
DÍA 8- RUMBO AL NORTE: MONASTERIO DE KEUR MOUSSA Y DESIERTO DE LOMPOUL
Esta excursión ya fue más organizada con noches reservadas en el desierto y en Saint-Louis, fuimos cuatro y juntamos tres días para ello, con el mismo coche que en la anterior, un Renault Clio muy justito pero que ya sabíamos de lo que era capaz (como siempre el coche es la mejor opción aquí, existiendo taxis compartidos sobre todo a Saint-Louis o tours organizados desde Dakar).
Era domingo, el mejor día para visitar el monasterio cristiano de Keur Moussa porque en las celebraciones cantan en wolof, la lengua local más extendida, y además sin tráfico apenas. Para llegar salimos temprano (la misa cantada empieza a las 10 h) por la autopista como siempre (peaje 400 CFA=0,60 €), cruzamos Rufisque por la circunvalación, N-1 hasta Diamniadio y continuamos a la izquierda (N-2 a Thiès y Saint-Louis) en vez de a la derecha (recordad que no hay señalización). Una vez en la N-2 se pasa un pueblo, Sebikotane y se gira a la izquierda a Keur Moussa (10 kms desde que se coge la N-2 al desvío de Keur Moussa y luego otros 4 kms hasta el monasterio, ante la duda preguntar siempre, desde Dakar son unos 50 kms). Llegamos justo a tiempo para ver el ambiente (estaba lleno y tuvimos que escuchar desde fuera de la iglesia), pero hay que reconocer que los cantos en wolof sonaban muy bien. Visitamos también una interesante tienda donde venden un queso de cabra que hacen los monjes entre otras cosas.
Tras ello pusimos rumbo al desierto de Lompoul, regresando a la N-2 y girando a la izquierda dirección Thiès (otros 20 kms). La población de Thiès debe su desarrollo a las líneas de tren que aquí se dividían a Saint-Louis y a Mali (que es la única que en la actualidad existe todavía) y cruzarla no tiene pérdida pues viniendo de Dakar (N-2) se llega a una plaza (por el oeste) que hace de rotonda, pasando una primera salida al este que es la N-3 a Touba y luego ya al norte se continúa hacia Saint-Louis (N-2) cruzando una larga calle con restaurantes y puestos (donde paramos a tomar algo y estuvimos tan a gusto que prometimos volver a cenar a la vuelta si íbamos bien de tiempo), se pasa la vía del tren y ya se sale de la ciudad (de Dakar hasta aquí son 70 kms y a Saint-Louis 190 kms).
Continuamos por la carretera entre enormes baobabs, aldeas y pueblos como Tivaouane y su enorme mezquita (llamativo la cantidad de basura y sobre todo plásticos justo a la entrada y salida de cada pueblo), parando donde se nos antojaba y comiendo de nuestras provisiones. La carretera está decente pero no es aconsejable correr pues en cualquier momento te puedes encontrar una vaca o un rebaño entero de algo cruzando. Al llegar a Kèbémer se gira por otra carretera estrecha (que además está nueva) a la izquierda y que va hacia la villa de Lompoul y se acerca al mar (Dakar-Kèbémer son unos 140 kms y 25 kms más hasta Lompoul).
Una vez allí aparcamos en una zona preparada por 1.000 CFA=1,52 €, pues para llegar al desierto hay que ir en unos camiones, llamamos a Abdou (con quien habíamos reservado la noche en el Camp du Désert y que sólo habla francés), nos entendimos como pudimos y entre unas cosas y otras estaríamos casi una hora en el pueblo, que aprovechamos para jugar al fútbol con los críos. Por fin aparecieron los camiones y junto a otra gente que venía con un tour organizado fuimos al campamento por caminos de arena y después dunas, como si estuviéramos en el rally París-Dakar vaya, algo diferente.



El desierto de Lompoul se extiende aquí desde las cercanas playas y hay posibilidad de alojarse en varios campamentos, nosotros reservamos por teléfono en el Camp du Désert, que cuenta con tiendas mauritanas (la nuestra era para 4), con cómodas camas, suelo de arena como es lógico y el baño era un espacio contiguo a la tienda rodeado por una valla de juncos, no había agua caliente, pero uno se podía duchar (o sentarse en el wc) mientras contemplaba las estrellas de noche, que tampoco está mal. Teníamos la cena y el desayuno incluidos (media pensión) y nos costó 22.000 CFA=33,53 € a cada uno, una experiencia que yo recomendaría desde luego.
Como quedaban un par de horas para la puesta de sol que mejor que irse a correr o saltar por las dunas y es que para mí era la primera vez que estaba en un desierto relativamente grande. Dimos una vuelta en camello por 3.000 CFA=4,57 € de unos 30`, excepto yo que no cabía y preferí ir por tierra haciendo fotos a los demás, hasta que ya el sol se escondió (pudiendo disfrutar de otra maravillosa puesta de sol que tanto me gustan). Cenamos en la tienda-comedor, junto a unos franceses que habían venido con un tour en jeeps siguiendo la costa desde Dakar (y es que es playa ininterrumpida), en un precioso ambiente con la luz del crepúsculo (después ya oscuridad) y candelabros con velas.
A la cena siguió bailes y cantos africanos alrededor de la hoguera (a medida que el ambiente decaía los españoles fuimos tomando el control y empezamos con un repertorio popular), con posibilidad de tomarse algo, hasta que la gente se fue retirando excepto nosotros que nos quedamos un buen rato junto a la hoguera y charlando (con nuestro francés) con los que allí trabajaban (alguno de los nuestros dijo que fue como rejuvenecer 10 años viéndose en una hoguera en un campamento), muy agradable la verdad. Tampoco faltó mi ratito de observación de las estrellas pues el entorno, la falta de luz y lo despejado del día invitaban a ello (abrigado que la temperatura baja por la noche en el desierto) y ya a descansar a las 2 ó 3 de la mañana tras disfrutar de un día cargado de nuevas experiencias. Hacer constar que desde hace poco se celebra anualmente el Festival du Sahel en pleno desierto con las figuras musicales más importantes del país, como Ismael Lo y que debe tener un ambiente espectacular por lo que nos dijeron.
DÍA 9- RUMBO AL NORTE: SAINT-LOUIS Y SU PASADO COLONIAL
Desayunamos (perfecto también) en la tienda-comedor y nos despedimos de la gente del campamento que nos trató muy bien, nos acercaron a Lompoul en el camión y ya con nuestro coche primero de vuelta a Kèbémer y allí a la izquierda por la N-2 de nuevo hasta Saint-Louis (desde el desierto unos 130 kms) pasando por más villas y aldeas, baobabs, rebaños que se cruzaban, en fin, parecido al día anterior.
Ya en la ciudad, que se encuentra en la desembocadura del río Senegal, cruzamos la parte continental, un primer puente a la isla de N`dar (donde está la mayoría de los edificios coloniales) y otro más a la península de la Langue de Barbarie donde reside la comunidad pesquera y se encontraba el hotel Mermoz, donde habíamos reservado la noche. Tras pasar el segundo puente giramos a la izquierda, atravesando el barrio pesquero (con un atasco impresionante pues era la hora que los cayucos regresaban) y observando cómo es la vida diaria allí (los olores fuertes también destacaban) hasta que pasamos el cementerio, avanzamos un poco y ya vimos el hotel (no tiene pérdida pues es la única carretera que sigue al sur de la península). Nos acomodamos en nuestra habitación para 4 tipo bungalow del hotel Mermoz, que estaba muy bien, con su baño completo, armarios, camas, una mesita para estar fuera, restaurante, piscina común y salida directa a la cercana playa (la Langue de Barbarie está rodeada del río Senegal a un lado y el océano al otro), un sitio recomendable que nos costó 57.500 CFA=87,65 € los cuatro sólo alojamiento (casi 14.400 CFA=21,95 € cada uno).
Tras comer de lo nuestro en la habitación salimos a pasear por Saint-Louis atravesando el barrio pesquero y dejando el coche en la isla de N`dar, observando todos los enormes cayucos atracados en el río senegal y haciendo un circuito a pie viendo la catedral, la mezquita, el palacio del gobernador o el famoso puente Faidherbe (une la isla con el continente) y sus arcos metálicos y demás construcciones coloniales francesas sobre todo, con balcones de hierro forjado y puertas grandes de madera entre otras características hasta descansar tomando algo en el hotel de la Poste, junto al puente Faidherbe. Saint-Louis es la segunda ciudad más importante del país, su zona colonial es Patrimonio de la Humanidad y alcanzó su punto más alto como capital del antiguo imperio colonial francés a finales del siglo XIX. Toda esta zona está suficientemente cuidada pero no tanto como esperaba, aunque sigue teniendo un paseo agradable.



En la cafetería del hotel de la Poste hablamos con algunas personas que hacían de guía tanto por la ciudad como los parques naturales cercanos, quedando con uno que hablaba español y estaba libre, Babacar, para que al día siguiente y como teníamos pensado nos llevara al parque nacional des Oisseaux du Djoudj. Nos dejó su folleto con los precios (ofrece un recorrido guiado por la ciudad por 5.000 CFA=7,62 € por persona que es para pensarlo al menos, excursiones a Lompoul, a la Langue de Barbarie y la que contratamos y os cuento en el día 10), así que ya regresamos al hotel a cenar y tomarnos algo (por ejemplo, sandwich de pollo a 2.500 CFA=3,80 €) y descansar para madrugar el último día de esta escapada.
DÍA 10- RUMBO AL NORTE: P.N. DES OISSEAUX DU DJOUDJ Y A DAKAR
Habíamos quedado con Babacar en el propio hotel a las 8 de la mañana, así que tras desayunar y pagar la factura nos encontramos allí. La excursión al parque natural (a unos 70 kms de Saint-Louis hacia el noreste haciendo frontera con Mauritania) se hace en su propio todoterreno (viejo pero cómodo) lo cual es mucho mejor claro y cuesta 20.000 CFA=30,49 € por persona donde entra su transporte, la entrada al parque y la piragua que te lleva a ver la colonia de pelícanos.
Como pudimos ir comprobando a lo largo del día Babacar es un tipo divertido y entrañable, nos sentimos muy cómodos con él, su español es decente para entenderse y como conductor estuvo bien también, hasta en una aldea paró y nos compró unas coca-colas y magdalenas, todo un detalle. Pensamos que de haberlo sabido hubiera sido interesante recorrer la ciudad con alguien que te puede ir contando la historia del lugar, pero ya no había tiempo. Conviene contratarlo cuanto antes (nosotros tuvimos suerte pues fue el día anterior) para evitarse problemas, así que quien esté interesado en ello que me escriba y le daré email y teléfono (con su propio consentimiento, claro).
La excurión a Djoudj dura unas 7-8 horas, por lo que entre las 2 y 3 de la tarde estaríamos de vuelta. Salimos de Saint-Louis por la N-2 hacia el norte hasta que ya se fue desviando por pistas de tierra (como ya íbamos con guía tampoco me quedé con cómo llegar) hasta la entrada al parque, todo ello entre animadas conversaciones. Allí picamos algo de lo nuestro y avanzamos hasta el embarcadero de las piraguas, donde nos tocó esperar un buen rato (había bastante gente y mucho extranjero, o sea, blanco). Esta reserva natural está en un gran meandro del río Senegal y se pueden observar cocodrilos, serpientes, jabalíes, pero sobre todo aves y en particular una gigantesca colonia de pelícanos, motivo por el cual (al ser uno de los primeros humedales permanentes después del Sahara) y dada su importancia es Patrimonio de la Humanidad y zona de especial conservación.
El recorrido por el río en piragua se extiende hasta las dos horas (por lo que una prenda de cabeza puede venir bien) y fuimos viendo varios tipos de aves, jabalíes en la ribera del río e incluso algún cocodrilo, aunque costó verlo. Babacar también vino y nos iba contando cosas, hasta que empezaron a aparecer pelícanos y llegamos a una gran colonia de miles de individuos, impactándonos su tamaño y lo cerca que pasaban planeando de la piragua o sobre nuestras cabezas, eso sí, cuando el viento traía el olor hacia nosotros tocaba sufrir un poco. Después del plato fuerte del día Babacar nos llevó hasta la orilla de un lago con un observatorio de aves desde donde se veían flamencos, garzas y demás, aunque un poco lejos, allí también nos enseñó cómo ponerse un pañuelo mauritano para cubrirse del sol y hacernos unas fotos ya de paso.
Nos quedaba el camino de vuelta parando en alguna aldea y charlando tranquilamente, llegar al parking del hotel Mermoz en Saint-Louis para coger nuestro coche y despedirnos de Babacar agradeciéndole su trato y con la impresión de que no pudimos dar con un tipo mejor para esta excursión. Comimos algo en la zona colonial de Saint-Louis, en el Flamingo concretamente (que también es local nocturno y con actuaciones en directo los fines de semana) muy cerca del puente Faidherbe, a un precio razonable y salimos para Dakar algo tarde, pues por delante teníamos 260 kms de N-2 senegalesa.
Durante el recorrido la gendarmería senegalesa nos paró (sin problemas) y sin prisa pero sin pausa llegamos al atardecer a Thiès, donde nos detuvimos a cenar en el mismo sitio que a la ida (muy bien aunque desafortunamente no apunté el nombre, está en la avenida principal, Léopold Senghor, tiene una terraza con toldo y dos o tres plazas de parking propias). Por último, la siempre peligrosa entrada a Dakar (particularmente de noche) llegando a casa cansados, pero sintiéndonos afortunados por lo vivido durante esta vibrante excursión.
Como resumen sólo puedo contaros que tener la oportunidad de vivir aquí varios meses me aportó, enseñó y recordó muchas cosas (positivas en su inmensa mayoría) y que quien decida viajar aquí con mentalidad abierta, prestando atención a los detalles y olvidándose de cómo vivimos en España no le decepcionará. ¡Muchas gracias por haber llegado hasta aquí y hasta pronto 😉 !
















