MU-1, SUR Y OESTE

DÍAS 1 y 2- DE VALENCIA A MAURICIO POR ESTAMBUL

Como era lógico en un viaje de este tipo, tuvimos que hacer muchas horas de avión para llegar, primero de Valencia a Estambul en unas 4, escala de más de dos y vuelo nocturno de más de 10 hasta la remota isla de Mauricio. Los aviones de Turkish Airlines están muy bien, pero en turista uno acaba cansado, eso seguro. Recuerdo el precio de 1.068 € cada uno, algo elevado aunque, dado que lo compramos unos 15 días antes, esperable.

Sobrevolando Estambul

El aeropuerto Sir Seewoosagur Ramgoolam está al sureste de la isla, muy cerca de la población de Mahébourg. El nombre corresponde al político que estaba en el cargo en el momento de la independencia del país, y primer presidente. Es pequeño y pasar los controles pertinentes y formularios no nos llevó demasiado tiempo, cambiando dinero allí mismo a 1 €=46,30 MUR, que para sorpresa resultó ser mejor que el de Pereybere, donde nos alojábamos. A la salida teníamos a una persona del alquiler de coches con mi nombre y enseguida nos lo dieron, tras revisar su estado. Recuerdo que lo gestionamos a través del alojamiento, pagando por 11 días 13.200 MUR=280,85 €.

El Toyota Vitz

El vehículo fue un Toyota Vitz, un utilitario pequeño con 95.000 kms que cumplió bastante bien, aunque le faltara potencia en las cuestas del interior. Hacer constar que iba con el carné internacional de conducir para mayor seguridad (no me quedó claro si era obligatorio o no). Respecto a las carreteras son estrechas y la única autovía, que va del aeropuerto a la capital y hasta Grand Baie en el norte, tiene tantas rotondas que no se puede ir rápido, por lo que los traslados en general llevan bastante tiempo. Durante el viaje vimos obras de mejora por lo que puede que en los próximos años se acorten los desplazamientos. Y lo más importante, se conduce por la izquierda, lo que implica mucha más precaución mientras uno de adapta a ello.

Autovía M-2
Toparadis de noche

Mauricio nos recibió con lluvia y nubes, lo que hizo que fuera todavía más lento para recorrer los 75 kms que teníamos hasta la otra punta, al noroeste, donde estaba la población de Pereybere, tardando hora y media fácil. La mayor parte fue por la autovía M-2, evitando Port-Louis, donde el tráfico se complica, gracias a una carretera de enlace que la rodea. Del comportamiento de los locales al volante puedo decir que ni tan mal, lo esperaba peor, es verdad que no usaban el intermitente muchas veces, pero iban con precaución.

Ya en Pereybere localizamos bien el “Toparadis”, ya descrito en la introducción, donde nos recibieron amablemente y nos pusieron al tanto de todo. El resto de la tarde, entre la lluvia y el cansancio de los vuelos, apenas salimos a comprar algo en el supermercado más próximo y a recuperarse.


DÍA 3- PLAYA Y BUCEO EN FLIC EN FLAC

Caña de azúcar por el camino

Amaneció con sol y alguna nube, así que perfecto para empezar a conocer la isla, sobre todo después del magnífico desayuno del hotel. Nuestro primer destino fue la conocida localidad de Flic en Flac, en plena costa oeste y famosa por sus playas. Para ello bajamos por la M-2 rodeando la capital, pero encontrando varios atascos igualmente casi hasta llegar a Flic en Flac, lo que hizo que nos llevara 1h 20` en cubrir poco más de 60 kilómetros.

Lo bueno de las playas públicas de Mauricio es que suelen tener aparcamiento de sobra y zona de árboles que llega casi hasta la orilla, lo que te permite encontrar sombra con facilidad. Son de arena blanca resplandeciente y el agua está tranquila, ya que la mayor parte de la isla está rodeada por arrecifes que paran las olas que pueda haber. En la parte de la playa en la que nos situamos estaría a unos 300 metros, quedando más cerca o lejos según el lugar escogido. Además, suele haber algún chiringuito no muy lejos o “food truck” en la zona de aparcamiento, como fue el caso.

El resto de la mañana fue estar entre la arena y el agua, buceando con tubo lo más próximo al arrecife que pude. Hay que tener especial cuidado con los barcos, ya que primero suele haber una zona señalizada de baño, pequeña y que no es buena para bucear, y justo a continuación y paralelo a la costa, un canal por el que las embarcaciones salen y entran a la playa provenientes de la salida a mar abierto. Es en este punto donde crucé rápido y atento, pasando enseguida la boya que lo marca y buceando tranquilamente, pues además a medida que te acercas al arrecife hay menos profundidad y los barcos no se meten en la zona. En cualquier caso, las embarcaciones suelen pasar despacio sabiendo que puede haber bañistas, pero mejor prevenir.

En la playa de Wolmar

En cuanto al buceo muy bien, aguas claras, corales y arrecifes, peces de colores propios de los mismos y posibilidad de ver alguna especie más llamativa, como tortugas, rayas o águilas de mar. No hubo suerte por la mañana, pero sí la habría por la tarde. Para comer bajamos un poco en dirección a la playa de Wolmar, más al sur, dando con el restaurante indochino “Zub Express”, con trato agradable, buen servicio y buena comida también. Pedimos pescado con salsa de coco y la especialidad india “biryani” de gambas, pagando 990 MUR=21,06 €, sin que vendieran alcohol al ser musulmanes los propietarios.

Tras ello, llegamos al aparcamiento de la parte pública de la playa de Wolmar, y es que en esta zona abundan los hoteles de lujo a pie de playa, pudiendo pasear sin problema, aunque cuando “acampamos” en una para bañarnos vino un vigilante a pedirnos si podíamos irnos. Probablemente si nos hubiéramos quedado no habría pasado nada, pero decidimos volvernos a Flic en Flac para estar tranquilos allí.

Con Le Morne al fondo

De todas formas, las playas públicas suelen estar muy bien, con el mencionado aparcamiento y zona boscosa y mejor ambiente, con mezcla de locales y turistas. Tanto en una como otra había vistas al promontorio de Le Morne, icono y símbolo del país, situado en la península del mismo nombre más al sur. También en el buceo tuve un avistamiento de un águila de mar de buen tamaño y en aguas poco profundas, una pena que la cámara acuática no estuviera bien configurada para la ocasión, cosa que arreglé para el resto de días.

Puesta de sol desde la playa

Hacer constar, como es fácil imaginar, que la oferta de actividades acuáticas y viajes en barco para llevarte a bucear, pasear o pescar es muy amplia. Nos quedamos casi hasta el atardecer, regresando a Pereybere cruzando por Port-Louis, ya casi de noche y con atascos de nuevo, tardando lo mismo que a la ida con algunos kilómetros menos.


DÍA 4- MANSIÓN EUREKA Y PORT-LOUIS

Nos pusimos en marcha con la idea de visitar alguna de las mansiones coloniales que han quedado como museo, siendo una de las más importantes la de Eureka, en la población de Moka. Tardamos unos 45 minutos en recorrer los 40 kms que hay desde Pereybere, rodeando la capital por la ruta habitual y desviándonos a Moka. Como consejo práctico, es posible descargarse previamente mapas de Google fuera de línea en el teléfono, para así poder usarlo incluso sin tener datos ni cobertura, sólo activando la ubicación, que va por satélite. Fue muy útil para localizar la casa sin mayores problemas.

Eureka es un ejemplo perfecto de casa colonial criolla del siglo XIX, bien conservada, amueblada de la época y con explicaciones de sus estancias. La entrada costó 300 MUR=6,38 € cada uno. Los jardines están impecables y las vistas de la casa con las montañas de fondo de postal. Tampoco hay que dejar de perderse la caminata de unos 15 minutos a las cascadas del río Moka, que se inicia al final del propio jardín y está señalizada. Hay hasta 4, visitando las 2 primeras y pasando más tiempo en la segunda, llamada Bassin La Pompe, un lugar precioso para disfrutar de la naturaleza. No llevábamos bañador pero ganas no faltaron, la verdad no vimos a nadie en el agua pero tampoco carteles de que estuviera prohibido.

De vuelta al coche, avanzamos hasta la capital de la isla, Port-Louis, de la que estábamos a apenas 15 kilómetros desde Moka. La primera parada fue en el punto elevado de la ciudad, la Citadelle, donde se ubica el Fort Adelaide. Es gratuito y destaca por sus vistas del conjunto urbano y el puerto, está bien conservado por fuera pero poco aprovechado por dentro, sin nada que ver. De allí bajamos a la sencilla catedral de Saint-Louis, también gratis. Comentar que los aparcamientos del centro son de pago, debiendo adquirir un cupón en quioscos o tiendas de comestibles (siempre se puede preguntar dónde es posible si no se ven), que según el precio da para más o menos tiempo, debiendo marcar manualmente los datos, tal y como se ve en la foto. Nosotros compramos uno de 20 MUR=0,42 €, válido para 30 minutos.

En el Madurai Mariamen

El siguiente paso nos llevaría a parar en dos templos hindúes tamiles, hacia el sur de la ciudad, que pudimos localizar gracias a Google Maps. El primero, llamado Kaaliyammen Thirukkovil, no era muy grande y contaba con un edificio principal recién pintado. Nos animaron amablemente a visitarlo con la única obligación de descalzarse. El segundo, Madurai Mariamen, nos gustó bastante más, bien cuidado y con más nivel de detalle en cuanto a relieves y policromías. Se encuentra junto a la autovía M-1 que cruza la ciudad, y ya le habíamos echado el ojo el primer día que pasamos por allí, volviendo de Flic en Flac. También hubo que descalzarse y ambos eran gratuitos, pudiendo hacer ofrendas.

Continuamos volviendo al centro para aparcar en el Waterfront, o paseo del puerto, para ya dejar el coche y andar desde allí. No fue fácil, los parkings de pago estaban llenos y al final encontramos un rincón (y gratis) junto al Aapravasi Ghat, que visitaríamos después. A pie recorrimos el animado y colorido Mercado Central, ideal para comprar especias y recuerdos, pasamos por la Plaza de Armas y ya de vuelta al paseo para comer junto al mar, cosa que hicimos en el asiático “Twin Wok”, con noodles y pescado agridulce muy bueno por 950 MUR=20,21 € los dos. El Waterfront está renovado e impoluto, con tiendas de todo tipo, restaurantes y un mercado de artesanía, paseando hasta llegar al museo del Blue Penny, de arte e historia local, con el sello del mismo nombre como estrella y motivo de orgullo nacional.

No entramos, pues el tiempo se echaba encima y elegimos el Aapravasi Ghat, gratuito y que cerraba a las 16 horas. Se trata de un monumento Patrimonio Mundial de la Unesco por su importancia, pues es la nave del puerto en la que fueron recibidos el casi medio millón de trabajadores que llegaron de la India, principalmente, en el siglo XIX. Son la base de la historia moderna del país, no en vano se dice que hasta el 70% de la población actual es descendiente de éstos. La exposición es muy interesante y nos faltó tiempo, ya que llegamos media hora antes del cierre, pero aun así pudimos aprender sobre lo que los británicos llamaron “el gran experimento”, con la que reemplazaron a los esclavos, y el evidente impacto que tuvo en la isla. 

Tras ello empezamos a ir al norte para volver, con una breve parada en otro templo tamil, el Kailassam Temple, por el que pasamos rápido. De visitar sólo un templo hindú nos quedaríamos con el Madurai Mariamen. Con tráfico denso, como de costumbre, salimos de Port-Louis llegando con algo de tiempo para disfrutar de las instalaciones del hotel. Sin duda, fue un día de lo más completo 😊.


DÍA 5- PARQUE NACIONAL BLACK RIVER GORGES

Trou Aux Cerfs
Mono por la zona

Pese a que amaneció lluvioso mantuvimos el plan original de visitar la zona montañosa del suroeste, donde está el parque nacional Black River. Lo malo, como luego supimos, fue que también había niebla en la zona, pero bueno no salió ni tan mal. En primer lugar, nos dirigimos a ver el cono de un antiguo volcán en Curepipe, el último de los suburbios unidos a Port-Louis que crean un núcleo urbano mayor y que están unidos por un moderno tranvía. El sitio en cuestión se llama Trou Aux Cerfs, tiene mirador al interior lleno de vegetación y se pueden ver monos por los alrededores.

Tardamos 1 hora en llegar (55 kms), continuando por la carretera B-102 para acceder al parque por el este, llegando a uno de sus centros de información, Le Pétrin. En el mismo se puede pasear por el bosque contiguo, hay una pequeña exposición sobre la flora, fauna y geología de Black River así como información de las rutas y senderos señalizados que existen. En nuestro caso no hicimos senderismo, pero estoy seguro de que merecerá la pena. Los hay de diferente duración y dificultad.

La lluvia arreció y tuvimos que pasar de puntillas por el Grand Bassin, un área con lagos y templos hinduistas considerado sagrado, teniendo que dejarlo para otro momento. Ya girando a la derecha por la B-103 y dentro del parque nacional Black River Gorges, comenzamos a ganar altitud y la niebla no nos dejó disfrutar de las vistas de los miradores, ni del de las cataratas Alexandra ni el del propio de la garganta (Gorges Viewpoint), obligándonos a volver, pues no hay que perdérselos. La cosa mejoró al empezar a bajar hacia el lado oeste, cruzando Chamarel ya en la carretera B-104, y tomando el desvío para el parque Chamarel 7 Coloured Geopark, que cuesta 550 MUR=11,70 €.

Cascada de Chamarel

Se trata de una zona volcánica, en el que se crean varias dunas de tierra entre la abundante vegetación de los alrededores, y donde pueden verse hasta siete tonos diferentes, de ahí su nombre. Está muy cuidado, cuenta con un recinto con tortugas propias de la isla, sección de plantas endémicas, un bar, una tienda y baños. Por supuesto, ya sea a la ida o la vuelta (es una carretera sin salida), hay que parar en el mirador de la cascada de Chamarel, una impresionante caída de agua de 100 metros, que pudimos apreciar gracias a la tregua que nos dio el tiempo. Regresamos al pueblo de Chamarel, famoso por su oferta gastronómica, encontrando el “Palais de Barbazon”, un sitio auténtico con menú del día, compuesto por cuencos de pollo, cerdo, pescado, arroz y hasta cinco legumbres, todo muy especiado y rico. El precio, 1.475 MUR=31,38 € los dos.

La zona cuenta con más atracciones turísticas, como un bosque de ébano, por ejemplo, parando a ver también unas curiosas piñas rosas que encontramos en el camino, suponiendo que tendrían algún tratamiento para ello. Desde aquí tendríamos una distancia similar al alojamiento tanto por la costa oeste como por el camino de ida, eligiendo la última opción (aproximadamente 75 kilómetros). La niebla no desapareció, así que como última actividad del día nos adentramos en las poblaciones de Curepipe y Floreal, en busca de tiendas de ropa, pues en Mauricio también destaca la industria textil, produciendo prendas para muchas marcas conocidas. No estuvo mal y dimos con un par de ellas donde hicimos algunas compras.


DÍA 6- AVISTAMIENTO DE CACHALOTES Y VUELTA A BLACK RIVER

Calculamos bien, sabiendo cómo iba el tráfico a estas alturas, para llegar con tiempo al punto de embarque de la compañía Dolswim, en Grande Riviere Noire, en la costa oeste. Habíamos contratado el tour dos días antes y casi nos quedamos sin sitio, por lo que conviene hacerlo con más antelación. Fue la compañía con mejores opiniones y una diferencia fundamental que explico enseguida, costando 2.500 MUR=53,19 € cada uno. La salida estaba prevista a las 10, y llegamos bien pese a tardar casi 2 horas en hacer 70 kilómetros como mucho.

Inicio de la excursión
Cachalotes cerca

El barco, abierto (una prenda de cabeza irá bien) y en buen estado, dando el personal instrucciones de seguridad y llevando todos puestos los chalecos. Allí nos confirmaron, como ya había leído por internet, que era un tour de avistamiento de ballenas y no de nado con ellas, y es que, aunque en teoría está prohibido, la mayoría de los barcos que iban es lo que proponían, llegando rápidos y posicionándose para que la gente se tirara al agua. Por supuesto el tema es controvertido, ya que se molesta a los animales, que enseguida se sumergirán, además del peligro que puede suponer, ya no las propias ballenas, sino la combinación de prisas y saltar al agua con motores fueraborda potentes y hélices.

¡Se sumerge!

Nuestra excursión estuvo muy bien, consiguiendo el guía situarse cerca y viendo a los cachalotes casi al lado, sobre todo cuando se adelantaba a los demás, que perdían tiempo recogiendo del agua a sus clientes. No niego que ver una ballena desde el agua impresionará, pero creo que elegimos bien. En cualquier caso, ahí estarán las opciones para que cada uno escoja.

Le Morne desde un mirador

Dado que duraba de 10 a 12:30 más o menos, no dudamos en volver a recorrer la carretera de montaña de Black River, llegando a Chamarel por el oeste, para ver todo lo que la niebla nos negó y gracias a las buenas condiciones de ese día 😀 . Lo primero, ya subiendo, fue parar en un par de miradores desde los que se ve la laguna, península y montaña de Le Morne, comiendo después en Chamarel, en el restaurante “Chef Pierre Paul”, gambas a las finas hierbas y curry de pulpo por 1.010 MUR=21,49 €, bastante bueno.

Pues esta vez sí, el Gorges Viewpoint ofrecía unas vistas espectaculares de toda la zona, además de un pequeño mercadillo de recuerdos y alguna furgoneta de helados para refrescarse. Un poco más adelante estaba el mirador de las cataratas Alexandra, que también pudimos visitar, andando un poco por el bosque que rodea el lugar. No es tan impresionante como otros, pero igualmente merece una parada.

Ganesh en el Grand Bassin

Finalmente nos dirigimos al Grand Bassin, o lo que es lo mismo, el lago sagrado hinduista repleto de templos y al que peregrinan una vez al año. Como ya era algo tarde, varios de los templos estaban cerrados, pero por otra parte no había mucha gente y lo pudimos visitar en calma total. El lago ofrece buenas vistas, encontrando rincones encantadores entre estatuas de deidades, de las que sobresalía una de Shiva de 40 metros de altura. Por supuesto también había monos por allí, y habrá que tener cuidado, pues se veían muy espabilados. Particularmente, y dado mis antecedentes con ellos, prefiero evitarlos. Con este último paseo aún en la retina fuimos regresando a Pereybere, repostando por el camino, con un precio de 72,10 MUR=1,53 € el litro de gasolina como referencia.


DÍA 7- PENÍNSULA LE MORNE

Tocaba ver el icono de Mauricio, que no es otro que el promontorio de Le Morne, que se alza 550 metros sobre el nivel del mar en la esquina suroeste de la isla. Desde Pereybere teníamos 80 kilómetros, tardando menos que otros días al ser domingo y disminuir mucho el tráfico. Siguiendo la ruta habitual, rodeamos Port-Louis por la carretera de enlace, que tiene una cuesta muy pronunciada, vistas a las montañas de Black River al frente y a la derecha, pues hay más montañas que impiden ver la ciudad. Mientras, hacia la izquierda, se extienden por todas partes los cultivos de caña de azúcar, por lo menos hasta acercarnos a la zona urbana. También, y antes de girar hacia la península de Le Morne, entre Grande Riviere Noire y el pueblo de pescadores de La Gaulette, se pasa por una interesante zona de manglares.

Le Morne desde el agua
Panorámica buscada

Una vez allí, enseguida se ve que los hoteles de lujo abundan, buscando el área señalizada de la playa pública, con aparcamiento de sobra. Pasamos la mañana entre esta playa y la de la esquina suroeste, ambas públicas, con aguas muy transparentes, aunque no tan buenas para el buceo con tubo como las anteriores (casi todo arena), pero bien a gusto, eso seguro. En la segunda se pueden conseguir buenas fotos desde el agua y con Le Morne de fondo, así como disfrutar de la cantidad de gente que practica deportes acuáticos de viento, como kite-surf o windsurf, al tratarse de una zona ideal para ello.

El «Emba Filao»
Le Morne Brabant

Comimos en el “Emba Filao”, situado en el área boscosa de la primera playa, pidiendo curry de pescado y calamares, no fue nada del otro mundo y tardaron en servirnos, pero al menos cumplió la papeleta (955 MUR=20,32 € los dos). Durante la tarde exploramos los alrededores del Kite Lagoon, una zona resguardada buena para iniciarse en los mencionados deportes, y punto de salida de la ruta de subida a Le Morne. Habíamos leído que sobre todo la segunda parte es exigente y lleva un par de horas, por lo que al final no nos animamos, y eso que las vistas deben quitar el hipo. En su lugar, regresamos a las playas a tumbarnos sin más, que de vez en cuando va bien 😊.

Quedó tiempo, a la vuelta, de pasear por el centro comercial La Croisette, en Grand Baie, muy próximo al alojamiento y práctico para comprar provisiones o cualquier otra cosa, la verdad es que no tiene nada que envidiar a cualquier otro centro comercial europeo. Acabamos la jornada cenando en el restaurante del hotel, quedando el precio por dos hamburguesas en 1.210 MUR=25,74 € como ejemplo de estos, con posibilidad de pagar al final de la estancia.

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