no visto hasta el momento, el chacal. A estas alturas habíamos visto casi de todo, apenas nos quedaba el rinoceronte, probablemente el más difícil por los pocos que quedan, sabiendo que en el cráter era posible hacerlo.

Nos fuimos desplazando hacia el centro y norte del valle, destacando grandes manadas de herbívoros, la piscina de hipopótamos, los pelícanos y el jaleo general que se montó debido a un ataque de hienas en grupo que se llevaron una cebra por delante, lo normal por estas tierras vaya. También aquí vimos leones muy de cerca, de hecho, aprovecharon la sombra de los 4×4 para descansar un rato, y como es lógico tienen prioridad. A continuación nos movimos hacia el sureste, donde hay otro lago, llamado Ngoitokitok, y una zona de bosque, comentando que tanto en este lago como justo al bajar al valle están los dos espacios con baños habilitados existentes en el cráter.

Cráter de Ngorongoro

En el citado lago también avistamos hipopótamos y varios tipos de aves, prosiguiendo la marcha hasta un área boscosa previa a la pista de subida y por lo tanto salida del cráter, que está pavimentada. En este último lugar pudimos ver búfalos, cebras, monos, gacelas, leones a lo lejos y elefantes en la ladera. Avanzamos, ya arriba, hasta el mirador del cráter en el que paramos a la ida, y desde allí John fue capaz de identificar un rinoceronte, que hasta entonces nos habían dado esquinazo. Ciertamente costaba verlo, pero con los prismáticos y cámara al menos se sabía lo que era. Es lo que tiene la fauna salvaje, no está ahí para ti 😊.

Paramos a comer en el acceso (y salida) al área de conservación de Ngorongoro, que cuenta con baños al igual que el mirador, y ya por la carretera asfaltada B-144 fuimos cruzando pueblos como Karatu o Rhotia. De nuevo nos detuvimos en la tienda local de la ida, donde ahora sí regateamos de lo lindo para llevarnos algún recuerdo local. Llegando al pueblo de Makuyuni, a unos 90 kms del hotel (sin contar el recorrido por el cráter), nos unimos a la A-104 hacia el sur hasta llegar al desvío del siguiente y último parque natural de esta aventura.

Accedimos al Parque Nacional de Tarangire por el sur del lago Burungi, ya que el alojamiento quedaba más cerca y así el recorrido sería más lógico para el día siguiente, hacia el norte y encarando Arusha, final de trayecto. El terreno pasó a ser considerablemente más seco, aunque con vegetación, cruzándose sobre todo elefantes antes de llegar al hotel sobre las 16:30 horas. Nuestra última noche de safari sería en el Tarangire Simba Camp, próximo a la entrada al parque, con cabañas-tiendas impecables, mosquitera en la cama, baño con agua caliente, electricidad y wifi en la recepción.

Lo mejor, una piscina con vistas a una charca donde los animales van a beber, lo que proporcionaba vistas a los grupos de elefantes, cebras, ñus o facóceros entre otros, que se avituallaban a pocos centenares de metros mientras nos bañábamos, increíble 😀 . Además, nuestra cabaña era la última, pudiendo ver animales desde el propio porche que iban a la charca, al ser una zona de paso para ello. La cena, siguiendo la tónica general de los anteriores, muy buena, con buffet de entrantes, sopas y varios platos principales, que compartimos junto a nuestro querido guía, John.


DÍA 8- TARANGIRE Y A ARUSHA: FIN DEL SAFARI         

Llegando a Tarangire
Vehículo listo

Sin duda, nos mereció la pena levantarnos al amanecer para disfrutar del ambiente desde el porche, desayunando e iniciando la marcha a las 8 para entrar al parque por la puerta de Sangaiwe, cercana al alojamiento. La primera parte del recorrido fue hacia el este, viendo mangostas, elefantes, dik-dik, monos y cebras y apareciendo los baobabs como árbol dominante. Pasamos por la colina de Tarangire, muy seca, bajando hasta la zona más húmeda que seguía el curso del río del mismo nombre.

Yendo hacia el norte avistamos multitud de animales que se acercaban al río, que en esta época del año lleva poca agua y está a la espera de que aparezcan las lluvias. Entre ellos destacaron los búfalos, impalas, ñus, avestruces, jirafas, cebras, elefantes con crías y un tipo de antílope enorme que todavía no habíamos visto, el eland. Con más vegetación por la humedad del suelo seguimos avanzando, cruzándonos con un grupo de leones que descansaban a la sombra y un escurridizo leopardo, que con la paciencia adecuada, pudimos ver bastante bien. Como apunte, durante la visita a este parque hubo menos coches y turistas que en los previos. Comimos en las instalaciones del acceso principal, cercano a la carretera, del picnic preparado y con elefantes, mangostas y monos no muy lejos del mismo.

Quedaban por delante unos 110 kms por la carretera A-104 para regresar al punto de partida, Arusha, entrando en la ciudad pasadas las 16 horas. Lo primero fue parar en la oficina de Sunny Safaris para preguntarnos qué tal había ido y después John nos acercó al hotel, que sería el mismo del primer día y ya lo dejamos reservado. Hasta aquí llegó la aventura y aquí nos despedimos de nuestro nuevo amigo, John, que demostró ser un guía confiable y conocedor de todo lo que concierne a los safaris, por lo tanto, un gran profesional y excelente persona. Decidimos darle una buena propina y le deseamos la mejor de las suertes 😊.

El leopardo

Como resumen, lo fundamental para elegir un buen safari será, en primer lugar, tener claro de cuántos días y presupuesto se dispone, eligiendo lo más adecuado a cada caso. En el nuestro 6 días y 5 noches estuvo más que bien, los hay de mayor y de menor duración, si bien en estos últimos no podrán verse todos los parques aquí detallados. En segundo lugar y más importante, es la elección de una buena compañía, para lo cual hay que investigar, cosa que hoy en día con internet es fácil. De Sunny Safaris sólo podemos decir que fue perfecto, todo muy rodado y alojamientos y comidas cumplieron las expectativas. Por último, está el guía, aquí ya no se suele tener control sobre ello, pero normalmente una buena compañía lo es porque sus guías también lo son. Fue el caso de John, parte imprescindible en el éxito de esta aventura.

Llegando a Arusha

Y de lo práctico, pues bastante sentido común, ropa cómoda, prenda de cabeza, crema solar si es estación seca, repelente de mosquitos, y sobre todo llevar unos prismáticos, que aportarán mucho valor, cosa que constatamos. Si además la cámara tiene un buen zoom, los recuerdos serán mucho mejores, como en este relato podéis ver. Nuestro siguiente paso nos llevaría a Moshi y las faldas del Kilimanjaro, un ambiente bien distinto que os queda a sólo un click de distancia 😉.

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